"¿Quién dejó las luces encendidas?"
Esta pregunta, que normalmente supone una pequeña molestia relacionada con las facturas de la luz, pasó por la mente del astrofotógrafo Evgeni Tcherkasski mientras se encontraba frente al castillo medieval de Eltz, en Alemania.
Este hombre de 47 años condujo más de 200 kilómetros (120 millas) desde su casa, situada en la muy industrializada cuenca del Ruhr y luego caminó a pie por bosques completamente a oscuras para capturar el antiguo puente de piedra y las torres del castillo bajo una espectacular rueda de estrellas… solo para encontrarse con que la fortaleza estaba iluminada por un inesperado resplandor indeseado.
Aprovechando al máximo ese resplandor inesperado, el propio Tcherkasski entró en el encuadre, sosteniendo en alto una linterna titilante para presentarse como un viajero solitario que se acercaba a las puertas del castillo. A las fotografías meticulosamente planificadas como esta las denomina "retratos astronómicos": Una fusión de estrellas, estructuras, siluetas humanas e incluso clásicos "muscle cars" que cuentan historias a través de composiciones bajo el cielo oscuro.

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"Lo que comenzó como un experimento se convirtió poco a poco en una disciplina fotográfica muy deliberada", explicó Tcherkasski a The Epoch Times, al reflexionar sobre cómo ha evolucionado su proceso a lo largo de casi dos décadas detrás del objetivo. "Echando la vista atrás, creo que la mayor evolución ha sido pasar de simplemente hacer fotografías a crearlas de forma deliberada".
Lleva a cabo sus producciones desde la silla del director, aunque parte de la magia de sus efectos especiales requiere una mentalidad estrictamente técnica.
Para evitar el ruido digital nocturno, Tcherkasski fija su cámara a un trípode inmóvil y, a continuación, superpone docenas de exposiciones idénticas del cielo, tomadas en ráfaga rápida, sobre un paisaje de larga exposición, lo que ayuda a sacar a la luz detalles invisibles de la oscuridad. Aunque técnicamente se trata de un montaje, el método recrea un único lugar real en lugar de un collage.
A Tcherkasski, que en su trabajo diario dirige un departamento de Sistemas de Información Geográfica y maneja mapas satelitales de gran precisión, le apasiona resolver acertijos espaciales. Para fotografiar nuestra galaxia detrás de estructuras terrestres se necesitan cálculos precisos, a veces con semanas de antelación, utilizando aplicaciones de seguimiento como PlanIt Pro o, simplemente, estudiando el terreno en Google Street View.
"No basta con llegar a un lugar bonito y esperar que, por casualidad, el cielo esté en el sitio adecuado", dijo. "La alineación tiene que encajar con el primer plano".
Sin embargo, la contaminación lumínica no siempre es fácil de controlar. En su búsqueda de cielos oscuros, Tcherkasski ha viajado hasta el Observatorio del Roque de los Muchachos, en La Palma, Islas Canarias, donde el legendario complejo de investigación ofrecía algo más que cielos inmaculados y negros como la tinta; sus enormes telescopios ópticos proporcionaban una impresionante silueta de ciencia ficción para su primer plano.
Tras orientar el observatorio según las estrellas, el fotógrafo se dirigió al telescopio situado en la cima de una montaña —un pico que se elevaba 2400 metros sobre el nivel del mar, salpicado por todas partes de curiosas formaciones rocosa. Todo encajaba —la previsión meteorológica, la fase lunar y la velocidad del viento— lo que prometía una fotografía memorable.
Pero había una variable que Tcherkasski no había tenido en cuenta.
"Los mosquitos", dijo. Había miles de ellos. No paraban de atacarme".
Según todos los criterios fotográficos, su composición fue todo un éxito. Había planificado la imagen de antemano y encontró la Vía Láctea exactamente donde esperaba que estuviera. Al final, creó la escena "casi exactamente como la había imaginado". Pero también pasó los días siguientes rascándose, hasta que acabó yendo a una farmacia cercana a por una crema para la alergia.
No todos los "retratos astronómicos" de Tcherkasski rechazan la iluminación artificial. Al contrario, el resplandor rojo de las luces de freno y el destello frontal de un Ford Mustang de 1968 fueron fundamentales para situar al "imponente carro" bajo una vasta columna de estrellas cerca del lago Diemelsee, en Alemania. El problema era que los faros eran demasiado brillantes; capturar el destello del cromo clásico durante la noche completamente oscura requería una solución de iluminación más sutil.
Así que Tcherkasski y el colega que había restaurado a mano el vehículo optaron por un truco un tanto frenético y poco tecnológico. Tcherkasski manejaba la cámara mientras su amigo se tumbaba boca abajo sobre los asientos delanteros, encendiendo manualmente los faros durante apenas unas décimas de segundo durante la exposición prolongada.
"Queríamos utilizar los propios faros del coche para iluminar la escena, pero eran demasiado brillantes como para dejarlos encendidos durante una exposición prolongada", explicó. "Suena un poco descabellado, pero funcionó. Conseguimos iluminar el coche y la carretera sin que el primer plano quedara completamente sobreexpuesto".
Para Tcherkasski, sus rompecabezas fotográficos nocturnos le ofrecen el equilibrio perfecto frente a su trabajo diario, tan digitalizado. "Cuando salgo por la noche con mi cámara, es una experiencia completamente diferente", dijo. "Estoy al aire libre, tengo que tomarme las cosas con calma".
Ahora que el fotógrafo está terminando sus vacaciones de verano en La Palma con su familia, la búsqueda de cielos oscuros continúa. De cara a su próximo viaje, Tcherkasski tiene la mirada puesta en Francia y sus nuevas restricciones legislativas para frenar la contaminación lumínica. Líder mundial indiscutible en la reducción de la contaminación lumínica, Francia no busca preservar las vistas de sus edificios históricos, sino más bien recortar los costos energéticos. El incomparable lienzo que ofrece para fotografiar la Vía Láctea no es más que un feliz accidente.
Hasta entonces, sin embargo, adaptarse a lo que le planteen los castillos, los coches o las fuentes de luz artificial es lo que mejor se le da a Tcherkasski.
"La verdad es que no tengo una fórmula fija", dice. "A veces empiezo por el paisaje, otras por el cielo, otras por una persona y otras por un objeto, como un coche clásico. Lo importante es tener una idea y, después, encontrar la manera de que esa idea funcione bajo el cielo nocturno".

























