Declaraciones, libros de contabilidad, mensajes, videos, fotografías y grabaciones interceptadas revelaron cómo el Cártel de Sinaloa construyó uno de los mayores imperios criminales de México.
La organización comenzó sometiendo a los agricultores rurales al cultivo de marihuana y amapola, de la que obtenía el opio destinado a la producción y tráfico de heroína. Después se expandió transportando cocaína sudamericana a través de México hacia Estados Unidos y otros mercados. En la década del 2000 se especializó en la fabricación de metanfetamina y durante la década de 2010 en la de fentanilo.
Para intimidar y doblegar a las autoridades y a la población civil, silenciar a los medios de comunicación y, al mismo tiempo, eliminar a los cárteles que se interponían en las rutas del narcotráfico hacia Estados Unidos, recurrió a los métodos más brutales imaginables. Incorporó a sicarios conocidos por su extrema violencia y llegó a filmar torturas y asesinatos para sembrar el terror.
Cómo y dónde surgió el cártel lo contamos en el artículo anterior, "De la sierra al imperio: cómo nació el Cártel de Sinaloa".
Tras escapar de prisión en 2001, el narcotraficante sinaloense Joaquín Guzmán Loera, "el Chapo", recuperó sus redes y se unió a otro poderoso capo del estado, Ismael Zambada García, "el Mayo". Juntos fortalecieron una alianza entre jefes que conservaban sus propias rutas, hombres y territorios, y convirtieron la antigua Federación mexicana en la organización que pasó a conocerse como el Cártel de Sinaloa.
Bajo esa estructura flexible, cada capo conservó sus propias redes, hombres y rutas, pero colaboraba con los demás para transportar grandes cargamentos, proteger territorios y combatir a sus rivales. Esa autonomía también alimentaría las disputas que años después dividirían la alianza.
Entre los aliados más importantes estaban los hermanos Beltrán Leyva, que junto con Guzmán Loera y Zambada García, coordinaban rutas, cargamentos y operaciones armadas.
Nuevo Laredo: la plaza que desató una guerra
A comienzos de la década de 2000, los dirigentes del Cártel de Sinaloa lanzaron una ofensiva para apoderarse de Nuevo Laredo (ciudad fronteriza de Tamaulipas con Laredo, Texas), que estaba en manos del Cártel del Golfo.Dominar Nuevo Laredo significaba controlar uno de los corredores de contrabando más valiosos hacia Estados Unidos. Por su cruce fronterizo transitaban alrededor de 6000 vehículos comerciales al día y, desde allí, por la autopista interestatal 35 conectar directamente con San Antonio, Dallas y otras ciudades del interior. La plaza permitía mover drogas y personas, además de cobrar a otras organizaciones criminales por utilizar la ruta.
En marzo de 2003, la captura de Osiel Cárdenas Guillén, jefe del Cártel del Golfo, abrió una oportunidad. Del lado de Sinaloa, Edgar Valdez Villarroel "la Barbie", uno de los principales operadores armados de Arturo Beltrán Leyva, llegó a coordinar el enfrentamiento. Pero la organización de Cárdenas respondió con el apoyo de "Los Zetas", su brazo armado, formado originalmente por antiguos militares de las fuerzas especiales mexicanas.
Entrenados en el manejo de armas pesadas, comunicaciones, inteligencia y tácticas de combate, Los Zetas no se limitaban a custodiar cargamentos: atacaban a rivales, secuestraban, extorsionaban y utilizaban la violencia extrema para controlar rutas y territorios.
En 2005, el Congreso estadounidense advirtió que ambos bandos estaban recurriendo a pandillas y grupos paramilitares para realizar asesinatos y controlar la frontera, una alianza que consideró como una "grave amenaza para la seguridad pública" de ambos países.
La ofensiva convirtió a Nuevo Laredo en la sede de una guerra abierta. Las autoridades estadounidenses describieron tiroteos "al estilo del Viejo Oeste" entre delincuentes, policías y bandas rivales.
Cuatro policías fueron asesinados y, tras la renuncia del jefe de la corporación, nadie quería ocupar el cargo. Alejandro Domínguez Coello, propietario de una imprenta, fue el único que aceptó asumirlo. Apenas unas horas después de prestar juramento, fue emboscado y asesinado.
No fue el único caso. Entre 2005 y 2012, cuatro jefes policiales de Nuevo Laredo fueron asesinados o desaparecieron.
Además, la violencia alcanzó directamente a la prensa. Hombres armados atacaron la redacción del periódico El Mañana, en Nuevo Laredo, y dejaron gravemente herido al reportero Jaime Orozco Tey. Reporteros Sin Fronteras describió el atentado como un intento de silenciar a un medio que ya practicaba la autocensura por temor a las represalias del narcotráfico.
La violencia se extiende a Guerrero y penetra en la policía
La guerra no quedó confinada a la frontera. En Guerrero aparecieron ataques contra familiares, torturas, asesinatos exhibidos públicamente y el uso de los medios como propaganda criminal.Agentes de la Agencia Federal de Investigación (AFI) presuntamente entregaron a la facción de los Beltrán Leyva —que mantenía una fuerte presencia en el estado— a un grupo de Los Zetas que había viajado a Zihuatanejo en 2005 para preparar un ataque contra la organización, según una investigación publicada por el Gobierno mexicano.
A finales de ese mismo año, los criminales difundieron un video en el que interrogaban y ejecutaban a uno de los presuntos integrantes de Los Zetas. La grabación convirtió el asesinato en un mensaje dirigido tanto a sus rivales como a la población: la violencia ya no solo se ejercía, también se exhibía.
La infiltración de las fuerzas de seguridad volvió a quedar expuesta en enero de 2006, durante un enfrentamiento en las calles de Acapulco. Presuntos agentes de la Policía Municipal, apoyados por Los Zetas, habrían asesinado a Carlos Esteban Landeros, señalado por el Gobierno mexicano como lugarteniente de Guzmán Loera.
"El Mayo" construye su propia red
Mientras proseguía la guerra entre cárteles en la frontera, Zambada García consolidaba una red propia dentro de la alianza.El 28 de enero de 2003, un gran jurado federal de Washington D. C. lo acusó formalmente de infringir las leyes estadounidenses contra el narcotráfico y conspirar para importar y distribuir cocaína. A raíz de esa acusación se emitió una orden provisional de arresto.
Su organización presuntamente recibía por vía marítima cocaína procedente de Colombia y la trasladaba en "aviones, camiones y automóviles" hasta la frontera con Estados Unidos. Desde allí, la distribuía mediante células establecidas en Arizona, California, Chicago y Nueva York, entre otros lugares.
La captura que rompió la alianza
La alianza entre Guzmán Loera, Zambada García y los hermanos Beltrán Leyva se rompió en enero de 2008, después de que el Ejército mexicano capturara en Culiacán a Alfredo Beltrán Leyva, “el Mochomo”.Sus hermanos acusaron a “el Chapo” de haber facilitado la detención y rompieron con la organización. La ruptura desató una disputa por las rutas del narcotráfico, el control de los territorios y la lealtad de distribuidores, sicarios y funcionarios.
Más de un año después, en marzo de 2009, el Ejército mexicano detuvo en la Ciudad de México a Jesús Vicente Zambada Niebla, “el Vicentillo”, hijo de Zambada García y uno de los principales operadores de la organización, y sostuvo que su captura golpeaba directamente su capacidad para coordinar el tráfico de drogas.
La detención tendría consecuencias mucho mayores de las que entonces podían anticiparse. Años después, “el Vicentillo” revelaría desde dentro el funcionamiento del cártel, sus alianzas, sus rutas y la relación entre sus principales dirigentes.
A finales de 2009, Arturo Beltrán Leyva fue abatido durante un operativo de las fuerzas especiales de la Armada de México en un complejo residencial de Cuernavaca, Morelos. El despliegue derivó en un enfrentamiento prolongado en el que murieron seis presuntos sicarios. También resultó herido el tercer maestre de Fuerzas Especiales, Melquisedet Angulo Córdova, quien falleció horas más tarde.
La Marina le rindió homenaje, pero apenas unas horas después de su sepelio, el 21 de diciembre, un grupo armado irrumpió en la vivienda familiar, en el municipio de Paraíso, Tabasco, y asesinó a su madre, a dos de sus hermanos y a una tía. Otra hermana resultó herida. La Comisión Permanente del Congreso condenó el ataque.
La persecución se mide en millones
Para entonces, la persecución contra los principales dirigentes del narcotráfico ya se medía también en millones. El 23 de marzo de 2009, la Procuraduría General de la República incluyó a Guzmán Loera y a Zambada García entre los narcotraficantes más buscados de México. Por información que permitiera localizarlos y detenerlos ofreció hasta 30 millones de pesos por cada uno.Estados Unidos también elevó la presión. A través del Programa de Recompensas contra los Narcóticos, ofreció hasta 5 millones de dólares por información que condujera al arresto o la condena de "el Mayo" o "el Chapo".
En agosto de 2009, Washington hizo pública una nueva acusación federal presentada en Chicago contra “el Mayo”, “el Chapo”, “el Vicentillo” y otros integrantes del Cártel de Sinaloa.
La causa reconstruía operaciones realizadas entre 2005 y 2008 y contenía una acusación especialmente grave sobre la obtención de armas en Estados Unidos y el uso de violencia "contra edificios gubernamentales estadounidenses y/o mexicanos”.
Zambada Niebla rompe el silencio
El hijo de Zambada García permaneció cerca de once meses bajo custodia mexicana y fue extraditado a Chicago el 19 de febrero de 2010. Allí debía responder como uno de los integrantes de más alto rango del Cártel de Sinaloa capturados hasta entonces.Las drogas cruzaban la frontera, la violencia quedaba en México
México llevaba años padeciendo la violencia vinculada con el narcotráfico, pero a finales de la década de 2000 la magnitud cambió. En mayo de 2010, representantes de la DEA y el FBI advirtieron ante el Senado estadounidense que, aunque el fenómeno no era nuevo, "el nivel y la gravedad observados entonces no tenían precedentes".Entre 2000 y 2010, los homicidios registrados en Tamaulipas —donde se encuentra Nuevo Laredo— pasaron de 264 a 963, y en Sinaloa se multiplicaron por más de cinco, de 458 a 2397.
En todo México, el número anual de homicidios pasó de alrededor de 10,700 homicidios en 2000 a más de 25,700 en 2010, un aumento del 140 %.
El salto al fentanilo
Mientras las autoridades estrechaban el cerco sobre “el Chapo”, el Cártel de Sinaloa comenzaba a transformar su negocio. Desde al menos 2012, la organización ya producía grandes cantidades de fentanilo, una droga mucho más potente que la heroína, barata de fabricar y fácil de transportar en pequeños volúmenes.Para elaborarlo, los laboratorios mexicanos recurrían a sustancias químicas procedentes del extranjero. En 2015, la DEA identificó precursores vinculados con empresas de China, México, Alemania y Japón. El cártel podía aprovechar las rutas, laboratorios y redes de distribución que ya utilizaba para la metanfetamina y la heroína, pero con un producto mucho más rentable y letal.
Las consecuencias aparecieron pronto: entre 2013 y 2014, los análisis de fentanilo en laboratorios forenses de Estados Unidos aumentaron más de 400 %, y las muertes vinculadas con opioides sintéticos crecieron 79 %. Mezclado con heroína, sin que el consumidor lo supiera, una mínima variación en la dosis podía resultar mortal.
El túnel, la fuga y la caída de “el Chapo”
Joaquín Guzmán Loera llevaba trece años prófugo. Desde su fuga de Puente Grande, en 2001, se había convertido en uno de los narcotraficantes más poderosos del planeta y en el fugitivo más buscado del mundo.El cerco finalmente se cerró el 22 de febrero de 2014. En una operación prolongada de inteligencia, elementos de la Marina localizaron a "el Chapo" en un modesto hotel turístico de Mazatlán. El hombre que había dirigido una red criminal extendida por varios continentes fue detenido sin que se produjera una gran confrontación y enviado al penal federal del Altiplano, considerado una prisión de máxima seguridad.
Pero la prisión no consiguió contenerlo. La noche del 11 de julio de 2015, Guzmán Loera desapareció de su celda a través de una abertura excavada bajo la ducha. Esta comunicaba con un túnel de aproximadamente 1,5 kilómetros, equipado con iluminación, ventilación y una motocicleta adaptada sobre rieles.
La fuga no fue obra de un solo hombre. En octubre de 2015, la procuradora Arely Gómez informó ante el Senado que la Procuraduría General de la República había obtenido órdenes de aprehensión contra 23 ex servidores públicos que, “por acción u omisión”, favorecieron la evasión. Otros 10 civiles permanecían bajo investigación por colaborar desde el exterior, y entre los consignados estaba el piloto que trasladó a "el Chapo" después de su salida del penal.
Tres días después, el Gobierno mexicano duplicó la recompensa por información que permitiera encontrarlo: de 30 millones pasó a ofrecer hasta 60 millones de pesos.
Estados Unidos mantuvo, por su parte, una recompensa de hasta 5 millones de dólares por información que condujera a su arresto o condena.
Durante seis meses, “el Chapo” volvió a moverse entre refugios y redes de protección. El 8 de enero de 2016, fuerzas de la Marina irrumpieron en una vivienda de Los Mochis, Sinaloa, ocupada por hombres armados. Guzmán escapó inicialmente por el sistema de drenaje, salió a la superficie junto con uno de sus acompañantes y trató de huir en un vehículo. Fue localizado poco después en una carretera y detenido.
“Quiero informar a los mexicanos que Joaquín Guzmán Loera ha sido detenido”, declaró ese mismo día, el entonces presidente Enrique Peña Nieto.
El Gobierno estadounidense celebró la captura, pero advirtió que esta no borraba la fuga ni las vidas destruidas por la organización. Al momento de su extradición, Guzmán enfrentaba seis acusaciones federales en Estados Unidos.
La fuga de 2015 mostró que el cártel no dependía únicamente de túneles, sicarios y rutas clandestinas. Años después, Zambada Niebla declararía que su padre destinaba con frecuencia hasta un millón de dólares mensuales a sobornos de altos funcionarios mexicanos.
La recaptura de Guzmán Loera abrió finalmente el camino para su extradición a Estados Unidos, pero no desmanteló el imperio que había ayudado a construir. Para entonces, bajo la dirección de Guzmán Loera y Zambada García, el Cártel de Sinaloa operaba a escala mundial: distribuía drogas en Estados Unidos y enviaba cargamentos a Canadá, Australia, Europa, África y Asia, movía toneladas de cocaína desde Sudamérica y producía metanfetamina y heroína.
“El narco está en la sociedad”
Ismael "el Mayo" Zambada ya lo había advertido en una entrevista del 2010: capturar o matar a un capo no bastaba para destruir el negocio.“Nada cambia”, afirmó, porque los reemplazos “ya andan por ahí”.
La historia del Cártel de Sinaloa muestra por que su poder no dependía únicamente de sus jefes, sicarios y cargamentos, sino también de las redes de corrupción, miedo, silencio y complicidad que durante años permitieron su expansión.
Desmantelar una organización así exige más que detener a sus dirigentes: podría requerir cortar sus finanzas, proteger a quienes investigan y denuncian, reducir la impunidad y recuperar las instituciones penetradas por el crimen.
Zambada resumió el problema con una frase que todavía obliga a mirar más allá de los capos: “el narco está en la sociedad”.
Está “arraigado como la corrupción”.
Esta historia continuará




















