Un importante estudio reciente sugiere que el queso y el yogur podrían proteger sus articulaciones, mientras que un simple vaso de leche no ofrece ese beneficio.
La osteoartritis de rodilla afecta a aproximadamente 14 millones de estadounidenses, causando dolor, rigidez y una pérdida gradual de movilidad que, con el tiempo, puede mermar su independencia. Ahora, una nueva investigación sugiere que un pequeño cambio en la dieta podría ayudar a reducir las probabilidades de desarrollarla.
Publicado en la revista Clinical Nutrition, el estudio dio seguimiento a 10,411 adultos en Japón, de entre 40 y 74 años, durante 11 años. Los investigadores midieron la ingesta alimentaria mediante cuestionarios validados que los propios participantes completaron, y utilizaron modelos estadísticos ajustados según variables demográficas, de estilo de vida y alimentarias para aislar mejor el verdadero efecto de los alimentos.
Las personas que consumían más productos lácteos fermentados —queso o yogur— tenían entre un 19 % y un 28 % menos de probabilidades de desarrollar osteoartritis de rodilla que aquellas que no consumían ninguno. Tanto el queso como el yogur se asociaron por sí solos con un menor riesgo, y la asociación fue más fuerte entre las personas que, por lo demás, consumían pocos productos lácteos en general.

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Sin embargo, el consumo de leche regular, no fermentada, no mostró ninguna asociación con el riesgo de padecer enfermedades de las articulaciones de la rodilla.
Por qué la fermentación podría ser importante
Durante mucho tiempo, la osteoartritis se consideró simplemente una enfermedad de "desgaste", pero una investigación publicada en junio apunta a un culpable menos obvio: la inflamación crónica de bajo grado que se origina en el intestino.
La teoría sostiene que, cuando la microbiota intestinal pierde su equilibrio —un estado denominado disbiosis—, puede permitir que las toxinas se filtren al torrente sanguíneo, lo que desencadena inflamación en todo el cuerpo. Con el tiempo, esa inflamación sistémica llega a las articulaciones, donde activa enzimas que desgastan agresivamente el cartílago y el tejido que lo sostiene.
Los productos lácteos fermentados, como el yogur y el kéfir, aportan miles de bacterias vivas y beneficiosas, principalmente de los géneros Lactobacillus y Bifidobacterium, directamente al tracto digestivo, donde actúan para mantener el equilibrio.
Ayudan de dos maneras: los probióticos vivos modifican la microbiota intestinal, mientras que los compuestos bioactivos (postbióticos) regulan a la baja de manera activa los marcadores inflamatorios, reduciendo las señales que promueven la inflamación.
Los mejores quesos para la salud de las articulaciones y del intestino
No todos los quesos son iguales; los quesos duros madurados y sin pasteurizar, así como las variedades curadas tradicionalmente en salmuera, ofrecen la mayor concentración de beneficios protectores.Para que un queso combata activamente el dolor articular y reduzca el riesgo de osteoartritis, debe conservar un perfil rico en cultivos probióticos vivos y compuestos nutricionales específicos que sobrevivan al procesamiento.
Los quesos procesados, como el queso americano o el queso para untar, y los quesos que se someten a un tratamiento a altas temperaturas no proporcionan estos efectos protectores para las articulaciones, ya que los microbios beneficiosos se destruyen.
Para maximizar los beneficios antiinflamatorios y protectores de las articulaciones, dé prioridad a los quesos que se maduran naturalmente o se fermentan con cepas bacterianas específicas:
Gouda: Este queso contiene cepas increíblemente resistentes de bacterias probióticas, como el Lactococcus, que sobreviven al ácido estomacal para colonizar el intestino. También es rico en vitamina K2, la cual desempeña un papel vital en la regulación de la salud de los huesos y los cartílagos.
Cheddar añejo: A medida que el cheddar envejece durante meses o años, las concentraciones de Lactobacillus aumentan de manera constante. Este proceso de fermentación también descompone casi toda la lactosa, lo que reduce el riesgo de una respuesta inflamatoria digestiva.
Feta: Fermentado tradicionalmente con bacterias del ácido láctico procedentes de leche de oveja o de cabra, el feta promueve un microbioma intestinal diverso. Un microbioma diverso está fuertemente asociado con una menor inflamación articular sistémica.
Lo que dicen los expertos
Hay consideraciones importantes a tener en cuenta al consumir más productos lácteos fermentados, señaló a The Epoch Times Emily Feivor, dietista registrada del Long Island Jewish Forest Hills Hospital en Nueva York, quien no participó en el estudio.Algunos productos lácteos fermentados, como el kéfir, pueden contener grandes cantidades de azúcar añadida, lo cual puede promover la inflamación y contrarrestar los beneficios de los probióticos. Ella aconseja comenzar de manera gradual al incorporar alimentos fermentados a la dieta, ya que pueden causar algo de hinchazón y gases iniciales si las personas no están acostumbradas a ellos.
Feivor señaló que la fermentación reduce significativamente la cantidad de lactosa en los productos lácteos, particularmente en el kéfir y los quesos madurados, lo que puede hacer que sean más fáciles de tolerar para algunas personas con intolerancia a la lactosa. "Sin embargo, no están completamente libres de lactosa y pueden provocar síntomas".
Para las personas que no consumen muchos lácteos fermentados, señaló que los suplementos probióticos son una buena alternativa, especialmente para quienes padecen alergias o buscan una cepa bacteriana específica.
Una salvedad es que los hallazgos del estudio provienen principalmente de grandes estudios observacionales realizados en poblaciones japonesas. Dado que la dieta, la genética y el consumo habitual de lácteos difieren entre Japón y los países occidentales, se requiere más investigación para determinar si los mismos beneficios se aplican en otros lugares y qué cantidad de lácteos fermentados podría ser necesaria para alcanzarlos.
























