Del maíz nativo a la dependencia
El maíz forma parte de la historia y la identidad de México desde hace unos 9000 años. Sin embargo, hoy el país depende de semillas comerciales que su propio Estado ayudó a promover. Este cambio comenzó a mediados del siglo XX, con apoyo de la Fundación Rockefeller, y se profundizó con la apertura del mercado a empresas privadas.
Mientras el Gobierno defiende la "soberanía alimentaria", México importa grandes cantidades de maíz y, en la producción nacional, el mercado de semillas mejoradas está concentrado en unas pocas multinacionales. Muchas de estas variedades se desarrollaron a partir de la diversidad genética que los campesinos conservaron durante generaciones.
