Estados Unidos publica más libros de autoayuda que cualquier otro país del mundo. Libros como "Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva", de Stephen Covey, y "Cómo ganar amigos e influir en las personas", de Dale Carnegie, se han convertido en clásicos estadounidenses. También ocupamos el primer lugar en podcasts de autoayuda, que abarcan temas que van desde la motivación hasta el crecimiento personal y la mejora de la salud mental.
Desde la época colonial hasta el presente, los estadounidenses han buscado formas de superarse, consejos y trucos para resolver problemas grandes y pequeños, para romper con los malos hábitos y desarrollar los buenos, y para adquirir más bienes y dinero, confianza en sí mismos, tranquilidad y más —todo con el objetivo de ser más felices.
Dos preguntas esenciales
Arthur C. Brooks, escritor, podcaster y profesor, ha dedicado años a estudiar la felicidad, lo que significa y cómo la gente la alcanza. Imparte cursos sobre felicidad a estudiantes, ha escrito libros sobre el tema y lo ha investigado tan a fondo que se autodenomina "el profesor de la felicidad".En junio de 2026, Brooks se dirigió a la conferencia de la Alianza para la Ciudadanía Responsable (ARC) en Londres. El título oficial de su discurso fue "El significado de su vida: recuperar nuestra humanidad en la era del vacío".
Tras presentarse y hablar sobre el trabajo de su vida, Brooks dijo: "Déjeme definir la felicidad. La felicidad en sí misma es una combinación de disfrutar de su vida, sentir satisfacción por sus logros, pero, lo más importante, conocer el significado de su existencia, el 'por qué' de su vida".
Continúa diciendo que, durante años, les ha estado dando a sus alumnos un pequeño cuestionario para ver si conocen el sentido de sus vidas. Se trata de una prueba de dos preguntas que, según él, se aprueba si tiene respuestas, y se reprueba si responde: "Esas son preguntas en las que nunca había pensado antes" o "Esas preguntas no tienen respuesta". Estas son las preguntas:
"¿Por qué está vivo?"
"¿Por qué daría su vida?"
Brooks añade entonces: "Si tiene respuestas a estas preguntas, bien. Pero si no las tiene, eso es un problema porque estará a la deriva. No sabrá cuál es el sentido de su vida".
Datos y ciencia
A continuación, Brooks muestra a su audiencia londinense un gráfico que refleja el porcentaje de adultos jóvenes que, en una encuesta, afirmaron: "Siento que mi vida carece de sentido". Las cifras prácticamente se duplicaron entre 1990 y 2020, llegando al 30 por ciento entre las mujeres jóvenes y al 20 por ciento entre los hombres. En un artículo anterior publicado en línea, titulado "Por qué su vida 'perfecta' se siente tan vacía", Brooks señaló resultados similares en una encuesta reciente sobre la felicidad. También destacó que los síntomas de depresión mayor casi se habían triplicado entre 2005 y 2019. Tras la pandemia de COVID-19, escribió Brooks, los problemas no hicieron más que empeorar.No solo eso, sino que un porcentaje considerable de quienes afirmaron que sus vidas carecían de sentido eran personas ambiciosas, algunas de las mejores y más brillantes de su generación. Buscaban el éxito y los reconocimientos, pero sin tener una idea clara del objetivo final de esa carrera.
En su discurso, Brooks explica la compleja relación entre los hemisferios izquierdo y derecho del cerebro: el primero se encarga del cómo y qué de la vida, mientras que el segundo se centra en preguntas sencillas con respuestas complejas, como el amor, el sentido y el misterio. Brooks sostiene luego que nuestros celulares y pantallas apelan al hemisferio izquierdo, lo que deja al hemisferio derecho prácticamente ignorado. Aquí, dice, está una de las razones por las que tantas personas hoy en día, especialmente aquellas que crecieron con celulares, han perdido el rumbo. Inmersas en sus pantallas, han reprimido el aporte del hemisferio derecho en favor del izquierdo.
Brooks concluye citando lo que la sociedad, con su bagaje tecnológico, considera la fórmula del éxito: Ame las cosas, use a las personas, adórese a usted mismo. Esta, dice, es la fórmula falsa. Dicho de otra manera, las máquinas que usamos nos están convirtiendo en una especie de máquinas.
De vuelta a las dos preguntas
Si leemos con atención la primera pregunta de Brooks, vemos que es restrictiva. No nos pide que sepamos el sentido de la vida en general, sino el sentido de nuestras propias vidas.Brooks relata la historia de su hijo Carlos, quien andaba a la deriva durante la preparatoria, pasando horas al día navegando por su celular. Animado por su papá, Carlos no fue a la universidad y, en su lugar, trabajó durante meses en una granja, para luego alistarse en el Cuerpo de Marines. A los 23 años, ya estaba casado, tenía un hijo y había desarrollado una fe religiosa más sólida, así como la convicción de que su destino era servir a los demás, empezando por su familia.
Para quienes tienen dificultades para responder a la pregunta "¿Por qué está vivo?", podría ser útil abordar primero la segunda pregunta: "¿Por qué daría su vida?". Un esposo o una esposa podrían, de buena gana e incluso con alegría —como dice Brooks—, morir por su cónyuge. La mayoría de los padres morirían por un hijo. A lo largo de la historia, los soldados han dado la vida por sus compañeros. Leemos historias de personas que arriesgaron o perdieron la vida salvando a extraños de un incendio o de ahogarse.
Si determinamos por quién o por qué estaríamos dispuestos a morir, habremos dado un primer gran paso para afirmar para qué vivimos.
Toque, y se abrirá una puerta
En su discurso, Brook le dice a su audiencia que, en nuestra era de vacío y pantallas, plantear estas dos preguntas y buscar respuestas de manera intencional puede tener un impacto profundo en los jóvenes. Esa colisión constructiva impulsa a quien busca a volver a conectarse con el hemisferio derecho del cerebro y adentrarse en su reino de maravillas y misterio, la esencia de la filosofía, la poesía y la fe. Plantear las preguntas, especialmente la primera, es casi tan importante para una vida significativa y verdaderamente feliz como responderlas.Cuando le mencioné el cuestionario de dos preguntas a una amiga escritora que tiene menos de la mitad de mi edad, ella llegó al instante a esta misma conclusión. "Tengo muchos amigos que nunca se hacen esas preguntas", dijo. "Nunca se preguntan qué están haciendo aquí o cuál es el sentido. Simplemente van pasando sus días sin preguntarse por qué".
En su trabajo como profesor, Brooks ve a diario el daño que esto causa incluso en jóvenes brillantes —la depresión, la ansiedad, el vacío— que nunca han reflexionado sobre su propósito último en la vida. Para ellos, y para el resto de nosotros, estas preguntas pueden servir como un par de lentes de lectura, no para leer textos, sino para interpretarnos mejor a nosotros mismos y a las personas y los acontecimientos que nos rodean.
En consecuencia, esa búsqueda puede enriquecer nuestras vidas. En su libro recién publicado, "El sentido de su vida: Encontrar un propósito en una era de vacío", Brooks habla de la búsqueda del propósito de su propia vida mientras recorría el Camino de Santiago en España, parte de esa antigua red de senderos y caminos que, a lo largo de los siglos, han seguido innumerables peregrinos hasta el santuario de Santiago, una ruta que sigue siendo extraordinariamente popular hoy en día. Con respecto a esa travesía, Brooks escribe: "Si quiere encontrar el sentido de su vida, debe tratar la vida como el Camino: una peregrinación que abre su mente y su corazón. Cuando comience a vivir de esta manera, su vida adquirirá una apertura y una vulnerabilidad. Es entonces cuando su sentido lo encontrará".
Busque el sentido y encontrará la verdadera felicidad.





















