Opinión
Hace apenas unos años, las alertas sobre el cambio climático y la moda de la energía verde estaban en pleno apogeo en la Casa Blanca y en las salas de juntas de las empresas. Las políticas del expresidente Joe Biden estaban totalmente orientadas a acabar con los combustibles fósiles, y muchas de las corporaciones más grandes de Estados Unidos adoptaron el concepto de cero emisiones netas de combustibles fósiles. Este fue el movimiento durante los años de Biden para eliminar prácticamente toda la producción de petróleo, gas natural y carbón, y sustituir estas fuentes de energía por molinos de viento, paneles solares y vehículos eléctricos.
Este objetivo no era más que una mera demostración de buenas intenciones y nunca tuvo sentido desde el punto de vista práctico. Aproximadamente el 70 por ciento de la energía estadounidense proviene de combustibles fósiles, y solo alrededor del 10 por ciento proviene de la "energía verde". Los estudios demostraron que la iniciativa habría devastado la economía de Estados Unidos: millones de empleos estadounidenses perdidos, cientos de miles de millones de dólares de pérdida en el PIB y costos de energía mucho más elevados para las empresas y las familias estadounidenses.
Fue un proyecto “inasequible” en un momento en que los estadounidenses exigen costos más bajos, no más altos. Fue todo dolor y ninguna ganancia. Incluso si Estados Unidos hubiera reducido su uso de combustibles fósiles, habría tenido solo un impacto minúsculo en las emisiones globales totales, ya que China e India estaban inaugurando muchas más centrales de carbón de las que Estados Unidos estaba cerrando.

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Washington gastó cientos de mil millones de dólares en subsidios pagados por los contribuyentes para promover la energía eólica y solar; sin embargo, el avance se estancó tanto como las plantas de vehículos eléctricos que están cerrando en todo el país.
Buenas noticias: el movimiento “cero neto” murió, o al menos se encuentra en estado crítico. Un nuevo estudio del que soy coautor para Unleash Prosperity revela que la aceptación, antes agresiva, que Wall Street tenía de las políticas climáticas de “cero neto” se ha revertido. Seis de los bancos más grandes de EE. UU., entre ellos JPMorgan Chase, Bank of America, Goldman Sachs, Citigroup, Morgan Stanley y Wells Fargo, se han retirado por completo de la Alianza Bancaria Cero Neto.
Qué cambio tan drástico: el movimiento cero neto contó en su momento con una poderosa coalición de instituciones financieras que representaba a 140 bancos miembros y 75.5 billones de dólares en activos.
Existen algunas instituciones financieras —como Morgan Stanley y State Street— que aún respaldan algunas de estas regulaciones radicales, pero no son muchas.
Gran parte de esto nunca tuvo sentido, dado que las necesidades energéticas de la inteligencia artificial y los centros de datos duplicarán o triplicarán nuestra demanda de energía eléctrica en las próximas dos décadas. Eso requerirá un enfoque que abarque todas las opciones para satisfacer esas necesidades y mantener la energía a un precio accesible para nuestras empresas y familias.
Tampoco tenía sentido porque Estados Unidos cuenta con el carbón más limpio y reservas para 600 años —más que cualquier otra nación—. Además, contamos con varios cientos de años de gas natural limpio y barato, lo cual es fundamental para mantener las luces encendidas, las fábricas estadounidenses en pleno funcionamiento y el aire acondicionado en marcha.
Por supuesto, para satisfacer esas necesidades energéticas, también debemos recurrir en mayor medida a la energía nuclear, que produce pocas o ninguna emisión de gases de efecto invernadero. Hay buenas noticias en ese frente: por primera vez en décadas, los estadounidenses ahora también apoyan la energía nuclear.
Los grupos ambientalistas radicales no se han rendido y seguramente intentarán otra remontada. Ahora están atribuyendo los incendios forestales al cambio climático, a pesar de que, a nivel mundial, no ha habido una tendencia al alza en las últimas décadas, a pesar de los incendios mortales que se han producido en América del Norte este verano.
Un país que no ha dado marcha atrás en la moda de la energía verde es Alemania. Qué debacle. El país, que alguna vez fue el centro de la manufactura y la ingeniería de Europa, se ha desindustrializado al carecer de acceso a combustibles fósiles a bajo costo. Ha gastado casi medio billón de dólares en turbinas eólicas de la “Energiewende”, al tiempo que ha eliminado gran parte de su consumo de gas natural. Sus costos de energía son ahora casi el doble de lo que pagan el resto de Europa y las empresas estadounidenses. Las fábricas están cerrando.
El colapso del movimiento cero neto aquí en nuestro país es una victoria para la realidad económica, el sentido común y la abundancia energética estadounidense.
Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de The Epoch Times.
























