El Cártel de Sinaloa es una de las organizaciones de narcotráfico más violentas y poderosas del mundo. Surgió en un territorio sin ley, donde la autoridad era casi inexistente y toda la economía estaba ligada al tráfico ilegal de drogas.
Este escenario lo recogió la CIA en un memorando de 1976 en el que atribuyó esas palabras al gobernador de Sinaloa, sin aclarar su nombre. "Toda la economía de su estado está ligada al tráfico ilegal, tanto por la operación de grandes organizaciones de narcotráfico como por la participación de miles de cultivadores individuales".
La penetración de la delincuencia era tal que en las tierras más alejadas, donde se producía la droga, “el control o la autoridad gubernamental era esporádico o inexistente”.
La región de Culiacán era considerada una de las "zonas sin ley” de México.
En situaciones de emergencia se recurría al Ejército para mantener el orden, el que “frecuentemente” participaba “en enfrentamientos armados con cultivadores y narcotraficantes". Además, en muchas zonas eran los caciques políticos locales quienes ejercían el "gran poder".
En aquel momento, Joaquín Guzmán Loera, "el Chapo", quien años después se convertiría en líder del cártel, tenía apenas 18 años. Según relató décadas después, ya había comenzado a cultivar, cosechar y vender amapola y marihuana a los 15 años, en La Tuna, el pequeño poblado serrano de Badiraguato, donde nació.
Durante esos años, la producción mexicana de drogas —especialmente de heroína— se había disparado. A comienzos de la década de 1970, México se convirtió en la principal fuente de narcóticos ilícitos, en particular de opiáceos, que ingresaban en Estados Unidos, según el memorando.
En las zonas productoras, algunos campesinos de subsistencia abandonaban los cultivos legales para sembrar amapola y obtener opio, la materia prima de la heroína. Una misma superficie podía generar con el opio ingresos varias veces superiores a los obtenidos con maíz o frijol. La diferencia económica ayuda a explicar aquella elección, pero no la convertía en inevitable ni eliminaba la responsabilidad de quienes participaban en el negocio.
Algunos productores trabajaban para grandes organizaciones criminales que les proporcionaban sistemas de riego, compradores y protección frente a las autoridades. Otros operaban de manera independiente y vendían el opio a intermediarios conocidos o directamente a laboratorios de heroína. Estos últimos podían obtener mayores ganancias, pero, al carecer de protección, se convertían en objetivos más vulnerables de las operaciones de control de las fuerzas armadas.
El valle de Culiacán, sin embargo, no dependía únicamente del narcotráfico. La región mantenía una importante agricultura legal basada en cultivos como maíz, frijol, tomate, chile y otras hortalizas. La producción ilícita coexistía con una economía agrícola formal que durante décadas convirtió a Sinaloa en uno de los principales estados productores de alimentos de México.
La rentabilidad aparente de la amapola tampoco significaba necesariamente prosperidad para los pequeños campesinos. Entrevistas realizadas en otras regiones productoras de México muestran que buena parte de los ingresos se destinaba a semillas, fertilizantes, insecticidas y transporte. "Con eso poquito se pagan los estudios de su hijo, su uniforme, la cooperación del maestro, tantito de maíz, lo básico", explicó una campesina identificada como María.
Otro entrevistado, Anselmo, señalaba que en ocasiones, el productor gastaba más de lo que recuperaba: "Necesita abono, Tamarón, insecticida y fertilizante". Mientras el campesino recibía una suma reducida, la transformación del opio en heroína multiplicaba su valor a medida que avanzaba por la cadena criminal y cruzaba la frontera estadounidense.
Pese a las dificultades, sembrar amapola no era la única opción. Josefina, madre de siete hijos, vivía en la pobreza y tenía acceso a semillas y materiales, pero se negó a cultivarla. Recordaba que un vecino había sido detenido después de que las autoridades encontraran un costal de semillas en su almacén. Otros habitantes preferían buscar trabajo temporal en la construcción, desplazarse a ciudades como Culiacán o intentar emigrar a Estados Unidos.
Mientras el negocio mantenía en la miseria a muchos campesinos, los intermediarios de la red obtenían ganancias millonarias. Al otro lado de la frontera, donde los precios aumentaban todavía más, ese tráfico contribuía a una crisis mortal. En 1975, cuando la disponibilidad y la pureza de la heroína alcanzaron uno de sus niveles más altos, Estados Unidos registró alrededor de 500 muertes relacionadas con esa droga por trimestre: cerca de 2000 en un solo año, según un estudio del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas.
Badiraguato: del aislamiento al narcotráfico
Rodeado de ese escenario creció el Chapo, en Badiraguato, dentro de la región conocida como el "Triángulo Dorado", formada por zonas montañosas de Sinaloa, Durango y Chihuahua. El aislamiento geográfico y la dificultad para acceder a numerosas comunidades favorecieron durante décadas el cultivo de marihuana y amapola.Al recordar su infancia, Guzmán afirmó que su familia cultivaba maíz y frijol, cuidaba ganado y vendía pan, frutas, refrescos y dulces. A los 15 años, sin embargo, comenzó a sembrar amapola y marihuana para cultivarlas, cosecharlas y venderlas personalmente.
"De ahí comencé a salir, a la edad de 18 años, a Culiacán, luego después a Guadalajara, sin dejar de visitar mi rancho", relató. Guzmán presentó su entrada al narcotráfico como consecuencia de la falta de alternativas: "Donde yo me crié no hay otra manera de sobrevivir. No había otro camino".
Décadas después, la antropóloga francesa Adèle Blazquez realizó trabajo de campo en Badiraguato entre 2013 y 2015. Describió un municipio serrano, aislado y económicamente marginado que, de forma paradójica, estaba conectado al narcotráfico mundial.
En ese territorio convivían comerciantes, empleados municipales, familias campesinas y habitantes con algún pariente relacionado directa o indirectamente con el cultivo de amapola. Existía un cuartel militar en la cabecera municipal y también en la sierra. Además, los soldados realizaban recorridos temporales y rotaciones.
Junto a ellos aparecían los llamados "pesados": hombres con dinero, medios de transporte, capacidad para transformar la goma de opio y contactos que les permitían comprar las cosechas de los pequeños productores.
"Gracias a sus acuerdos con la jerarquía militar, no está sometido al mismo acoso que sufren los demás habitantes”, observó la antropóloga, refiriéndose a la "represión militar" contra otros cultivadores de opio a quienes podían "destruir las parcelas, quemarlas, derribarlas o rociarlas con defoliantes y otros productos químicos".
Según Blazquez, el "pesado" podía actuar como protector, pero también inspiraba "temor" mientras los campesinos dependían de él. En ese contexto, controlar el transporte y ofrecer protección constituían fuentes decisivas de poder sobre la población. Viajar a la ciudad, abandonar el poblado o desplazarse fuera de la zona podía implicar atravesar territorios controlados por hombres armados y exponerse a represalias.
En tal ambiente, según su relato, las mujeres sufrían algunas de sus consecuencias más brutales, incluida la desaparición. Blazquez recogió una frase que resumía su vulnerabilidad: "Si le gustas a un hombre, no pienses que te lo va a pedir: te va a robar".
Su descripción permite comprender cómo era la vida en esta región que terminaría consolidándose como uno de los centros de la economía mundial del narcotráfico. En la práctica, muchas familias vivían atrapadas en su propia tierra, sometidas a quienes controlaban las rutas, el comercio y la violencia.
Los primeros vínculos del Chapo
El padre de Joaquín Guzmán tendría contactos en Culiacán a través de Pedro Avilés Pérez, descrito por la DEA como uno de los pioneros del narcotráfico mexicano.Una publicación alojada por el Instituto Belisario Domínguez del Senado mexicano identifica a Avilés Pérez como "el León de la Sierra" y señala que coordinó algunas de las rutas de drogas más importantes durante las décadas de 1960 y 1970.
Más tarde, en la vida de Guzmán apareció Héctor Luis Palma Salazar, "el Güero Palma". Según la DEA, Palma le dio una de sus primeras oportunidades dentro del negocio y lo puso al frente del transporte de drogas desde la Sierra Madre hasta la frontera suroeste de Estados Unidos.
Pero la principal escuela criminal de Guzmán fue la organización de Miguel Ángel Félix Gallardo. A comienzos de los años ochenta, "el Padrino" lo situó al frente de la logística de una red que recibía cargamentos procedentes de Colombia por aire, mar y tierra.
Félix Gallardo formaba parte del núcleo de aquella estructura, junto con Rafael Caro Quintero y Ernesto Fonseca Carrillo, los grandes nombres del llamado Cártel de Guadalajara, precursor de las organizaciones que posteriormente dominarían diferentes regiones de México.
El asesinato de Kiki Camarena
Alarmada por el crecimiento de la organización, en 1981 la DEA destinó a Guadalajara al agente especial Enrique «Kiki» Camarena. Durante los cuatro años siguientes, investigó a sus principales dirigentes y trató de desentrañar una red multimillonaria de producción y tráfico de drogas.Sus investigaciones contribuyeron a importantes operaciones contra el cártel. En noviembre de 1984, las autoridades mexicanas irrumpieron en el Rancho Búfalo, una plantación de marihuana de aproximadamente 1000 hectáreas vinculada con Caro Quintero. Según la acusación estadounidense, el narcotraficante responsabilizó a Camarena y ordenó su secuestro.
El 7 de febrero de 1985, varios hombres armados rodearon al agente cuando se dirigía a reunirse con su esposa para almorzar y lo introdujeron por la fuerza en un vehículo. Fue llevado a una vivienda de Guadalajara, donde lo interrogaron y torturaron. Su cuerpo apareció casi un mes después.
El asesinato dio origen a la Operación Leyenda, la mayor investigación por homicidio emprendida hasta entonces por la DEA. Las pesquisas no revelaron únicamente la existencia de una poderosa organización criminal: también mostraron la participación de agentes de la Policía Estatal de Jalisco en el secuestro y la existencia de una red de protección oficial.
Caro Quintero huyó a Costa Rica, pero fue localizado y detenido el 4 de abril de 1985 junto con siete colaboradores. Al día siguiente fue expulsado a México, donde terminó condenado a 40 años de prisión por el secuestro y asesinato de Camarena y por otros delitos.
Quienes denunciaron la violencia
Durante esos años, defensores de derechos humanos investigaron la corrupción y los abusos de poder relacionados con el narcotráfico. Uno de ellos fue Jesús Michel Jacobo, periodista, abogado y fundador de la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos de Sinaloa.Michel Jacobo fue asesinado a tiros en Culiacán en diciembre de 1987. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos señaló que la forma de operar de los asesinos hacía necesario investigar una posible vinculación con narcotraficantes, aunque no estableció judicialmente la identidad de los responsables.
Años después, la abogada y defensora de derechos humanos Norma Corona investigó abusos cometidos por policías y posibles relaciones entre agentes del Estado y redes criminales. Fue asesinada a tiros el 21 de mayo de 1990, a plena luz del día, en Culiacán.
Según un estudio académico publicado por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, una investigación posterior de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos señaló que el crimen habría sido ordenado por el comandante de la Procuraduría General de la República en esa plaza y que otros agentes federales y locales implicados en el asesinato también estaban vinculados con el narcotráfico.
Del Cártel de Guadalajara al Cártel de Sinaloa
La caída de los dirigentes del Cártel de Guadalajara no provocó la desaparición del narcotráfico. Por el contrario, las rutas, plazas y redes de la antigua organización quedaron en manos de distintos grupos, de los que surgirían o se fortalecerían posteriormente los cárteles de Tijuana, Juárez y Sinaloa.Para entonces, México se había convertido en la gran bisagra de la cocaína sudamericana con destino a Estados Unidos. La llamada "mafia de Guadalajara" disponía de puertos en las costas del Pacífico y del Golfo, pistas clandestinas en el interior y una frontera terrestre de más de 3000 kilómetros.
Aviones y embarcaciones transportaban los cargamentos hasta México, pero el tramo final hacia Estados Unidos se realizaba con frecuencia por carretera. El corredor era tan eficaz que, en 1989, aproximadamente el 90 % de la cocaína incautada por las autoridades estadounidenses en la frontera suroeste había llegado por tierra.
Una investigación académica publicada por el Instituto Nacional de Ciencias Penales reconstruye el reparto territorial ocurrido después de la detención de Félix Gallardo. Según esa versión, el narcotraficante habría ordenado desde prisión que los principales dirigentes fueran convocados a una reunión en Acapulco para distribuir las plazas y establecer acuerdos de no agresión.
La reconstrucción citada en el estudio señala que Joaquín Guzmán recibió Tecate; Héctor "el Güero" Palma, San Luis Río Colorado; los hermanos Arellano Félix, Tijuana; e Ismael "el Mayo" Zambada y Baltazar Díaz, Sinaloa. No se trató necesariamente del nacimiento formal e inmediato de nuevos cárteles, sino del reparto de las piezas con las que después se construirían distintas organizaciones.
A partir de ese reacomodo, Guzmán, Zambada, Palma y otros traficantes sinaloenses comenzaron a tejer alianzas variables. Durante la década de 1990, algunas de estas redes colaboraron con la organización de Amado Carrillo Fuentes, dirigente del Cártel de Juárez, mientras consolidaban sus propias rutas y estructuras.
El Cártel de Sinaloa no nació, por lo tanto, en una fecha única ni mediante una ceremonia fundacional. Se fue formando a partir de la fragmentación del Cártel de Guadalajara, del reparto de territorios y de las sucesivas alianzas entre traficantes que compartían orígenes, rutas y negocios, pero no siempre un sistema de mando unificado.
Con el tiempo, Joaquín Guzmán e Ismael Zambada se convirtieron en sus dirigentes más reconocibles. El Departamento de Justicia de Estados Unidos estableció que Guzmán fue un operador de nivel medio desde mediados de los años ochenta hasta su primera captura, en 1993.
El 10 de junio de 1993, las autoridades mexicanas anunciaron la captura del Chapo en Guatemala. Posteriormente fue trasladado a México, condenado en 1995 y recluido primero en el penal del Altiplano y después en Puente Grande, Jalisco.
El 19 de enero de 2001, cuando todavía le quedaban varios años de condena, escapó de Puente Grande. Según la DEA, había logrado ejercer una amplia influencia dentro de la prisión, incluido el personal y autoridades penitenciarias.
Después de su fuga, Guzmán se alió con Zambada y ambos se consolidaron como los principales dirigentes de la organización. La estructura continuó operando mediante facciones vinculadas con Guzmán, Zambada y los hermanos Beltrán Leyva, aunque cada grupo conservaba sus propios operadores, zonas de influencia y redes de protección.
Se convirtieron en los líderes más importantes del Cártel de Sinaloa. Guzmán Loera impuso su voluntad y mantuvo el control de su imperio de la droga mediante un ejército de guardaespaldas letales y una sofisticada red de comunicaciones.
Para transportar los cargamentos de droga a Estados Unidos, Guzmán Loera y su organización utilizaban barcos pesqueros, submarinos, aviones de fibra de carbono, trenes con compartimentos secretos y túneles subterráneos transnacionales.
Frecuentemente recurrían a la violencia para mantener su poder en toda la región y más allá. Numerosos co-conspiradores testificaron que Guzmán Loera ordenaba a sus sicarios secuestrar, interrogar, torturar y asesinar a miembros de organizaciones narcotraficantes rivales, llegando incluso a perpetrar él mismo actos de violencia.
En el caso de Zambada, la justicia estadounidense lo acusó de encabezar una empresa criminal continuada entre enero de 1989 y enero de 2024. Según el Departamento de Justicia, su ascenso comenzó durante los orígenes de la organización, conocida anteriormente como la Federación Mexicana.
En una entrevista con Julio Scherer García publicada en 2010, Ismael "el Mayo" Zambada describió la clandestinidad no como una etapa, sino como su forma permanente de vida. Afirmó que estaba vinculado al narcotráfico desde los 16 años, y cuando el periodista le preguntó cómo había comenzado, respondió con una sola palabra: "Nomás".
No ofreció una historia fundacional ni mencionó a un mentor. Su respuesta sugería que, en el entorno donde creció, entrar en el negocio criminal podía producirse casi como una prolongación natural de la vida serrana.
El monte aparecía en su relato como hogar, refugio y sistema de protección. "Tengo a mi esposa, cinco mujeres, quince nietos y un bisnieto. Ellas, las seis, están aquí, en los ranchos, hijas del monte, como yo. El monte es mi casa, mi familia, mi protección, mi tierra, el agua que bebo", declaró. Sin embargo, aquella vida también lo condenaba a la ausencia: su familia podía celebrar cumpleaños, santos y otras fiestas, pero él no podía acompañarla.
Sobre Joaquín Guzmán, ofreció una imagen de cercanía y coordinación, no de subordinación. "El Chapo Guzmán y yo somos amigos, compadres y nos hablamos por teléfono con frecuencia", afirmó.
También contó que había escapado muchas veces del Ejército porque conocía "los ramajes, los arroyos, las piedras, todo". Pero reconoció que vivía con miedo: "Tengo pánico de que me encierren… Cargo miedo".
La historia del Cártel de Sinaloa continuará en el siguiente artículo...























