Nuestra idea actual del dibujo puede reducirse a un artista que plasma ideas en el papel, ya sea como un boceto rápido, un dibujo preparatorio para una pintura o un dibujo independiente con un acabado minucioso. Pero durante el Renacimiento, el dibujo —o “disegno” en italiano— no era solo el acto de dibujar en sí mismo; era algo más profundo.
"Disegno" se traduce como "diseño" o "dibujo" en inglés, pero el concepto de disegno no debe tomarse al pie de la letra. Para los artistas del Renacimiento, el disegno representaba su brillantez técnica y su genio creativo dando fruto sobre el papel. No se trataba de una copia mecánica. Los artistas creaban estos dibujos utilizando la sabiduría, el intelecto, el conocimiento y la imaginación que habían adquirido durante su aprendizaje y su práctica artística continua.
Los aprendices de arte del Renacimiento se entrenaban durante mucho tiempo, con esmero y de manera metódica para comprender y recrear una variedad de formas y la figura humana. Primero, copiaban esculturas antiguas y contemporáneas, así como relieves arquitectónicos, en monocromo antes de poder copiar del natural (la figura masculina). Solo cuando dominaban el dibujo en monocromo podían introducir el color. Estos artistas conocían tan bien la figura humana que, al final de su aprendizaje, podían ubicar con confianza y eficacia las figuras en composiciones complejas.

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Tradicionalmente, el arte del "disegno" gozaba de gran prestigio. Según el sitio web de la enciclopedia Visual Arts Cork, en la estética renacentista del siglo XV, “el disegno se consideraba el verdadero arte, mientras que el colorito [el colorido, preferido por artistas venecianos como Tiziano] se consideraba más bien una artesanía”.






















