Según el antiguo filósofo griego Sócrates (470 a. C.–399 a. C.), la clave para una buena vida es la autosuficiencia, y esa buena vida depende de la virtud.
El amigo de Sócrates, Antístenes (455 a. C.–365 a. C.), fundó la filosofía del cinismo basada en la libertad, así como en el ideal socrático de la autosuficiencia, y en la creencia de que estos pueden alcanzarse en medio de los rigores del trabajo y las penurias.
El estilo de vida "cínico"
La raíz de la palabra "cínico" proviene del término griego "kunikos", que significa "parecido a un perro". Existen diferentes teorías sobre cómo y por qué exactamente los cínicos eligieron esta palabra para describir su estilo de vida. Algunos sostienen que se debe a que el perro carece de vergüenza. Sin duda, fue una descripción que Diógenes adoptó para referirse a su propio comportamiento.
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Diógenes llevaba una vida sencilla en las calles de Atenas, al margen de las costumbres y las normas sociales. Dormía en un barril de vino y comía, bebía y hacía sus necesidades en la calle, sin preocuparse por ocultar ninguna de las funciones naturales de su cuerpo.
Tres anécdotas sobre Diógenes
Diógenes nos dejó útiles lecciones de vida. Al escuchar a un necio afinar un arpa, Diógenes dijo: "¿No te da vergüenza hacer que esta madera emita sonidos concordantes, mientras no logras armonizar tu alma con tu vida?"Un día, Diógenes vio a un niño ahuecar las manos para beber agua del río y exclamó: "Él me enseña que conservo un utensilio innecesario", y se deshizo del único utensilio que poseía, una concha que utilizaba como vaso.
Mientras tomaba el sol en Craneum, Diógenes fue abordado por Alejandro Magno, el hombre más poderoso del mundo occidental, quien se paró frente a él y le dijo: "Pídeme cualquier favor que desees". Diógenes respondió: "Quítate de mi luz". Cuando Alejandro declaró que era el rey, Diógenes dijo: "Soy Diógenes el cínico", lo cual significa "Diógenes el Perro".
El rey dijo: "Si no fuera Alejandro, desearía ser Diógenes". Quizás, Alejandro Magno se encontró con el verdadero poder por primera vez. Ahí estaba Diógenes, quien vivía fiel a sus creencias y quien no necesitaba nada ni a nadie.























