Países de Latinoamérica como Chile no saben qué está haciendo China en su territorio, porque sus recursos están enfocados en otras prioridades, revela el Dr. Evan Ellis, profesor e investigador del U.S. Army War College.
El experto habló en entrevista para Líderes del Mundo Hispano sobre la influencia del régimen comunista chino en América Latina y su uso del "poder blando" —la capacidad de influir mediante la persuasión y la atracción en lugar de la fuerza— en la región.
“Tuve una conversación con un colega chileno y me dijo: ‘Evan, no sabemos qué está haciendo China porque simplemente no tenemos los recursos ni el enfoque en eso debido a otras prioridades’”, compartió el experto.
Esta falta de control no es una casualidad. Un artículo publicado a finales de 2025 en el Yale Journal of International Affairs explica que América Latina carece de servicios profesionales de inteligencia y contrainteligencia frente a potencias extranjeras.

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En este sentido, la investigación advierte que las actividades de China vinculadas a la inteligencia —ejercidas a través de concesiones portuarias e infraestructura de telecomunicaciones— han encendido alertas debido a la profunda vulnerabilidad estructural de la región.
A partir de este vacío institucional, durante la entrevista el especialista subrayó que el avance de Beijing trasciende lo estrictamente comercial. Explicó que el poder blando de China vulnera de manera directa la soberanía y los intereses nacionales de la región, ya que condiciona las actitudes políticas, altera el discurso oficial y las decisiones gubernamentales, y le otorga a Beijing una vía de entrada para blindar a sus corporaciones o inclinar los procesos políticos hacia sus propios objetivos.
Ellis señaló que el régimen chino no intenta influenciar en Occidente como en su momento lo hizo la Unión Soviética —promoviendo movimientos guerrilleros o financiando golpes de estado—, ya que está orientando el proceso político “de formas que sirvan continuamente a sus intereses para que los países no se le opongan” y las empresas chinas puedan obtener grandes beneficios de esto.
El académico explicó que durante los últimos 25 años, América Latina ha desarrollado una profunda dependencia comercial con China, enfocada en la exportación de materias primas. Sin embargo, esta estrecha relación económica choca hoy con el interés de varias naciones de la región por alinearse políticamente con Estados Unidos y la administración Trump en temas de seguridad.
De acuerdo con el reporte China's economic footprint in Latin America and the Caribbean, de ODI —un centro de investigación independiente—, esta dependencia es evidente en las cifras comerciales recientes: tan solo en 2024, el 83 % de las importaciones totales de China provenientes de la región correspondieron a productos agrícolas sin procesar, minerales, metales industriales y combustibles.
El documento detalla que si bien Estados Unidos se mantiene como el principal destino de las manufacturas latinoamericanas, el país asiático se ha consolidado como el mayor comprador regional de materias primas, lo que le permitió convertirse en el principal socio comercial de Sudamérica desde 2015.
Frente a este escenario, la investigación advierte que la actual reconfiguración de las alianzas económicas y las crecientes tensiones comerciales derivadas de la rivalidad geopolítica entre Washington y Beijing tienen implicaciones directas y significativas para el futuro de las economías latinoamericanas.
Ellis advirtió que la región enfrenta la encrucijada de buscar el respaldo de Washington sin enfadar comercialmente a Beijing. El caso de Chile ilustra esta tensión, ya que su alta dependencia de las exportaciones hacia el mercado asiático genera un temor constante a perder dicho acceso, obligando a los funcionarios a actuar con extrema cautela diplomática.
Tomó como ejemplo de esta diplomacia de doble vía el caso del canciller chileno, Francisco Pérez Mackenna, cuando publicó fotografías idénticas saludando a los embajadores de EE. UU. y China para proyectar una aparente neutralidad. No obstante, tras una reunión con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, el funcionario reafirmó a Washington como el socio estratégico prioritario de su país.
Esta misma dinámica de cautela y dependencia se repite en todo el continente, detalló el experto. En Argentina, el presidente Javier Milei tuvo que moderar su discurso frente a la participación de empresas chinas en infraestructura para no perder el acceso a líneas de crédito vitales, mientras que Perú enfrenta presiones similares en su sector minero, agregó.
El experto explicó que, en última instancia, basar la economía en la exportación de recursos básicos sin procesar limita directamente la soberanía política y la libertad de acción de los países latinoamericanos. Asimismo, señaló que este modelo permite que sean las corporaciones chinas las que retengan los verdaderos beneficios económicos, en lugar de fomentar el desarrollo de capacidades e industrias locales.
Igualmente, Ellis advirtió sobre el delicado control que ejercen corporaciones estatales chinas en servicios esenciales, detallando que State Grid y SPIC concentran más del 57 % de la distribución eléctrica en Chile, un porcentaje que llega al 100 % en la zona metropolitana de Lima, Perú. A esto se suma que gran parte de la infraestructura de telecomunicaciones y centros de datos en territorio chileno depende de firmas como Huawei, cuyos servidores almacenan información pública y privada bajo el amparo de leyes de seguridad nacional chinas que obligan a entregar dichos datos al régimen, si este lo requiere.
Finalmente, el especialista señaló que esta estrategia se extiende al ámbito diplomático, académico y político mediante viajes pagados e invitaciones a periodistas y legisladores. El experto advirtió que estos vínculos de amabilidad se transforman gradualmente en compromisos que merman la capacidad de decisión de las naciones, concluyendo que se trata de un asunto crítico de soberanía nacional ante la capacidad de Beijing para ejercer represalias.
Ante este panorama, el experto en geopolítica Alejandro Peña Esclusa advierte que la estrategia de Beijing va mucho más allá de lo comercial. A través de una táctica inteligente y astuta basada en préstamos y beneficios económicos iniciales sin aparentes intereses políticos, el objetivo final de China es convertir "lentamente" a América Latina en una especie de colonia bajo su influencia.
Con información de Jen García.
Vea la entrevista completa aquí:
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