WASHINGTON—El líder chino Xi Jinping llegó a la Casa Blanca para su primera reunión en más de una década, en medio de protestas por los abusos contra los derechos humanos cometidos por su régimen.
El presidente estadounidense Donald Trump, en su segunda reunión con Xi Jinping en lo que va del año, dijo que ambos países han estado trabajando para lograr una relación comercial más equilibrada.
Ambos abordarán temas cruciales —desde la inteligencia artificial hasta la tecnología y la seguridad— en una reunión a puerta cerrada, en la que se tomarán decisiones que tendrán repercusiones durante las próximas décadas, señaló Trump en su discurso de apertura.

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En una publicación anterior en redes sociales, dijo que no existe ningún plan para establecer nuevas medidas de control sobre la IA con China.
Mientras que Trump pregonaba su "gran amistad", Xi hacía mayor hincapié en la geopolítica, como el acceso de las empresas chinas a Estados Unidos.
El líder chino también aludió a la "trampa de Tucídides", un término que se refiere al peligro de conflicto que surge cuando una potencia emergente amenaza con desplazar a una ya existente, y dijo que los dos países pueden encontrar una manera de "llevarse bien".
Xi se refirió por última vez a este concepto en mayo, durante la reunión que mantuvieron ambos en Beijing, dando a entender que Estados Unidos es una potencia en declive que se enfrenta al desafío de China.
En aquel momento, Trump dijo que Xi estaba describiendo el país que su predecesor, Joe Biden, había dejado atrás.
Desde 2020, Xi ha utilizado repetidamente la frase "Oriente está en ascenso, Occidente está en declive", refiriéndose a un cambio percibido en el orden mundial.
Para superar esta trampa, Xi sugiere que la opinión pública es clave, empezando por los jóvenes. Anunció una invitación para que 100,000 jóvenes estadounidenses visiten China en los próximos cinco años para realizar intercambios o estudiar. En dos días, llegarán dos pandas al zoológico de Atlanta, a los que llamó "enviados de la amistad".
El préstamo de pandas y los intercambios culturales son dos recursos habituales que utiliza el régimen para proyectar el poder blando y mejorar su imagen global.
Pero existe otra faceta de China que los activistas intentan dar a conocer al mundo.
Horas después de la llegada de Xi al Distrito de Columbia, un grupo de derechos humanos proyectó los rostros de presos políticos chinos en varias zonas del distrito.
"Hay miles de personas en esta situación en China ahora mismo, y deberían ser liberados", señalaron los organizadores.

























