Las malas noticias de un país feliz: México

Un aficionado mexicano con sombrero que agita la bandera nacional de México en una foto de archivo de 1994. (Getty Images)
Un aficionado mexicano con sombrero que agita la bandera nacional de México en una foto de archivo de 1994. (Getty Images)
2 de octubre de 2026, 12:34 p. m.

Opinión

México es el país de las malas noticias en seguridad, en economía, en sus ámbitos sociales y políticos y también en sus indicadores educativos.

Sin embargo, la crítica hacia la circunstancia mexicana en medios es minoritaria y hay encuestas que establecen altos promedios en los sentimientos de felicidad que dice tener su población.

No se trata solo de un Estado fallido, todo indica que somos un país con estadísticas por abajo de la línea de lo fallido.

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Sin embargo, hay una línea entre lo individual y lo colectivo. Como sociedad se puede estar fallando, pero eso no contagia los sentimientos individuales.

Quizás no se debe ver como una contradicción, sino como una línea que separa aquello colectivo de los sentimientos personales alimentados sobre todo por la fuerza que tiene el principio de lo familiar en México.

Quizás la fuerza que tiene en México la estructura familiar alimenta la idea de la idea de la felicidad en un país donde los indicadores negativos son muy altos.

Pero también debe considerarse que una gran parte de la población mexicana es susceptible a la manipulación propagandística.

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Este hecho sucede por una mezcla de varios factores, fundamentalmente subjetivos. Se trata de una realidad mexicana, al margen de que la propaganda ha sido preponderante en otras latitudes y circunstancias históricas.

Hay, por ejemplo, una emoción colectiva preponderante en México: la del conformismo social, propio de un carácter pasivo que se retrata de manera denigrante con la figura de dos mexicanos sentados al pie de un nopal y tapados con un sombrero.

No me gusta el ejemplo, pero es innegable que el estereotipo de la pasividad nos identifica con la idea del conformismo perezoso, el de gente que se cubre con la tradición como si se escondiera para no hacer nada frente a la realidad y sus inevitables avatares.

A la pasividad social le acompaña un medio intelectual y cultural, exento de debates importantes, cero polémicas que demuestren algo intenso, vital, más bien todo se hunde en el aburrimiento.

Los viejos tiempos de una cultura viva, confrontada, superior en sus propósitos y su ánimo, son solo una remembranza nostálgica.

A principios de la década de los noventa publiqué un libro: La razón y la afrenta. Antología de la polémica y el panfleto en México. Más de 600 páginas intensas que llegaron hasta la década de los 80. Ahora sería imposible una actualización. El espíritu de la época actual es el aburrimiento y el conformismo.

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La peor combinación es la de un país hundido en la violencia, masas catatónicas, un medio cultural, intelectual y político pasivo, degradado sin ninguna intensidad, sin ideas, sin compromisos asumidos por espíritus aguerridos.

La degradación izquierdista woke impera sin cuestionamientos. Así se deforma a las nuevas generaciones en el sistema escolar, con una imposición ideológica, peor que una falsa conciencia.

No hay ningún tipo de reacción por parte de los padres de familia, simples entes pasivos frente al imperio de una ideología pervertidora de los valores tradicionales que se supone existen en la mayoría de las familias mexicanas.

En esta circunstancia de una pasividad social conformista y sin valores, se provoca una corrupción generalizada del ambiente político, pues sin que haya exigencia de cuentas los políticos de todos los colores encuentran el arca abierta de la corrupción y disponen de ella.

La violencia extendida, la pasividad social y una corrupción política desenfrenada se han vuelto las características que conforman el actual tiempo mexicano. Es algo por desgracia triste y cierto.

Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de The Epoch Times.

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