Opinión
Estimado presidente Trump:
Usted es el artífice de "Make America Great Again" (Hacer a Estados Unidos grande de nuevo). En el núcleo de esta agenda se encuentra la restauración de la verdadera libertad y de la búsqueda de la felicidad para el pueblo estadounidense. Esta libertad, que abrazamos con tanto fervor, es una espina clavada en el ojo del comunismo, pues la agenda de este consiste en controlar a las personas y anular su libertad individual.
Ser libre implica tener libertad de creencias, de expresión y de vida. El régimen chino persigue a las personas por sus creencias espirituales y sus opiniones, además de asesinar a prisioneros de conciencia con el fin de extraer sus órganos para trasplantes —práctica conocida como extracción forzada de órganos—. Esto último viene ocurriendo durante más de dos décadas; en 2019, el Tribunal de China presidido por Sir Geoffrey Nice KC, concluyó que se habían llevado a cabo extracciones forzadas de órganos y que las principales víctimas eran los practicantes de Falun Gong.

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La sustracción forzada de órganos es un crimen de lesa humanidad. Más de un millón de practicantes de Falun Gong, uigures y cristianos han sido víctimas de la sustracción forzada de órganos en el último cuarto de siglo.
¿Es este el momento adecuado para seguir haciendo negocios como si nada?
¿Cómo juzgará la historia el papel de Estados Unidos como mero espectador?
Xi Jinping, del Partido Comunista Chino (PCCh), al igual que sus predecesores, es responsable de innumerables muertes. Permitió que la pandemia COVID-19 se propagara a Europa y, posteriormente, al resto del mundo. Asimismo, permitió el envío de precursores de fentanilo a los cárteles mexicanos, provocando la muerte de cientos de miles de estadounidenses, especialmente jóvenes.
Mientras el mundo anhela la paz, el PCCh no oculta sus intenciones de atacar a Taiwán, una sociedad insular absolutamente pacífica que no representa ninguna amenaza para el mundo. ¿Cómo se verá esto ante los ojos de la historia?
Xi ha afirmado, según se cita en el último libro de Peter Schweizer, que China y Estados Unidos no pueden coexistir; llegará un momento en que uno derrotará al otro.
Los negocios son beneficiosos para Estados Unidos. Pero ¿a qué precio? Las relaciones comerciales carentes de denominadores comunes terminarán en un caos en el que una de las partes saldrá perdiendo. Un país que asesina a sus disidentes para extraerles los órganos es un país que desprecia la vida humana.
¿No sería más sensato buscar primero puntos de encuentro en derechos fundamentales y universales, como la libertad de creencias y de expresión, y la búsqueda de la felicidad?
Presidente Trump, usted es un líder fuerte y el régimen chino le teme. Esperamos que pueda dejar un legado que perdure más allá de su mandato, como aquellas palabras del presidente Reagan pronunciadas para la eternidad: "¡Señor Gorbachov, derribe este muro!".
Esperamos que usted pueda ser ese faro y decir: "Sr. Xi, ¡acabe con la industria de la sustracción forzada de órganos!".
Tales palabras resonarían en el cielo y en la tierra. Desmantelarían la "solución final" que el PCCh aplica a aquellos chinos que anhelan la libertad y la búsqueda de la felicidad. Alinearían a China con los estándares internacionales de respeto mutuo y paz verdadera. Y crearían las condiciones para que los negocios pudieran realizarse sobre una base justa.
Presidente Trump, por favor, no ignore los derechos humanos, que son el fundamento para las personas de todo el mundo. Por favor, transmita el mensaje al Sr. Xi: "¡Acabe con la sustracción forzada de órganos en China!".
Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de The Epoch Times.




















