Opinión
La política exterior de México se ha caracterizado durante décadas por su estabilidad, al mantener dos elementos sustantivos al margen de los orígenes partidistas de los gobiernos en turno: 1. Sostener un principio de profesionalismo en el servicio exterior y 2. Basarse en una política estable para las relaciones regionales, con hincapié en los aspectos económicos de beneficio mutuo.
Siempre que estos dos principios se han visto alterados, los resultados son altamente negativos respecto al interés nacional del país. Por eso los gobiernos, al margen de sus propios orígenes partidistas, retoman siempre en materia exterior la política tradicional como una vía certera y probada.
No importan así los intereses del gobierno en turno, sino la vigencia de un principio de Estado, que va más allá de las coyunturas políticas internas. Esto implica sostener sobre todo una política exterior de Estado y un personal profesional de carrera en el servicio exterior.

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Siempre que estos dos principios se alteran, la política exterior sufre de vaivenes negativos y los resultados son siempre perjudiciales para los intereses del país. Al entender esto los gobiernos de la República, abandonan ideas partidistas y se sustentan en la tradición de la política exterior mexicana al margen de los intereses partidistas o los vaivenes de la política interior del país.
Por eso cabe una cierta extrañeza ante la postura oficial actual en materia de política exterior, resumida en la frase siguiente expuesta en un documento oficial que resume la problemática en este ámbito: "Ante la presión, serenidad; ante la provocación, principios; ante la incertidumbre, resultados".¹
Esto fue expuesto por el canciller Roberto Velasco Álvarez el 14 de octubre de 2026 en el Senado de la República con motivo de la glosa del Segundo Informe presidencial.²
Pero ninguno de los senadores presentes cuestionó la expresión de un elemento de alarma e incertidumbre en el ámbito de la política exterior. Quizás se consideró que solo se trataba de retórica discursiva y no valía la pena cuestionar un concepto tan alarmante.
Así pues, a pesar de tratarse de una postura oficial, se dejó pasar dando a la expresión oficial de alarma, un trato indiferente como si se considerara algo simplemente retórico.
En el fondo, la política exterior mexicana ha retrocedido incluso a un estado pasivo, indiferente y sin promociones ni políticas, económicas ni culturales.
México sufraga un gran aparato en materia de política exterior, pero con resultados que si se analizan con realismo son sustantivamente muy pobres.
La recuperación de una política exterior de Estado exige retomar los dos pilares que han dado estabilidad histórica a la diplomacia mexicana: la carrera profesional del Servicio Exterior y una estrategia de largo plazo orientada al beneficio mutuo con los principales actores vinculados sustantivamente a nuestra política exterior.
Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente el punto de vista de Epoch Times Español.















