Cada año, a millones de personas que han sobrevivido a un accidente cerebrovascular (ACV) se les recetan aspirina, medicamentos para reducir el colesterol y fármacos para controlar la presión arterial con el fin de disminuir el riesgo de sufrir otro accidente cerebrovascular. Sin embargo, en el caso de las personas que padecen el común accidente cerebrovascular lacunar —un tipo de accidente cerebrovascular isquémico que ocurre cuando se bloquea una arteria pequeña y profunda del cerebro—, las investigaciones sugieren que estos tratamientos podrían no estar dirigidos al principal proceso que causa la enfermedad.
Un estudio publicado en Circulation encontró que los accidentes cerebrovasculares lacunares, que representan alrededor de una quinta parte de todos los ACV, podrían no deberse principalmente a los bloqueos arteriales que estos medicamentos buscan prevenir. En cambio, parecen estar relacionados con un fenómeno opuesto: el ensanchamiento y la torsión anormales de las arterias en el cerebro.
El estudio encontró que las personas que presentaban estas anomalías arteriales tenían casi cinco veces más probabilidades de sufrir un ACV lacunar.
“Este trabajo abre nuevas vías de investigación”, dijo a The Epoch Times el Dr. Deepak Bhatt, cardiólogo y director del Mount Sinai Fuster Heart Hospital, quien no participó en el estudio.

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Lo que reveló el estudio
El ACV lacunar suele estar causado por una enfermedad de los pequeños vasos cerebrales, que daña los diminutos vasos sanguíneos ubicados en las zonas profundas del cerebro y puede provocar deterioro cognitivo, demencia, dificultad para caminar y accidentes cerebrovasculares recurrentes.Los investigadores estudiaron a 229 personas que habían sufrido un ACV lacunar o un ACV isquémico leve no lacunar. Los participantes se sometieron a evaluaciones cognitivas y a varias resonancias magnéticas, lo que permitió a los investigadores analizar las anomalías de los vasos sanguíneos y hacer un seguimiento de nuevos daños cerebrales a lo largo del tiempo.
Los resultados mostraron que el estrechamiento de las arterias grandes —el modelo clásico de una arteria obstruida— era más frecuente en los ACV no lacunares (28.5 por ciento) que en los lacunares (14.5 por ciento). Incluso cuando los pacientes con ACV lacunar presentaban un estrechamiento arterial, la arteria afectada con frecuencia no irrigaba la misma zona del cerebro donde ocurrió el ACV, lo que hacía menos probable que fuera la causa.
El ensanchamiento, la torsión y el desplazamiento de las arterias revelaron un panorama diferente. Estas anomalías eran mucho más comunes en los pacientes con accidente cerebrovascular lacunar (22.1 % frente a 7.1 %), y quienes las presentaban tenían 4.7 veces más probabilidades de sufrir un accidente cerebrovascular lacunar.
El ensanchamiento arterial también se relacionó con una mayor carga de enfermedad de los pequeños vasos, un deterioro más rápido de la sustancia blanca y una mayor probabilidad de desarrollar nuevos infartos cerebrales.
Durante el año que duró el estudio, 59 participantes desarrollaron 130 nuevos infartos, de los cuales casi tres cuartas partes ocurrieron en las regiones profundas del cerebro que normalmente se asocian con la enfermedad de los pequeños vasos.
Por qué las arterias más anchas podrían ser un problema
A primera vista, el hallazgo parece contradictorio. Si el estrechamiento de una arteria limita el flujo sanguíneo, ¿no debería ser mejor que una arteria fuera más ancha?No necesariamente.
Los investigadores no sostienen que las arterias más anchas provoquen directamente los ACV lacunares. En cambio, el ensanchamiento anormal podría ser una señal de un trastorno más generalizado que afecta las paredes de los vasos sanguíneos profundos del cerebro.
“Creemos que el ensanchamiento de las arterias grandes que observamos en nuestro estudio refleja lo que ocurre en las pequeñas arteriolas del cerebro, que se vuelven más dilatadas y pierden la capacidad de contraerse y dilatarse para regular el flujo sanguíneo”, dijo Wardlaw.
Los vasos sanguíneos sanos son estructuras dinámicas. Se contraen y se dilatan en respuesta a las necesidades cambiantes del cerebro, ayudando a mantener un suministro constante de oxígeno y nutrientes. Si las paredes de los vasos pierden su estructura y elasticidad normales, esta regulación puede verse afectada.
Los investigadores señalaron que la misma anomalía subyacente en las paredes de los vasos podría afectar tanto a las arterias grandes como a las pequeñas: en las arterias más grandes se manifiesta como ensanchamiento y deformación, mientras que en los diminutos vasos responsables de los ACV lacunares puede provocar daños.
Por qué los tratamientos actuales podrían ser menos eficaces
Los hallazgos también podrían ayudar a explicar un antiguo dilema clínico: los tratamientos que funcionan bien para muchos ACV isquémicos parecen ser menos eficaces para prevenir la recurrencia de los ACV lacunares.Durante mucho tiempo ha prevalecido la idea de que los ACV lacunares, al igual que la mayoría de los accidentes cerebrovasculares, son consecuencia de la acumulación de placas de grasa que estrechan las arterias y reducen el flujo sanguíneo, o que provocan coágulos que bloquean el flujo de sangre al cerebro.
“Por ello, normalmente, los pacientes con un ACV lacunar reciben un medicamento antiplaquetario como la aspirina, además de medicamentos para reducir la presión arterial y los niveles de lípidos, con el objetivo de prevenir nuevos ACV lacunares y otros resultados adversos”, explicó Wardlaw.
Qué sigue
En el estudio, la mayoría de los nuevos infartos observados en las resonancias magnéticas eran infartos subcorticales pequeños, el tipo que suele estar relacionado con la enfermedad de los pequeños vasos. Los investigadores señalaron que los tratamientos futuros podrían tener que dirigirse de manera más directa al daño subyacente de estos pequeños vasos.Actualmente, ensayos como el LACunar Intervention Trial-3 (LACI-3), en el Reino Unido, están evaluando si el cilostazol y el mononitrato de isosorbida pueden proteger mejor los pequeños vasos sanguíneos del cerebro, reducir la recurrencia de los ACV y ralentizar el deterioro cognitivo después de un ACV lacunar.
Por ahora, los médicos deben seguir enfocándose en controlar los factores de riesgo vascular mientras la ciencia avanza, dijo Wardlaw. “Deben continuar controlando adecuadamente la presión arterial y los niveles de lípidos, y utilizar un solo antiplaquetario para la prevención secundaria, ya que eso es lo mejor que tenemos en este momento”.
Pero el mensaje general es difícil de ignorar. “Este trabajo respalda la idea de utilizar tratamientos diferentes para distintos tipos de ACV”, dijo Bhatt, aunque añadió que todavía se necesita más investigación para confirmar si la enfermedad de los pequeños vasos es el principal factor detrás de estos hallazgos.
Si este modelo resulta ser correcto, prevenir algunos de los accidentes cerebrovasculares más comunes podría requerir, en el futuro, mirar más allá de aquello que obstruye una arteria y prestar mayor atención a la salud de las propias paredes de los vasos sanguíneos.
























