Lo que vimos esta semana en el interior de China nos está mostrando de alguna manera que cuando dentro del país el régimen chino refuerza sus controles sobre la sociedad, las consecuencias no solo las sufre el propio pueblo, tenemos que entender que eso quedó un poco el pasado, ahora, cada vez que el PCCh se pone más estricto, también apunta al mundo exterior, y ya no lo hace indirectamente, lo hace directamente, por escrito y con aprobación de Xi Jinping.
Exactamente eso fue lo que vimos este 1 de julio cuando entró en vigor una nueva Ley en China que apunta a diluir la identidad étnica bajo el llamado de “integración” y cualquiera que se oponga, ahora por ley, es considerado un criminal, tanto dentro, como fuera de China. Sí, yo por ejemplo sería un criminal, un infractor de las leyes chinas. Este es un tema que en un momento vamos a repasar y vamos a ver hasta dónde puede extenderse.
En otro orden de temas, a principios de semana Trump aseguró que el comunismo era la amenaza más grave para Estados Unidos desde la fundación del país y advirtió que esta ideología busca eliminar las libertades fundamentales y, especialmente, la libertad religiosa.
Y un informe recientemente publicado sacó a la luz cómo el régimen chino lleva años desarrollando una campaña sistemática de intimidación contra personas que viven en territorio estadounidense. Y lo más llamativo es que muchas de las víctimas son, de hecho, ciudadanos estadounidenses.
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