Cuando comienzan los problemas de memoria, una de las preguntas más difíciles para los pacientes y sus familias es si reflejan el envejecimiento normal o las primeras etapas de la enfermedad de Alzheimer.
Durante décadas, confirmar la enfermedad de Alzheimer implicaba una punción lumbar o una costosa tomografía cerebral.
Ahora, un simple análisis de sangre, del tipo que se utiliza para los chequeos rutinarios, puede detectar los signos reveladores de la enfermedad años antes de que aparezca la pérdida de memoria.

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Este cambio cobró mayor relevancia con la reciente autorización por parte de la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA) de ciertas pruebas sanguíneas para detectar el Alzheimer, un hito que, según los expertos, podría facilitar el acceso a la evaluación y que llega junto con nuevos tratamientos modificadores de la enfermedad para pacientes en etapas tempranas.
"La detección temprana de la enfermedad de Alzheimer puede brindar acceso a terapias modificadoras de la enfermedad, como los tratamientos dirigidos al amiloide que actualmente solo están disponibles para el deterioro cognitivo leve o la demencia leve debida a la enfermedad de Alzheimer", dijo a The Epoch Times la Dra. Jennifer Pauldurai, neuróloga y directora médica del programa de Salud Cerebral y Trastornos de la Memoria en Inova.
Qué miden los nuevos análisis de sangre
Las pruebas buscan biomarcadores (proteínas en la sangre que indican cambios que ocurren dentro del cerebro, entre ellos):- Beta amiloide: Una proteína cuya acumulación anormal en el cerebro puede reflejarse en cambios medibles en la sangre. Las placas amiloides pueden comenzar a acumularse en el cerebro 20 años o más antes de que aparezcan los problemas de memoria. Aunque la teoría del beta amiloide ha sido cuestionada en los últimos años, todavía se utiliza como un biomarcador clave.
- Tau: Una proteína que ayuda a sostener las células nerviosas. En la enfermedad de Alzheimer, las formas anormales de tau pueden acumularse y formar ovillos dentro del cerebro.
- Tau fosforilada (p-tau): Formas modificadas de tau estrechamente relacionadas con los cambios cerebrales asociados al Alzheimer. Diversos análisis de sangre miden las formas modificadas de la proteína tau, a menudo denominadas según la localización del cambio, como p-tau181 o p-tau217. Las investigaciones sugieren que la p-tau217 podría ser uno de los indicadores más precisos de la enfermedad.
- Proteína ácida fibrilar glial: un marcador de inflamación en las células de soporte del cerebro.
- Cadena ligera de neurofilamento: una proteína que se libera cuando las células nerviosas se dañan, lo que puede indicar una neurodegeneración en curso.
Sin embargo, los investigadores advierten que estos marcadores reflejan los efectos posteriores, no las causas raíz.
"Todavía no sabemos cuál es el primer cambio en la enfermedad de Alzheimer", señaló George Perry, profesor de neurobiología de la Universidad de Texas en San Antonio y editor jefe de la revista Journal of Alzheimer's Disease, a The Epoch Times.
¿Qué tan precisas son las pruebas?
Mediante la medición de cambios sutiles en proteínas como la p-tau217 y la beta-amiloide, las nuevas pruebas de sangre pueden estimar si el cerebro presenta marcadores de la enfermedad de Alzheimer.Un estudio realizado en 2024 con 1213 personas evaluadas por problemas de memoria y cognitivos reveló que estas pruebas tenían una precisión de entre el 88 % y el 92 %, y superaban las valoraciones realizadas únicamente por profesionales médicos.
Otro estudio realizado con 1759 participantes reveló que los análisis de sangre podían igualar la precisión del análisis del líquido cefalorraquídeo, hasta en un 95 %, en personas con síntomas tempranos.
Sin embargo, estas cifras no deben interpretarse como que todas las pruebas de sangre para detectar el Alzheimer tienen una precisión del 95 %. El rendimiento varía según lo que se busca en la prueba, el tipo de análisis de laboratorio, el umbral utilizado para determinar un resultado positivo o negativo y las características del paciente.
"Nuestro objetivo final es prevenir la enfermedad de Alzheimer, no tratarla una vez que se padece", indicó en un comunicado el Dr. Abhay Moghekar, profesor de neurología y director de investigación de la Facultad de Medicina Johns Hopkins y uno de los desarrolladores del análisis de sangre.
Un resultado positivo no lo dice todo
A pesar de la exactitud de las cifras, los expertos coinciden en que un análisis de sangre por sí solo no puede diagnosticar el Alzheimer.La mayor preocupación es la mala interpretación, dijo a The Epoch Times el Dr. David Perlmutter, neurólogo certificado y autor.
"Un falso positivo puede causar temor innecesario, mientras que un falso negativo puede generar una falsa sensación de seguridad. Estas pruebas deben utilizarse en el contexto clínico y con asesoramiento psicológico", dijo Perlmutter.
Perry estableció una comparación con una herramienta de detección conocida, aunque notoriamente imperfecta: "Veo los análisis de sangre para la enfermedad de Alzheimer de forma muy similar a la prueba del PSA [antígeno prostático específico]. Un resultado positivo indica una desviación de la normalidad, pero no significa necesariamente que una persona tenga la enfermedad".
Según él, los análisis de sangre podrían servir como una medida de referencia útil, pero es necesario comprender mejor sus limitaciones.
Por eso, Perry advierte contra el uso de estas pruebas para el cribado de la población general de edad avanzada. Los falsos positivos podrían llevar a personas cognitivamente sanas a someterse a tratamientos innecesarios o riesgosos para prevenir una enfermedad que tal vez no padezcan o nunca desarrollen.
Su mayor utilidad a corto plazo podría ser en el estudio del Alzheimer: definir poblaciones de pacientes y medir la eficacia de distintos tratamientos, afirmó.
Según Perlmutter, estas pruebas deben considerarse parte de una evaluación clínica más amplia, junto con los síntomas, los antecedentes familiares, las pruebas cognitivas, los medicamentos, el sueño, el estado de ánimo, el riesgo vascular, los marcadores de salud metabólica y otras posibles causas de los problemas cognitivos.
Dependiendo del análisis de sangre y la evaluación de los síntomas, puede ser apropiado realizar pruebas con líquido cefalorraquídeo o tomografía por emisión de positrones (PET) para confirmar el diagnóstico.
¿Y las personas sin problemas de memoria?
Los investigadores saben desde hace años que los cambios biológicos asociados con el Alzheimer pueden comenzar mucho antes de que aparezcan problemas de memoria evidentes. Los biomarcadores sanguíneos podrían permitir, en el futuro, estimar el riesgo de una persona mucho antes.Un estudio reciente publicado en JAMA siguió a 2684 adultos mayores sin deterioro cognitivo en seis cohortes de investigación. Se observó que niveles más altos de p-tau217 se asociaban con una mayor probabilidad de desarrollar deterioro cognitivo.
En un período de cinco años, se estimó que el 12 % de los participantes del grupo con los niveles más bajos de p-tau217 desarrollaron deterioro cognitivo, en comparación con el 38 % de los del grupo con niveles muy altos.
Sin embargo, esas cifras también ilustran por qué un biomarcador puede no ser determinante para el destino: la mayoría de las personas en el grupo de riesgo muy alto no habían desarrollado deterioro cognitivo en un plazo de cinco años.
Los investigadores concluyeron que las pruebas para detectar la proteína p-tau217 podrían contribuir a la elaboración de estimaciones individualizadas del riesgo de padecer Alzheimer, al tiempo que recalcaron que es necesario realizar más pruebas en otras poblaciones antes de que dichas estimaciones puedan orientar de forma rutinaria la atención médica de quienes no presentan síntomas de Alzheimer.
Qué puede cambiar la detección temprana
Para los pacientes que muestran signos de deterioro cognitivo, un diagnóstico temprano puede brindar la oportunidad de realizar cambios en el estilo de vida que favorezcan la salud cerebral.Un estudio de dos años realizado con 1260 adultos mayores con mayor riesgo de demencia combinó ejercicio, alimentación saludable, entrenamiento cognitivo, participación social y control de la salud cardiovascular. En conjunto, el programa produjo una mejora del 25 % en la función cognitiva general y una mejora del 83 % en la función ejecutiva en comparación con un grupo de control.
"Un análisis de sangre no determina el destino; es información", dijo Perlmutter. "El objetivo no es predecir el futuro, sino cambiarlo".
























