El régimen chino niega tener planes de "hegemonía o expansión", pero su historia —desde las expropiaciones de tierras a los campesinos en la década de 1920 hasta las reivindicaciones sobre todo el Mar de China del Sur en la actualidad— está plagada de apropiaciones de tierras y expansión territorial.
A partir de 2021, con la primera de sus cuatro iniciativas globales, el Partido Comunista Chino (PCCh) ha utilizado las ideas para dichas iniciativas y las organizaciones internacionales lideradas por Beijing como motores para extender su expansión hacia su objetivo de larga data: la hegemonía global.

No leas más noticias. Entiéndelas.
En Epoch Times Español queremos estar en contacto directo contigo
Seleccionamos para ti lo que de verdad importa, sin ruido ni agendas. Es un canal abierto: si nos escribes, te respondemos.
Las cuatro iniciativas globales del PCCh están aparentemente relacionadas con el desarrollo, la seguridad, la civilización y la gobernanza. Están diseñadas para parecer aceptables ante la comunidad internacional, al tiempo que integran a las Naciones Unidas y otras formas de gobernanza global en el propio sistema del PCCh, con él mismo a la cabeza.
Actualmente, estas iniciativas se están expandiendo y fortaleciendo. El 12 de septiembre, China amplió el componente digital de su Iniciativa de Desarrollo Global (GDI) al invitar a más países a unirse a su Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO). La organización se fundó en julio y tiene su sede en Shanghái.
El líder del PCCh, Xi Jinping, pronunció el discurso de apertura en el evento. Hizo un llamado al "verdadero multilateralismo", lo que los analistas interpretan como una justificación para un orden global paralelo con Beijing a la cabeza.
La WAICO ya cuenta con aproximadamente 30 países miembros, entre ellos Rusia e Irán. Constituye una iniciativa clave en materia económica y de inteligencia liderada por Beijing para ampliar la influencia global del PCCh mediante la promoción del software de IA y la infraestructura en la nube de China.
Cuantos más países utilicen los recursos de IA de China, más se normalizará el enfoque autoritario de Beijing respecto a la IA y más oportunidades de espionaje e influencia a nivel mundial se abrirán para las agencias militares y de inteligencia de China.
En términos más generales, la GDI utiliza una estrategia de división para aumentar la influencia del PCCh en los países al alinear la ayuda para el desarrollo con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU. La influencia resultante puede luego ampliarse a través de proyectos más grandes de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, tales como puertos, trenes, carreteras, oleoductos e infraestructura digital.
Esta penetración más amplia impulsa a los países a unirse al grupo BRICS, que originalmente estaba formado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, y que ahora incluye a Irán, entre otros. El grupo está dominado económicamente por Beijing, que espera que los países del BRICS sigan el liderazgo del PCCh tanto en declaraciones relativamente anodinas —como la paz en el Medio Oriente— como en proyectos internacionales más sustanciales, tales como el desarrollo de la IA y los esfuerzos por alejar el comercio mundial del dólar estadounidense. Xi ha invitado personalmente a los países del BRICS a unirse a la WAICO.
La Iniciativa de Seguridad Global (GSI) se superpone a las alianzas militares preexistentes de China, como la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), con la visión de una seguridad "común" liderada por el PCCh. El Foro de Seguridad de Xiangshan de Beijing, un vehículo clave para extender la GSI a actores militares internacionales influyentes, se llevó a cabo del 15 al 17 de septiembre. Según se informó, uno de los temas tratados durante el foro fue "el impacto de la inteligencia artificial en la guerra del futuro".
La amenaza que representan la GSI y su red de contactos con socios militares y económicos es real y actual. Irán apoya la GSI y es miembro de la OCS. El 12 de septiembre se dio a conocer la noticia de que entidades chinas, muy probablemente con la aprobación del PCCh, proporcionaron a Irán imágenes satelitales de las fuerzas estadounidenses en Jordania. Es probable que esas imágenes hayan contribuido al ataque con misiles de Irán que causó la muerte de tres soldados estadounidenses en julio.
China también ha suministrado a Irán componentes de doble uso y precursores de combustible para sus tecnologías de misiles y drones armados, utilizadas contra Israel, Arabia Saudita y Ucrania. Aparte de las sanciones de Estados Unidos contra algunas empresas chinas, hubo pocas repercusiones impuestas al régimen de China por proporcionar a Irán artículos de doble uso e inteligencia satelital durante una guerra. Esto le indica a Beijing que puede proporcionar lo mismo a otros países de la OCS y del BRICS en el futuro, simplemente cambiando los nombres y las direcciones de las entidades chinas involucradas.
Afganistán, que alberga a terroristas de Al-Qaeda, es un país observador en la OCS y también podría recibir inteligencia o equipo chino para utilizarlo contra Estados Unidos, Pakistán o la India. Beijing ha mantenido desde hace mucho tiempo una relación positiva con los talibanes en Afganistán, quienes han oprimido a las etnias no pastunes en el país.
Esto concuerda con la Iniciativa de Civilización Global (GCI) de Beijing, la cual afirma crear un mundo más pluralista, en parte mediante el apoyo a la soberanía de dictadores, aun cuando estos reprimen los mercados libres, la libertad de expresión y la diversidad dentro de sus propios países.
Cuando Xi anunció la GCI en 2023, dijo hipócritamente: “Defendemos los valores comunes de la humanidad. La paz, el desarrollo, la equidad, la justicia, la democracia y la libertad son las aspiraciones comunes de todos los pueblos. Los países deben mantener una mente abierta al valorar las percepciones de los valores de las diferentes civilizaciones, y abstenerse de imponer sus propios valores o modelos a los demás, así como de avivar la confrontación ideológica”.
La hipocresía de esta postura es evidente, pues tanto entonces como ahora, el régimen de Xi amenaza militarmente a la Taiwán democrática; usurpa territorio marítimo de Filipinas, Vietnam y otros países con reclamaciones en el Mar de China del Sur; se apodera por la fuerza de territorio himalayo de la India; y destruye las libertades de las minorías religiosas como los uigures, los cristianos y los practicantes de Falun Gong dentro de China.
Ahora, con las cuatro iniciativas globales del PCCh, esta violenta falta de liberalidad amenaza con extenderse a escala mundial. Xi dio a conocer su Iniciativa de Gobernanza Global (GGI) el pasado mes de septiembre en una reunión de la OCS en Tianjin. Esta promueve el derecho internacional con el PCCh a la cabeza y una función coordinadora para las tres iniciativas anteriores.
La "comunidad con un futuro compartido para la humanidad" del PCCh suena aceptable a primera vista, pero puede compararse directamente con la "Esfera de Coprosperidad de la Gran Asia Oriental" del Japón imperial, en el sentido de que ambas utilizaron la retórica anticolonial y la integración económica regional para intentar reemplazar la "hegemonía occidental" por una hegemonía antiliberal de su propia creación, liderada por una potencia autoritaria y territorialmente agresiva.
Lo que podría denominarse el "Plan Quad-G" del PCCh para la hegemonía global representa un peligro para los mercados libres, los derechos humanos y la democracia. El PCCh es un partido político totalitario que intenta utilizar la gran economía de China, a sus diplomáticos, un organismo internacional de establecimiento de normas sobre inteligencia artificial y una estructura institucional internacional ya existente en las Naciones Unidas y en otros lugares como el poder y las vías para transformar un sistema internacional establecido, liderado por Estados Unidos y con verdadera soberanía para sus miembros, en una hegemonía global e iliberal con Beijing en el centro.
El enfoque "Quad-G" del PCCh plantea dudas sobre si la seguridad nacional de Estados Unidos y la seguridad de las democracias en todo el mundo requieren reducir significativamente la influencia del PCCh en las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales, así como ampliar las sanciones para que dejen de dirigirse a unas pocas entidades chinas y se dirijan a China en su conjunto.
Entre las opciones en la ONU se incluyen la cancelación de las visas de los diplomáticos chinos ante la ONU —tal como se hizo con los diplomáticos iraníes en 2014 y 2020— y trabajar para devolver el puesto de China en el foro a la Taiwán democrática. Aunque Taiwán no propone esto actualmente, otros países y agrupaciones más poderosos, incluidos Estados Unidos, la Unión Europea y los países del G7, deberían considerar promover esta idea para contrarrestar más eficazmente al PCCh.
Cuanto más legitiman los países democráticos al PCCh al mantener relaciones diplomáticas con él, mayor margen tiene este para influir en otros países a fin de que dependan de su financiamiento, se unan a alianzas internacionales lideradas por el PCCh y se alineen con las propuestas de Beijing ante las organizaciones internacionales. Esto los acostumbra, a ellos y a otros, a aceptar cada vez más el liderazgo del PCCh y sus formas autoritarias preferidas de gobernanza global, con Beijing en el centro.
Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de The Epoch Times
























