El “zar económico” que construyó la China moderna y cuyas reformas está desmantelando el PCCh

Bajo un régimen de partido único, incluso las reformas más audaces son temporales

El primer ministro chino Zhu Rongji posa durante una sesión de trabajo en la cumbre Europa-Asia en Copenhague, Dinamarca, el 22 de septiembre de 2002. (Gerard Cerles/AFP vía Getty Images).
El primer ministro chino Zhu Rongji posa durante una sesión de trabajo en la cumbre Europa-Asia en Copenhague, Dinamarca, el 22 de septiembre de 2002. (Gerard Cerles/AFP vía Getty Images).
25 de agosto de 2026, 8:39 p. m.
| Actualizado el25 de agosto de 2026, 9:19 p. m.

Opinión

El exprimer ministro chino Zhu Rongji, el reformista de línea dura que impulsó el ascenso de China de ser un país atrasado con economía planificada a convertirse en un gigante manufacturero mundial, falleció este mes a los 97 años.

Su legado —la centralización fiscal, los despidos masivos, la adhesión de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC) y un breve y olvidado momento de tolerancia hacia Falun Gong— constituye hoy tanto la base de la riqueza de la China moderna como un claro recordatorio de cuán fácilmente puede revertirse ese progreso.

El legado de Zhu en materia de reforma económica

Después de que la Revolución Cultural, que duró una década, llevara al régimen al borde del abismo, el entonces líder del Partido Comunista Chino (PCCh), Deng Xiaoping, orientó a China hacia las reformas de mercado. Se basó en un enfoque pragmático de prueba y error en lugar de un plan maestro rígido, y describió su enfoque paso a paso como "cruzar el río tanteando las piedras".

Zhu puso en práctica esa visión. Como viceprimer ministro y primer ministro entre 1991 y 2003, el "zar económico" de China utilizó reformas de mano dura para impulsar el ascenso del país, lo que incluyó la reestructuración de la política fiscal, el desmantelamiento de empresas estatales ineficientes y la consecución de la entrada de China en la OMC.

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A Zhu se le atribuyó oficialmente el mérito de haber impulsado la histórica reforma de distribución de impuestos de China en la década de 1990, la cual centralizó gran parte de los ingresos fiscales del país en Beijing. Es innegable que esa reforma fortaleció al gobierno central.

Sin embargo, privó a los gobiernos locales de ingresos fiscales estables, lo que los obligó a depender de la venta de terrenos para financiar los presupuestos locales. Junto con la propiedad estatal de la tierra, este cambio creó un modelo de "financiación inmobiliaria" que disparó los precios de la vivienda y desencadenó la crisis inmobiliaria que persiste hasta la fecha.

No es solo la reforma fiscal la culpable. El sistema chino de propiedad estatal y colectiva de la tierra es lo que permitió, en primer lugar, las ventas de terrenos a gran escala.

El exprimer ministro chino Zhu Rongji en una reunión en Beijing en julio de 2011. (Feng Li/Getty Images).El exprimer ministro chino Zhu Rongji en una reunión en Beijing en julio de 2011. (Feng Li/Getty Images).
El obituario también elogia a Zhu por haber salvaguardado el estatus de Hong Kong como centro financiero mundial. Irónicamente, la pérdida de prestigio que sufre Hong Kong en la actualidad se debe en gran medida a las políticas adoptadas bajo el liderazgo de Xi Jinping, líder del Partido Comunista Chino, lo que convierte el elogio a Zhu en una reprimenda implícita hacia el actual liderazgo de China.

La adhesión a la OMC y sus costos

Uno de los logros más trascendentales de Zhu fue haber liderado la incorporación de China a la OMC en 2001.

Para preparar al país para el comercio mundial, Zhu llevó a cabo una reestructuración enérgica de las empresas estatales ineficientes. Si bien esto impulsó la eficiencia, también provocó despidos masivos, lo que dejó sin empleo a decenas de millones de trabajadores.

A diferencia de lo que ocurrió en Estados Unidos tras la Guerra Fría, el incipiente sector privado de China era demasiado débil para absorber la avalancha de mano de obra desempleada.

El presidente de EE. UU., Bill Clinton (a la derecha), responde a una pregunta mientras el primer ministro chino, Zhu Rongji, observa durante una conferencia de prensa conjunta en el Antiguo Edificio de Oficinas Ejecutivas en Washington, el 8 de abril de 1999. (Tim Sloan/AFP vía Getty Images).El presidente de EE. UU., Bill Clinton (a la derecha), responde a una pregunta mientras el primer ministro chino, Zhu Rongji, observa durante una conferencia de prensa conjunta en el Antiguo Edificio de Oficinas Ejecutivas en Washington, el 8 de abril de 1999. (Tim Sloan/AFP vía Getty Images).

La reestructuración agresiva privó a millones de trabajadores de su sustento, dejándolos prácticamente sin ninguna red de seguridad. Si bien las reformas acabaron por impulsar un crecimiento económico masivo, los trabajadores que asumieron el costo quedaron en gran medida rezagados sin una compensación justa.

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El primer ministro que denunció la construcción de mala calidad

Cuando los diques del río Yangtsé se rompieron durante las inundaciones del verano de 1998, Zhu inspeccionó la brecha en Jiujiang, provincia de Jiangxi, y descubrió que en la construcción se habían tomado atajos y se habían utilizado materiales de mala calidad. Furioso, denunció públicamente la presa como un "proyecto bastardo" y la denominó "proyecto de residuos de tofu", comparando el concreto desmoronado con los residuos de pulpa quebradizos y sin valor que quedan tras la elaboración de la cuajada de soya.
Mientras la corrupción siga siendo una preocupación pública recurrente en China, es probable que el término "proyecto de residuos de tofu" siga formando parte del vocabulario político del país y sea una marca distintiva del legado de Zhu.

El primer ministro que escuchó: el encuentro con Falun Gong

Hay un episodio que se destaca del legado económico de Zhu. A finales de la década de 1990, Zhu y todo el Comité Permanente del Politburó se opusieron a la decisión del entonces líder del PCCh, Jiang Zemin, de reprimir a Falun Gong, según relatos de fuentes internas.
Más de 10,000 practicantes de Falun Gong se reunieron en la calle Fuyou de Beijing el 25 de abril de 1999. (Cortesía de Minghui.org).Más de 10,000 practicantes de Falun Gong se reunieron en la calle Fuyou de Beijing el 25 de abril de 1999. (Cortesía de Minghui.org).

El 25 de abril de 1999, aproximadamente 10,000 practicantes de Falun Gong se reunieron pacíficamente cerca de Zhongnanhai, la sede del PCCh, en Beijing, para solicitar a las autoridades libertad de creencias. A principios de ese mismo mes, decenas de practicantes en Tianjin habían sido detenidos por la policía local debido a su fe.

En una medida audaz para un funcionario, Zhu se reunió directamente con los representantes, escuchó sus quejas y ordenó la liberación de los practicantes detenidos, además de garantizar que los practicantes contarían con un entorno legal en el que poder continuar con su práctica.

Esta disciplina espiritual se presentó al público chino en 1992 y ganó gran popularidad, atrayendo al menos a 70 millones de practicantes a finales de la década de 1990.

En una reunión interna de líderes al día siguiente, según relatos de fuentes internas, Zhu sugirió que la represión dañaría la imagen del país y que el régimen debería dejar en paz a los practicantes de Falun Gong. Jiang, temeroso de la creciente popularidad de la práctica, respondió que hacerlo derrumbaría al Partido.

Meses más tarde, Jiang lanzó una campaña arrolladora a nivel nacional contra Falun Gong, dando inicio a una persecución que continúa hasta el día de hoy.

Las reformas pueden revertirse de la noche a la mañana

La muerte de Zhu proyectó una sombra inesperada sobre los planes de Xi de rendir homenaje a Jiang con honores políticos inusualmente elevados, un esfuerzo destinado a elevar a Jiang al mismo nivel que la generación fundadora del PCCh. En lugar de resaltar el legado de Jiang, el fallecimiento de Zhu le recordó al público que las reformas de la era más próspera de China se debían en gran medida a Zhu.

Fue Zhu quien, junto a Deng y el PCCh, impulsó la creación de la Bolsa de Valores de Shanghái en diciembre de 1990 —que hoy en día es una potencia financiera mundial donde cotizan importantes empresas estatales—.

Aunque Zhu fue el funcionario con mayor responsabilidad en impulsar la era de las reformas en China, las políticas de Xi han desmantelado en gran medida ese trabajo. Ese contraste revela la lección fundamental del legado de Zhu: bajo un régimen totalitario, ninguna reforma está a salvo; todo puede desmoronarse de la noche a la mañana.

Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de The Epoch Times.


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