Hacer el ridículo es algo que afecta la imagen de las personas o de un organismo público. Hemos sido testigos a últimas fechas con el caso del retiro de la visa por parte de Estados Unidos a Andrés Manuel López Beltrán, alias Andy, de una secuela de posturas ridículas ejercidas por altos funcionarios –la Presidente misma-, dirigentes de Morena y una legión de bots y fanáticos de este Partido.
Este hecho me lleva a interrogar si acaso existe oficialmente una política grotesca llevada a cabo por el actual gobierno mexicano. La respuesta es afirmativa, esto que llamo política grotesca resulta evidente e inocultable y su paroxismo trasciende internacionalmente, de manera particular en las relaciones bilaterales con Estados Unidos.
Esto no es bueno para nadie, pues no sólo afecta a la Presidente y a su Partido, sino también el país y el interés nacional se encuentran en riesgo. Esta última afirmación de ninguna manera es aventurada, pues la realidad amenazante no la inventan los comentaristas, sino la evidencia surge de una visión transparente de la realidad concreta.
Si nuestro gobierno comete ridículos penosos y la circunstancia personal del junior de un expresidente se convierte en el centro de la más importante relación bilateral del país, es algo a tomarse en cuenta ya no con luces preventivas, sino con señalamientos de la necesidad del alto con luces rojas, para frenar lo que nos está llevando a un posible choque sumamente perjudicial.

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Pero veamos a que me refiero con política grotesca. De pronto desde la altura del poder se nos dice que el retiro de visa a López Beltrán, alias Andy, resulta ser un ataque a la soberanía nacional, es intervencionista y la defensa patriótica del país pasa por defender a Andy de su pérdida de visa, como si se tratase de una afrenta a la “nación” o a la “Patria”.
Esto a pesar de la manera contradictoria con la cual la presidente Claudia Sheinbaum dice que “una visa no define a una persona”, está bien y entonces: ¿por qué tanto escándalo, rasgadura de vestiduras y exaltación del patrioterismo? Es una pregunta simple ante la realidad evidente de una política grotesca.
El subsecretario Cristopher Landau del Departamento de Estado de EU ha sido quien de manera implícita ha respondido a la comunicación –es un decir- del gobierno mexicano referida a este tema. Primero, siempre hay razones en el retiro de la visa; segundo, la misma no es un derecho, es un privilegio concedido por el gobierno de Estados Unidos; tercero, también ha dicho en forma sardónica que esta cuestión relacionada con Andy va a continuar (“…preparen sus palomitas, esperen a ver lo que sigue”).
Posteriormente el Secretario del Departamento de Estado, Marco Rubio, reafirmó ese concepto definitorio acerca de que la visa es “un privilegio, no un derecho” y agregó una frase inquietante: si existe una afectación a la seguridad nacional de su país la visa se retira sin importar de quién se trate. La alusión es directa contra Andrés Manuel López Beltrán.
En síntesis, el retiro de visa es un acto soberano de quien la emite, es decir, en este caso, del gobierno de Estados Unidos, y se retira por razones migratorias o por existir la presunción de actividades criminales por parte de quien goza de ese “privilegio”.
En este sentido, al no existir un motivo migratorio se deduce que el gobierno de Estados Unidos considera la probable participación o complicidad del hijo del ex presidente López Obrador en ilícitos cometidos en territorio mexicano que transgreden también la legislación estadounidense, además esto en una materia sustantiva como lo es la seguridad nacional de ese país.
En esta grave situación, la respuesta del gobierno mexicano corresponde a lo que pregunto si es una política grotesca, que no es la correspondiente a una razón de Estado o al discurso de un Jefe de Estado, a la tradición de nuestra política exterior -que alguna vez tuvo un brillo internacional reconocido-, a la defensa del interés nacional, al cuidado de la relación con nuestro principal socio comercial y, sobre todo, al estilo de un gobierno serio. Es evidente que sí estamos frente a una política cuya sustancia y manifestación es grotesca.
Se permitió que López Beltrán, sin tomar en cuenta a Claudia Sheinbaum –¿o bien, ella la aprobó?-, escribiera una carta dirigida a Donald Trump en su calidad de presidente de Estados Unidos, exigiendo que renunciara a Marco Rubio y a Cristopher Landau, junto con afirmaciones que rayan precisamente en lo grotesco, alimentando la política del gobierno en una grave responsabilidad de la Presidente y sus asesores.
Una ola morenista pretende convertir en causa un tema individual y todo un Partido hace el ridículo, vestidos para ello con los jirones de trapo podrido del patrioterismo. El problema del ridículo en la política o del ejercicio de una política grotesca es que luego viene el verdadero baño de realidad, uno en el que resulta fácil que la situación se limpie o alguien se ahogue pero, sobre todo, con el riesgo de que lo trágico vuelva seria la situación.
Recuerdo ante ello a las brujas de Macbeth danzando en el aire impuro, como un anuncio de la caída y de lo trágico. La presidente Claudia Sheinbaum, atrapada en la complicidad facciosa, ha renunciado a ser la Jefe de Estado que el país requiere en un grave momento de riesgo ante graves problemas que rebasan ya a la administración pública. A pesar de la propaganda del régimen, el futuro que se vislumbra es ominoso.
No es sólo que le ajusten las cuentas a Andrés López Beltrán, alias Andy, por los indicios y testimonios del huachicol fiscal, el lavado de dinero, la red de amigos beneficiados, las transferencias multimillonarias a Suiza, todo lo cual ha sido ventilado ya ampliamente por la prensa nacional e internacional.
Se trata más allá de todo eso, de la violencia criminal desbordada y de la complicidad de gobiernos morenistas, la duplicación de la deuda externa durante el sexenio de López Obrador, la caída en los servicios de salud, lo cual sucede también en la educación pública, el retroceso al rancio autoritarismo priista –creen beneficiarse de ello y lo que abren es la puerta a una crisis política-, el freno en la inversión privada, el fracaso de las grandes obras del sexenio obradorista que le cuestan una fortuna diaria al erario mexicano.
En este artículo he respondido, de acuerdo a los datos de nuestra realidad política y de mi propia visión de las cosas, a la pregunta de si la política del gobierno mexicano es grotesca y me parece de manera patente que lo es. Aunque eso hace que el gobierno de Morena se denigre a sí mismo, a pesar de haberlo criticado desde hace tiempo, no me alegro por los riesgos que todo esto implica para nuestro país.
Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de La Gran Época.






















