Periodistas del verificador español Maldita.es y del New Eurasian Strategies (NEST) Centre presentaron este lunes en Madrid dos informes en los que identifican la ruta y los métodos de la desinformación rusa en español en Latinoamérica.
"Una historia puede aparecer primero en una web rusa, ser traducida al español en México, integrarse en una agenda política y cultural local, circular hacia España a través de organizaciones y colaboradores conectados con ese ecosistema y reaparecer después entre audiencias latinas en Estados Unidos", detalló Clara Jiménez Cruz, cofundadora de Maldita.es.
Para entender la influencia rusa en Latinoamérica, analizaron actores, comportamientos, contenidos, distribuidores y receptores, al mismo tiempo que recurrieron a expertos locales como Cazadores de Fake News, Verificado.mx y el periodista brasileño Daniel Bramatti.
"El Kremlin, a través de sus campañas, no intenta crear fans o gente prorusia, sino que este contenido sea accesible" para que uno pueda recurrir a ello en una conversación, explicó Marina Sacristán, de Maldita.es.

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Dinámicas de desinformación
Las narrativas nacen en medios estatales como Russia Today (RT), Sputnik o TASS (agencia de prensa rusa), que las distribuyen a través de acuerdos (o gratis) a medios extranjeros, gracias a sus portales Pravda y Portal Komba.El NEST Centre determinó que el presupuesto para propaganda en este 2026 del gobierno ruso es de 1 553 millones de euros, un 28% más que antes del inicio de la guerra en Ucrania.
Una vez llegadas las narrativas a intermediarios extranjeros, redes locales lo comparten como opiniones personales o análisis independientes, antes de acabar en el ultimo eslabón que son organizaciones, redes sociales, influencers o medios.
Según el informe del NEST Centre, la plataforma estatal rusa Global Fact-Checking Network (GFCN) pretende luchar contra la desinformación, pero "en realidad funciona como una herramienta de propaganda" y cuenta con 15 personas en América Latina.
Las narrativas se dividen en dos bloques: las que buscan justificar la guerra en Ucrania y debilitar a EE.UU. y la OTAN, y las que exploran las debilidades de cada país.
La desinformación rusa, según los informes, apela a una audiencia muy amplia: abarca tanto a los antiimperialistas como a los conservadores (antiaborto, prorreligión, anitLGBTQI+).
Coral García Dorado, de Maldita.es, piensa que el peligro reside en las plataformas que se presentan como verificadores y en realidad son plataformas de desinformación disfrazadas, porque desestabilizan a la gente y restan credibilidad a los verificadores reales.
Destacó también el riesgo de la inteligencia artificial, con la GenIA que crea falsas imágenes que tienen tanto poder como la narrativa, "y acaba calando", y por otra parte, los LLM grooming que permiten manipular las respuestas que dan los chatbots alterando los datos de entrenamiento a través de webs de desinformación prorrusa, con las que la gente acaba dialogando.
"No estamos viendo simplemente propaganda rusa traducida, estamos viendo algo mucho más difícil de detectar, narrativas que entran en ecosistemas locales, encuentran actores que ya hablan el lenguaje de esas comunidades y adquieren una nueva legitimidad precisamente porque dejan de parecer extrajeras", explicó Jiménez Cruz.























