Las conversaciones sobre la enfermedad de Alzheimer suelen centrarse en las placas, los ovillos y la inflamación. El Dr. David Perlmutter, neurólogo de renombre, autor de bestsellers y miembro del Colegio Americano de Nutrición, insta a la gente a mirar más allá: a cómo el cuerpo produce y utiliza la energía.
En un episodio de "Vital Signs", Perlmutter describió la disfunción metabólica como un factor importante que contribuye a los procesos que pueden dejar al cerebro vulnerable años antes de que surjan problemas de memoria.
"La capacidad del cerebro para utilizar el combustible adecuadamente se ve comprometida décadas antes de que empecemos a tener problemas de memoria", explicó. "Y todo esto tiene que ver con nuestro metabolismo".

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La enfermedad de Alzheimer implica múltiples factores que interactúan entre sí, como el envejecimiento y la genética. Lo que Perlmutter destaca es una oportunidad dentro de esa complejidad: actuar sobre la salud metabólica mientras las personas aún se sienten bien.
"Tenemos que intervenir en la gente de su edad y hacerles comprender que las decisiones sobre el estilo de vida que están tomando ahora tendrán repercusiones cuando tengan mi edad", dijo Perlmutter, que tiene setenta y tantos años.
Alzheimer y la crisis energética del cerebro
Mucho antes de que alguien tenga dificultades para encontrar las palabras u olvide repetidamente sus citas, podrían estar desarrollándose cambios en el uso que hace el cerebro de la glucosa, su principal combustible en condiciones normales.Las investigaciones mediante neuroimagen revelan una disminución en el metabolismo de la glucosa en regiones vulnerables al Alzheimer, incluso en personas asintomáticas con un riesgo elevado.
Una revisión publicada en el Journal of Alzheimer's Disease describe cómo estos cambios pueden preceder al deterioro clínico, lo que convierte al metabolismo energético en un indicador clave para la detección temprana de la enfermedad.
Perlmutter considera que este es un motivo para tomarse más en serio los problemas metabólicos comunes: resistencia a la insulina, mal control del azúcar en sangre, presión arterial alta, exceso de peso corporal y niveles anormales de colesterol o triglicéridos.
La magnitud del problema es considerable. Las estimaciones de los CDC publicadas en 2026 indican que 40.1 millones de estadounidenses padecen diabetes, incluyendo todos los tipos, y 115.2 millones de adultos tienen prediabetes. Aproximadamente ocho de cada diez adultos con prediabetes desconocen que la padecen.
Las investigaciones también sugieren que el momento de aparición de la diabetes es importante. Un estudio publicado en JAMA en 2021 siguió a más de 10,000 adultos británicos durante casi 32 años. Entre los participantes evaluados a los 70 años, aquellos que habían desarrollado diabetes tipo 2 más de una década antes presentaban aproximadamente el doble de riesgo de padecer demencia posteriormente que quienes no tenían diabetes. Un inicio más temprano de la diabetes se asoció con un mayor riesgo.
Cuando los defensores del cerebro se convierten en destructores
La conexión entre el metabolismo y la salud cerebral también llega al sistema inmunológico.Las microglías , las principales células inmunológicas residentes del cerebro, normalmente ayudan a proteger las neuronas, eliminar los desechos y responder a las lesiones. Sin embargo, bajo estrés persistente, algunas de sus respuestas pueden, en cambio, mantener la inflamación y contribuir al daño.
"Las mismas células que son sus amigas pueden convertirse en sus enemigas", dijo Perlmutter.
Un estudio de 2025 publicado en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias exploró esta conexión. En experimentos con células, las microglías que carecían de receptores de insulina tenían menor capacidad para captar la proteína beta-amiloide.
La eliminación de estos receptores en un modelo de ratón con Alzheimer aumentó la acumulación de amiloide y la neuroinflamación.
La disfunción microglial también se estudia en la enfermedad de Parkinson, la esclerosis múltiple y la esclerosis lateral amiotrófica, lo que convierte a estas células en un foco importante en la investigación neurológica.
Para Perlmutter, proteger la salud del cerebro incluye favorecer las condiciones en las que funcionan estas células, en particular mediante el ejercicio, el sueño y el control del azúcar en sangre.
Insulina en ayunas: la señal de alerta temprana
Los problemas metabólicos pueden desarrollarse silenciosamente.La mayoría de las personas se basan en un exámen anual de azúcar en sangre en ayunas para evaluar su salud metabólica. Perlmutter considera que este enfoque es totalmente insuficiente. "Puede prepararse para esa prueba", dijo. "Coma bien durante una semana e impresione al médico".
Lo que realmente importa es la insulina en ayunas.
Los niveles de insulina revelan cuánto esfuerzo realiza el páncreas para mantener el azúcar en sangre normal. Incluso cuando el azúcar en sangre parece estar bien, un aumento de la insulina indica que la resistencia a la insulina ya está presente, a veces décadas antes de que se diagnostique la diabetes.
Si sus niveles de insulina en ayunas están aumentando, tiene que mejorar su salud. Lo ideal es que la insulina en ayunas sea baja, aproximadamente de 2 a 5 µIU/mL. Valores más altos indican que ya existe una disfunción metabólica, lo que aumenta el riesgo de padecer Alzheimer.
Según Perlmutter, los monitores continuos de glucosa también pueden ofrecer información valiosa en tiempo real sobre cómo la alimentación, el sueño, el estrés y el ejercicio afectan al nivel de azúcar en sangre; no necesariamente para siempre, pero sí el tiempo suficiente para comprender los patrones de cada persona.
Más allá de la insulina, recomienda vigilar estos marcadores de laboratorio para proteger la salud cerebral y metabólica:
- HbA1c: para el nivel promedio de glucosa en sangre y el riesgo de diabetes.
- Vitamina D: favorece la función cerebral y reduce la inflamación.
- Vitamina B12: esencial para la salud de los nervios y la cognición.
- Homocisteína: los niveles elevados indican riesgo vascular y cognitivo y pueden mejorarse con vitaminas B metiladas.
- Marcadores de inflamación: como la proteína C reactiva.
Su intestino es el socio silencioso de su cerebro
El metabolismo proporciona energía al cerebro, y el intestino regula esa energía o combustible. Las alteraciones en la microbiota intestinal —causadas por antibióticos, edulcorantes artificiales o una mala alimentación— pueden aumentar el riesgo de diabetes, favorecer la obesidad y alimentar la neurodegeneración."Los antibióticos en dosis altas son como armas de destrucción microbiana masiva", dijo Perlmutter. "Eliminan las bacterias beneficiosas, alteran el equilibrio y comprometen el metabolismo". Las consecuencias van desde infecciones potencialmente mortales como la causada por Clostridium difficile hasta alteraciones metabólicas más sutiles que aumentan el riesgo de padecer Alzheimer a largo plazo.
El consejo de Perlmutter es preguntarse si los antibióticos son realmente necesarios, si existe una opción específica y si el tratamiento puede acortarse. Y cuando sean imprescindibles, conviene apoyar la microbiota intestinal antes, durante y después del tratamiento con probióticos, prebióticos y alimentos ricos en fibra; sin embargo, se debe evitar tomar probióticos al mismo tiempo que antibióticos.
Los edulcorantes artificiales son otro ejemplo de la influencia metabólica del intestino. Un ensayo aleatorizado publicado en 2022 en la revista Cell estudió a 120 adultos sanos durante dos semanas. Los edulcorantes produjeron diferentes cambios en la microbiota intestinal, y los grupos que consumieron sacarina y sucralosa mostraron una tolerancia a la glucosa deteriorada.
¿Qué dieta es la correcta?
¿Es mejor la dieta mediterránea? ¿La cetogénica? ¿La paleo? "Me da igual", dijo Perlmutter. "Lo que me importa es cómo afecta esa dieta a su fisiología".Cada persona responde de manera diferente a la misma dieta. La genética, las necesidades nutricionales y las variaciones en la microbiota intestinal influyen en ello. Lo importante es si la dieta controla el azúcar en sangre y la insulina, reduce la inflamación, favorece la microbiota y aporta los micronutrientes necesarios y suficientes.
Una preocupación casi universal, dijo, es la deficiencia de fibra. "No estamos consumiendo suficiente fibra dietética, y debería considerarse un macronutriente".
Sea el arquitecto del destino de su cerebro
Cada vez más investigaciones analizan los hábitos de vida en conjunto. En el ensayo POINTER de 2025 en Estados Unidos, 2111 adultos de entre 60 y 79 años con mayor riesgo de deterioro cognitivo siguieron un programa de estilo de vida estructurado o un enfoque autoguiado.Ambos programas abordaron el ejercicio, la dieta, la participación cognitiva y social, y la salud cardiovascular. A lo largo de dos años, el programa estructurado produjo una mejora ligeramente mayor en las pruebas cognitivas.
Los resultados respaldan la importancia de mantener hábitos consistentes con orientación práctica y seguimiento, y ofrecen aliento más allá de la mediana edad.
"Necesitamos ser los responsables de nuestra propia salud. La medicina moderna no lo solucionará todo. Pero si tomamos las decisiones correctas ahora —sobre cómo comemos, dormimos, nos movemos y gestionamos nuestro metabolismo— nos convertimos en los artífices del futuro de nuestro cerebro", concluyó Perlmutter.























