El expansionismo de Beijing contra Taiwán se enfrenta a una creciente oposición internacional; sin embargo, los expertos advierten de que el régimen desafiará la presión y seguirá ejerciendo una presión implacable sobre la isla, sin llegar a la guerra.
El Reino Unido, Francia y Alemania expresaron su preocupación por la actividad china en las aguas al este de Taiwán el 24 de junio.
Las acciones chinas “amenazan la estabilidad regional, así como la libertad de navegación y la seguridad del transporte marítimo internacional”, según un comunicado conjunto emitido por la Oficina Británica en Taipéi, la Oficina Francesa en Taipéi y el Instituto Alemán en Taipéi.
El Instituto Americano en Taiwán (AIT), que actúa de facto como embajada de EE. UU. en Taipéi, declaró ese mismo día que China había “socavado gravemente la estabilidad regional”, según un comunicado de prensa del Ministerio de Asuntos Exteriores de Taiwán.
“Estados Unidos rechaza cualquier pretensión china de interferir en la libertad de navegación y sobrevuelo… e insta a China a que cese su presión militar, diplomática y económica contra Taiwán”, declaró el AIT.
Las respuestas de los cuatro países se produjeron tras las provocaciones chinas del 6 de junio, cuando Beijing envió varios buques gubernamentales en un intento de traspasar las aguas restringidas de Taiwán.
El régimen chino afirmó que esta medida constituía una protesta contra los esfuerzos de Japón y Filipinas por delimitar las zonas económicas exclusivas superpuestas frente a la costa este de Taiwán, pero los analistas consideran que se trata de una táctica para avanzar hacia un bloqueo naval total de Taiwán.
Desde mayo, China ha intensificado sus operaciones en la "zona gris" —acciones provocadoras destinadas a intimidar al adversario sin llegar al umbral de la guerra— mediante el envío de buques de la guardia costera y de investigación a las aguas que rodean Taiwán.
Lo que está en juego
Frank Tian Xie, catedrático John M. Olin Palmetto de Negocios y Marketing en la Universidad de Carolina del Sur-Aiken y reconocido experto en los negocios, la sociedad y la economía chinas, afirmó que los gobiernos occidentales llevan mucho tiempo expresando su preocupación por la agresividad de Beijing, pero que era poco habitual que cuatro gobiernos emitieran este tipo de advertencias.“Esto demuestra que estos países están cada vez más al tanto de la creciente amenaza militar del PCCh contra Taiwán”, declaró Xie a The Epoch Times.
“El aumento de las patrullas del Ejército Popular de Liberación (EPL) en torno al estrecho de Taiwán podría tener graves repercusiones para la seguridad en la región del Indo-Pacífico”.
Lin Ting-hui, exsecretario general adjunto de la Sociedad de Derecho Internacional de Taiwán, señaló que los cuatro países son miembros fundamentales de la OTAN y que sus declaraciones indican que la alianza ha intensificado su enfoque en la defensa de la primera cadena de islas, que se extiende desde Japón, pasando por Taiwán, hasta Filipinas, y que se considera ampliamente como un amortiguador estratégico frente a la expansión de China en el Pacífico.
“Estos países no solo están defendiendo la libertad de navegación de Taiwán, sino que también están expresando su preocupación por Japón y Filipinas”, declaró Lin a The Epoch Times.
“La asertividad marítima de Beijing se ha convertido en un problema mundial, no solo en una disputa entre Taiwán y China”, señaló Lin.
Reforzar la disuasión de Taiwán
Lin señaló que la decisión tomada en junio por Washington de cambiar el nombre del Mando Indo-Pacífico de EE. UU. para volver a denominarlo Mando del Pacífico de EE. UU. refleja un intento de concentrar recursos en China, y se espera una mayor presencia naval estadounidense en torno a Taiwán en los próximos meses.“Las operaciones de vigilancia, detección y reconocimiento formarían parte de ese panorama”, afirmó Lin.
“Los buques patrulleros de la Guardia Costera de EE. UU., los buques gubernamentales y los buques de guerra podrían desplegarse con frecuencia frente a la costa oriental de Taiwán, demostrando así la determinación de defender Taipéi”.
Lin señaló que Washington también podría suministrar redes C4ISR avanzadas —que integran mando, control, comunicaciones, informática, inteligencia, vigilancia y reconocimiento— en futuros paquetes de armamento para ayudar a la isla a defenderse de la coacción china.
“Estos envíos podrían acelerarse tanto en plazos como en alcance, dado el comportamiento agresivo de Beijing”, afirmó Lin.
“El valor total podría superar con creces los 14 mil millones de dólares que se están barajando actualmente, con un mayor énfasis en las capacidades marítimas.”
A pesar de las especulaciones de que la visita del presidente Donald Trump a China en mayo provocó el retraso en las ventas de armas a Taiwán, el subsecretario de Estado para Asuntos de Asia Oriental y el Pacífico, Michael DeSombre, confirmó en una audiencia de la subcomisión de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes celebrada el 25 de junio que dichas ventas no dependen de las conversaciones con Beijing.
Maniobras coercitivas
Lin afirmó que el PCCh llevará a cabo una campaña implacable de acoso marítimo para consolidar su reivindicación de “jurisdicción efectiva” sobre Taiwán.“China irá más allá de las meras patrullas marítimas, intensificando sus acciones hasta llegar a la intimidación e incluso a la expulsión de buques civiles”, afirmó.
“Los funcionarios del PCCh aprovecharán estas operaciones de desestabilización para demostrar su lealtad política, con el objetivo de asegurarse nombramientos clave en el próximo 21.º Congreso del Partido”.
El 21.º Congreso del Partido de China es un conclave de liderazgo previsto para finales de 2027, en el que se esperan decisiones de alto nivel en materia de personal.
Lin señaló que estas tácticas marítimas desencadenarán inevitablemente enfrentamientos que afectarán no solo a Taiwán, sino también a naciones vecinas como Japón y Filipinas.
“Por ejemplo, cuando los buques de la Guardia Costera de Japón intervengan para proteger a los barcos pesqueros nacionales del acoso chino, las flotas opuestas podrían verse fácilmente envueltas en tensos enfrentamientos”, afirmó.
“No obstante, China intentará evitar la guerra, ya que su objetivo es demostrar una jurisdicción efectiva más que desencadenar un conflicto militar.”
Xie señaló que, aunque aumenta el escrutinio internacional sobre las ambiciones territoriales de Beijing, el impulso por absorber Taiwán implica que el régimen difuminará cada vez más la línea entre la paz y el conflicto al convertir los ámbitos civil y marítimo en armas.
“Es probable que China desate una guerra sin restricciones contra Taiwán, en lugar de recurrir a ataques de artillería convencionales o desembarcos anfibios en las playas”, afirmó Xie.
La guerra sin restricciones es una doctrina fundamental para el pensamiento geoestratégico del PCCh, en la que la guerra se considera un concepto amplio y flexible, que va mucho más allá de la acción militar convencional.
Xie advirtió de que, dado que la atención mundial se centra en los conflictos que tienen lugar en otros lugares, Beijing podría aprovechar la oportunidad para intensificar sus maniobras coercitivas contra Taiwán, sin llegar a un conflicto armado.
“Es muy probable que el PCCh intensifique sus operaciones en la zona gris contra Taiwán, y la población taiwanesa debe mantenerse en máxima alerta”, dijo.




















