Opinión
En 2012 la revista Huso Crítico de la Universidad de Guadalajara dirigida por el escritor Fernando Solana Olivares publicó un ensayo escrito por mí: El Laberinto de la Crueldad. En 2013 el mismo fue reproducido por otra revista universitaria: Reflexiones Marginales, que dirigía el filósofo Alberto Constante, profesor emérito de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
Señalo este antecedente porque en dos espacios académicos importantes y con apoyo de intelectuales contemporáneos miembros de dos instituciones de primer orden, se le dio espacio a una propuesta reflexiva en torno de un tema que considero sustantivo de nuestra vida colectiva.
Sin embargo, este ensayo no provocó el intercambio y polémica que yo buscaba para impulsar la reflexión acerca de un tema que rebasa incluso lo académico y constituye un asunto sombrío de nuestra vida colectiva: el imperio de la crueldad que rige nuestra historia, cultura y vida cotidiana.

No leas más noticias. Entiéndelas.
En Epoch Times Español queremos estar en contacto directo contigo
Seleccionamos para ti lo que de verdad importa, sin ruido ni agendas. Es un canal abierto: si nos escribes, te respondemos.
Si bien la crueldad humana es un hecho universal y con innumerables ejemplos históricos, hay sociedades donde se convierte en una manifestación cotidiana que llega de esa manera a caracterizarlas.
Con ánimo provocativo cito en este ensayo las palabras de Henry Kissinger quien comparara a la sociedad china y a la mexicana en su normalización interna de la crueldad.
Pero es uno de nuestros principales intelectuales, Octavio Paz, quien antes de Kissinger escribió: "Hay un misterio mexicano como hay un misterio amarillo" al comparar él por su parte en su célebre libro, El laberinto de la soledad, a las sociedades mexicana y china por sus espíritus complejos.
Por esa razón utilizo el término "Laberinto" del título de ese libro paciano para definir como fenómeno laberíntisco el de la crueldad expresada en la historia y que se encuentra viva en la cultura cotidiana de ambas sociedades, una oriental y otra occidental.
Mi ensayo no trata de manera exclusiva de esa comparación, pero sirve porque dos referentes trascendentes, la Revolución mexicana y la Revolución Cultural china, generaron dos símbolos representativos y enaltecidos, Pancho Villa, el cruel bandido asesino y Mao Tse Tung, un genocida.
Pero hay otros elementos, ambos países cuentan entre sus tradiciones la existencia de mandarines abusivos, burocracias corrompidas y leyes complicadas que le dan contexto a la crueldad.
Todo lo cual ampara no solo las explosiones históricas de dicha crueldad, sino convierte a ésta en un elemento arraigado en su vida colectiva a pesar de las modernizaciones que han impulsado el progreso de ambas sociedades.
En los casos chinos contemporáneos la persecusión del gobierno comunista al movimiento espiritual Falun Gong —el tráfico de órganos con practicantes prisioneros es uno de los crímenes de lesa humanidad que manchan a este régimen—, o a los católicos vaticanistas, budistas tibetanos o la brutal represión a los igures, son ejemplos de crueldad ejercida por parte del poder en el país asiático.
Y en México, al momento de la publicación de mi ensayo hace catorce años, ya teníamos como una problemática creciente el de la extrema crueldad surgida en la guerra del narco.
Estos criminales exacerbaron la crueldad como una manera de imponer su dominio y exhibir de esa manera su prepotencia psicopática, en un trasfondo siniestro que se ha acrecentado en nuestro tiempo.
Ante ello un elemento que debería contemplarse es el del resentimiento como un componente psíquico que le da sustento a las explosiones de crueldad o a su manifestación cotidiana, resentimiento que tiene raíces históricas en China o México, pero que en el caso mexicano se celebra como parte de la cultura subyacente en el sustrato social.
Cuando se publicó mi ensayo las torturas, los colgados, las decapitaciones, las masacres ya estaban a la orden del día. Y la responsabilidad de los Cárteles en ello era patente. En efecto, ya existía su reino del terror. Y por eso se podía hablar, como una expresión verdadera, de narco terrorismo.
Cuando años después el presidente Andrés Manuel López Obrador proclamó su divisa de "abrazos no balazos" se estaba refiriendo a los abrazos a criminales crueles y sanguinarios.
Es claro que se quiso legitimar la complicidad con ellos, defenestrar la obligación legal del Estado de defender a la sociedad y corromper también a la sociedad al hacer aceptable para la mayoría la vigencia de los criminales, a pesar de la crueldad infame de su comportamiento como hemos señalado.
Un elemento de mi ensayo El laberinto de la crueldad es la conexión existente, como parte de su contexto, entre la crueldad estatal o criminal y la llevada a cabo contra los animales, como seres indefensos, tanto en la sociedad china como en la mexicana.
En aquel ensayo mío doy datos de un estudio de la organización Animal Asian, aunque reservo en parte los ejemplos que estremecen y hieren la sensibilidad de cualquier persona normal.
Y también expongo el resultado de otro estudio publicado por el periódico La Razón, que establecía la cifra del 70 por ciento como el porcentaje total de animales que estaban sufriendo la crueldad humana en México.
Cito de nuevo a George Steiner, uno de los más grandes críticos literarios contemporáneos: "Torturar niños o animales es algo equivalente, pues se trata del mal absoluto".
Como ejemplo de inconsciencia actual basta exponer a la Secretaría de Educación Pública federal, que dirige Mario Delgado quien quiere enseñar a los niños experimentos con animales, algo inaceptable cuando, por ejemplo, ya existen computadoras que hacen simulaciones y hay además leyes creadas para proteger a los animales como seres sintientes.
Lamento mucho haber fracasado en promover esta discusión o debate en relación con el laberinto de la crueldad, pues desde que publiqué mi ensayo esta realidad cada vez más acrecentada pareciera ya tener carta de existencia permanente en México. Considero que una mayor conciencia sobre el fenómeno podría haber alimentado políticas públicas para enfrentarlo, entendiendo además la maldad intrínseca del narco terrorismo.
Seres humanos y animales son las víctimas de la crueldad, como parte de este laberinto en el que se encuentra perdido México. Una de las luchas más importantes es rescatarlo de ahí.
Nota: el ensayo El laberinto de la crueldad, de Gerardo De la Concha, puede buscarse ahora en Internet o mediante la Inteligencia Artificial.
Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no reflejan necesariamente las de The Epoch Times.

























