Por qué el poder absoluto podría ser la mayor vulnerabilidad política de China

Xi se enfrenta al mismo dilema que tuvo Mao en sus últimos años.

El líder chino Xi Jinping (al centro), el primer ministro Li Qiang, el miembro del Comité Permanente Wang Huning, el viceprimer ministro Ding Xuexiang y el miembro del Comité Permanente del Politburó Cai Qi aplauden junto con otros delegados durante la clausura de la tercera sesión de la 14.ª Asamblea Popular Nacional (APN) en el Gran Salón del Pueblo en Beijing, el 11 de marzo de 2025. (Lintao Zhang/Getty Images)
El líder chino Xi Jinping (al centro), el primer ministro Li Qiang, el miembro del Comité Permanente Wang Huning, el viceprimer ministro Ding Xuexiang y el miembro del Comité Permanente del Politburó Cai Qi aplauden junto con otros delegados durante la clausura de la tercera sesión de la 14.ª Asamblea Popular Nacional (APN) en el Gran Salón del Pueblo en Beijing, el 11 de marzo de 2025. (Lintao Zhang/Getty Images)
Heng He
6 de noviembre de 2026, 11:04 a. m.
Actualizado el6 de noviembre de 2026, 11:05 a. m.

Opinión

El comunicado emitido tras el Quinto Pleno del Comité Central del Partido Comunista Chino (PCCh) (del 26 al 29 de octubre) presenta a Xi Jinping como quien ha resuelto uno de los problemas más antiguos de la historia política china: el ciclo recurrente de ascenso, declive y colapso políticos.

En la década de 1940, Mao Zedong también dijo haber resuelto este problema, pero su enfoque fracasó en última instancia.

¿Por qué debería Xi tener éxito donde Mao no lo tuvo? En mi opinión, Xi se enfrenta esencialmente al mismo dilema que Mao.

¿Ha roto Xi realmente el ciclo histórico de ascenso y declive de China?

El Quinto Pleno es una reunión a puerta cerrada del Comité Central del PCCh, en la que los altos dirigentes del partido debaten las principales orientaciones políticas, los planes de desarrollo a largo plazo y cuestiones relacionadas con la gobernanza e ideología del partido.
Banner del boletín Epoch Opinión

Ideas que van más allá del titular.

Suscríbete al boletín de Epoch Opinión y recibe cada semana a los comentaristas que te llevan más allá de los titulares.

El comunicado del pleno declara que, desde el XVIII Congreso del Partido en 2012, el PCCh ha encontrado dos respuestas para romper el ciclo histórico de ascenso y declive político: permitir que el pueblo supervise al gobierno y la autopurificación.

¿Por qué el comunicado menciona específicamente el XVIII Congreso del Partido? Porque presenta estos logros como propios de Xi y no como de las generaciones anteriores de líderes del Partido. Xi llegó al poder en 2012, el año en que se celebró el XVIII Congreso del Partido.

Además, esto critica implícitamente a sus predecesores y declara que sus errores debían corregirse. El comunicado reconoce que, en un momento dado, el liderazgo del Partido se había debilitado, vaciado y diluido; la gobernanza y la disciplina del Partido se habían vuelto laxas, superficiales e ineficaces; y algunos problemas dentro del Partido se habían vuelto profundamente alarmantes.

La idea de romper el ciclo histórico se remonta al famoso "Diálogo de la Cueva" de 1945 entre Mao Zedong y Huang Yanpei, que tuvo lugar cuando Huang visitó Yan'an, el cuartel general del PCCh durante la guerra.

Huang, un destacado educador y figura política china que ayudó a establecer organizaciones políticas al margen tanto del Kuomintang gobernante como del PCCh, le preguntó a Mao si el PCCh podría encontrar una nueva forma de escapar del ciclo recurrente de auge y caída dinásticos que había marcado la historia de China.

La respuesta de Mao fue la democracia: que el pueblo supervisara al gobierno.

Sin embargo, Mao nunca puso en práctica esta idea. En su lugar, adoptó otro enfoque: la «revolución continua», que tomó la forma de repetidas campañas políticas en tiempos de paz. Esta revolución interminable alcanzó su punto álgido durante la Revolución Cultural (1966–1976).

Sin embargo, Mao nunca puso en práctica esta idea. En su lugar, adoptó otro enfoque: la "revolución continua" —que tomó la forma de repetidas campañas políticas en tiempos de paz—. Esta revolución interminable alcanzó su punto álgido durante la Revolución Cultural (1966–1976).

Xi ha repetido los dos enfoques fallidos de Mao

La primera respuesta de Xi, la supervisión del gobierno por parte del pueblo, se asemeja mucho a la promesa que hizo Mao en 1945.

Sin embargo, al igual que Mao, Xi no ha logrado establecer ningún mecanismo institucional para la supervisión pública. Las funciones dependen de las estructuras. Sin instituciones que empoderen al pueblo para supervisar al gobierno, dicha supervisión no surgirá simplemente de la nada.

La segunda respuesta es la autopurificación. Se trata, en esencia, de una versión revisada de la "revolución continua" de Mao. Hemos sido testigos de la campaña anticorrupción de Xi y de sus repetidas purgas: una ola tras otra, pasando de los funcionarios civiles a los militares, de las facciones rivales a los miembros de su propio bando.

Otro problema fundamental es que ninguna de las dos respuestas define claramente a quién se refiere. ¿Quién se supone que debe permitir que el pueblo supervise al gobierno? Quienes están en el poder pueden permitirlo un día y prohibirlo al siguiente. ¿Y quién se supone que debe llevar a cabo la autopurificación? ¿Qué cirujano en el mundo puede operarse a sí mismo los órganos internos para extirpar un tumor?

Es por eso que la corrupción y la deslealtad parecen agravarse con cada purga, en lugar de disminuir.

Todo esto solo demuestra la ineficacia de la autopurificación. A través de la extensa maquinaria propagandística del PCCh, Mao se elevó a un estatus casi divino a los ojos del pueblo chino.

Xi, a pesar de sus esfuerzos por construir su imagen y consolidar su autoridad personal, nunca podrá alcanzar ese mismo nivel de prestigio ni de devoción popular. Si incluso Mao, con su extraordinaria autoridad personal, no logró romper el ciclo histórico mediante su “revolución continua” ¿qué le da a Xi la confianza para creer que él puede tener éxito —y que ya lo ha logrado?

Xi se enfrenta al mismo dilema fundamental que Mao

El comunicado del Quinto Pleno no ofreció indicios de un sucesor designado. Este es precisamente el resultado que Xi desea. Es posible que ya haya purgado a todos los sucesores potenciales.

Si una facción de la oposición lo desafiara, una de sus armas más efectivas sería forzar la inclusión de un sucesor en la agenda política, imponiendo de hecho un acuerdo de sucesión a Xi. En este sentido, Xi parece haberse mantenido firme en la cuestión de la sucesión.

Pero, si bien este puede ser el resultado que desea, también genera un problema mucho más profundo.

Por mucho que el comunicado del Quinto Pleno eleve el estatus de Xi o presente sus logros en la construcción del Partido como hitos históricos, todo el sistema político se ha construido en torno a su voluntad personal y gira en torno a él.

El sistema depende por completo de él, tanto en cuanto a la dirección como a la fuerza motriz. Carece de una base institucional independiente que le permita sostenerse sin su autoridad personal.

Una vez que pierda el poder, todos sus esfuerzos pasados podrían desmoronarse de la noche a la mañana, dejando poco más que el comunicado del Quinto Pleno. Quizás sea precisamente por eso que necesita una "decisión" formal del Partido para consagrar sus logros y darles la apariencia de una importancia institucional duradera.

Al final, es posible que Xi haya logrado concentrar el poder de manera más completa que cualquier otro líder chino desde Mao, pero esto lo ha dejado ante el mismo dilema fundamental: un sistema político construido en torno a un solo individuo puede carecer de vida propia una vez que ese individuo ya no esté.

Sin embargo, una diferencia importante separa a Mao de Xi. La autoridad absoluta de Mao garantizó que su legado político se derrumbaría solo después de su muerte. Es posible que Xi no cuente con ese lujo. Podría perder el poder en circunstancias totalmente diferentes —y mientras aún esté vivo.

Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de The Epoch Times.

Le damos los hechos. El juicio es suyo.

Hay medios que le dicen qué pensar. Nosotros preferimos darle con qué pensar: lo que ocurrió, quién lo dijo y qué responde la otra parte, tal como acaba darse cuenta en esta nota.

Suscribirme — $4.99 al mes

O $49 al año. Cancele cuando quiera.

En Epoch Times le ofrecemos periodismo riguroso. Ningún anunciante ni interés externo decide lo que publicamos, y eso nos deja centrarnos en lo que realmente importa: investigar, verificar y publicar con determinación.

ÚLTIMAS NOTICIAS