La historia de George Washington y el cerezo es un relato de virtud y amor paternal que ha perdurado a lo largo de generaciones, moldeando nuestra percepción de la juventud del primer presidente. También es el origen de la famosa frase de Washington: "No puedo mentir".
Irónicamente, es probable que la leyenda sea ficticia. Pero esa es una cuestión aparte. Sea históricamente precisa o no, la historia forma parte del patrimonio estadounidense.
La historia apareció por primera vez en 1806, en la quinta edición de "La vida de George Washington con anécdotas curiosas, igualmente honorable para sí mismo y ejemplar para sus jóvenes compatriotas", de Mason Locke Weems.
Según cuenta la historia (en la edición de 1808), Washington, de seis años, acababa de recibir un hacha de regalo. Como era de esperar, al igual que la mayoría de los niños de esa edad, fue a probarla. La lanzó contra los guisantes de su madre y, sin querer, cortó la corteza del joven cerezo inglés de su padre. El árbol nunca se recuperó.
Cuando su padre le preguntó a George quién había cortado su árbol favorito, George lo miró con la dulce expresión de la juventud, iluminada por el inefable encanto de la verdad que todo lo conquista, y le dijo: "No puedo mentir, papá", y lo confesó todo.
Enseñar la verdad
En el libro, Weems utiliza la historia del cerezo para ilustrar la importancia de decir la verdad, sin importar las consecuencias. Antes de contar la historia, señala que los padres son como ángeles guardianes. Usa al padre de Washington para ilustrar este punto y demostrar cómo los padres deben ser responsables del carácter y la conducta de sus hijos. En un ejemplo, su padre le cuenta a George cómo algunos padres golpean a sus hijos por cualquier pequeña falta, hasta el punto de que la "pequeña criatura aterrorizada suelta una mentira con tal de evitar el castigo".Durante 220 años, esta historia, que demuestra la integridad del primer presidente, se ha transmitido de generación en generación.
El relato se publicó en 1806, siete años después de la muerte de Washington. El pueblo estadounidense deseaba saber más sobre él; conocían sus famosas hazañas públicas, pero poco se sabía de su vida privada. Weems narró esta historia, fuera cierta o no, y el público valoró profundamente su mensaje.
Este relato no solo muestra el buen carácter de Washington en su infancia, sino que también nos recuerda la importancia de la honestidad, pues la honestidad es, sin duda, la mejor política.
Washington demostró estas cualidades en su forma de liderar, como nuestro antepasado y el "Ángel Guardián" de nuestra nación.
"Espero poseer siempre la firmeza y la virtud suficientes para mantener (lo que considero el más envidiable de todos los títulos) el carácter de un hombre honesto", escribió George Washington a Alexander Hamilton el 28 de agosto de 1788.
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