El Departamento de Salud de Pensilvania confirmó el 4 de noviembre que un residente no vacunado del condado de Jefferson falleció tras dar positivo por sarampión; se trata de la sexta muerte confirmada asociada al sarampión en Pensilvania.
El fallecimiento fue notificado a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) para su revisión a nivel federal y se incorporó al panel de seguimiento del sarampión del estado, informó el departamento.
En lo que va de 2026, se han registrado 1467 casos confirmados en 45 condados del estado. De ellos, 283 pacientes requirieron hospitalización. Las seis muertes corresponden a residentes de los condados de Jefferson (dos), Lancaster (tres) y Mifflin (uno).

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El Departamento de Salud de Pensilvania indicó también que tiene conocimiento de la muerte, reportada en octubre, de un residente del condado de Franklin. Hasta el 4 de noviembre, la investigación del departamento no ha hallado ningún caso en dicho condado que cumpla con sus criterios para ser clasificado como una muerte asociada al sarampión.
Para que un fallecimiento se considere asociado al sarampión, debe ocurrir dentro de los 30 días posteriores a la aparición de los síntomas en una persona que presente evidencia clínica de la enfermedad y un resultado positivo en una prueba de laboratorio. Además, la muerte no debe atribuirse a causas ajenas a la enfermedad.
En octubre, el forense del condado de Franklin, en Pensilvania, informó que el fallecimiento de una mujer de 39 años cumplía con la definición establecida por el estado. Sin embargo, el Departamento de Salud no valida aún dicha determinación. La sexta muerte confirmada, anunciada este miércoles, corresponde a un caso distinto, ocurrido en el condado de Jefferson.
La oficina del forense del condado de Franklin informó que la mujer padecía varias afecciones subyacentes, incluido un diagnóstico previo de sarampión por el cual recibió tratamiento. No se dieron a conocer más detalles. Las leyes de privacidad limitan la información que puede compartirse, y las familias "merecen la dignidad de vivir su duelo en privado", señaló el forense en aquel momento.
Las autoridades reportaron tres fallecimientos en septiembre, entre ellos el de una persona de 18 años del condado de Mifflin, quien murió a causa de encefalomielitis aguda diseminada —una complicación neurológica poco frecuente del sarampión—, y el de una mujer de 40 años del condado de Jefferson, quien falleció debido a complicaciones. A finales de agosto, dos bebés del condado de Lancaster murieron tras contraer la infección.
Las autoridades confirmaron que ninguna de las dos mujeres estaba vacunada y que los bebés eran demasiado pequeños para recibir la vacuna según las recomendaciones vigentes.
Según el Departamento de Salud del estado, durante el mes de octubre, los profesionales de la salud de todo el estado administraron más de 61,000 dosis de la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola (conocida como vacuna triple vírica o MMR, por sus siglas en inglés); una cifra que más que duplica la cantidad habitual en un mes cualquiera.
En su actualización del 29 de octubre, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) registraron 4852 casos confirmados de sarampión en Estados Unidos este año, además de cuatro fallecimientos. Esta cifra federal es inferior a la reportada por el estado de Pensilvania, debido a que ambas entidades emplean criterios distintos.
Los CDC consideran que un fallecimiento se asocia al sarampión únicamente cuando el Centro Nacional de Estadísticas de Salud (National Center for Health Statistics) identifica esta enfermedad como la causa subyacente en el certificado de defunción. Por su parte, Pensilvania considera que un fallecimiento se relaciona al sarampión si ocurre dentro de los 30 días posteriores a la aparición de los síntomas en una persona con un resultado positivo en una prueba de laboratorio, siempre y cuando la muerte no se deba a una causa ajena a la enfermedad.
El sarampión es un virus respiratorio altamente contagioso que se propaga a través del aire cuando una persona infectada tose o estornuda. Por lo general, los síntomas comienzan con fiebre, tos, secreción nasal y ojos enrojecidos y llorosos; días después, aparece una erupción cutánea que se inicia en el rostro y se extiende hacia el resto del cuerpo. La enfermedad puede derivar en complicaciones graves, como neumonía y encefalitis.
















