Opinión
Una entidad estatal china se convirtió en la tercera del mundo en lograr recuperar con éxito y de forma controlada un propulsor de cohete de clase orbital.
La Corporación de Ciencia y Tecnología Aeroespacial de China (CASC, por sus siglas en inglés), a través de una de sus filiales, logró la primera recuperación de este tipo para China y la segunda para cualquier país después de Estados Unidos. Esto indica que la tecnología china de cohetes reutilizables solo está por detrás de la estadounidense, incluida la desarrollada por SpaceX.
Esta innovación representa una seria amenaza, ya que la CASC trabaja tanto para el Partido Comunista Chino (PCCh) como, presuntamente, en cooperación con Rusia en numerosas tecnologías relacionadas, entre ellas armas espaciales, destrucción de satélites adversarios, municiones para drones autónomos y sistemas integrados de defensa aérea y antimisiles.
Según informes, la CASC tiene planes para destruir satélites de SpaceX, de los que dependen Estados Unidos y las fuerzas armadas de sus países aliados.
La recuperación de la CASC fue la primera en el mundo en utilizar una enorme red instalada sobre una plataforma marítima. La CASC fue apenas la tercera empresa en lograrlo, después de SpaceX en 2015 y Blue Origin en 2025. El propulsor pertenecía al cohete Long March 10B, de 63 metros (207 pies) de altura, capaz de poner en órbita baja terrestre (LEO) una carga útil de 16 toneladas métricas (35,000 libras).
El propulsor de la CASC tenía un diámetro central de 5 metros (16.4 pies). En una primicia mundial, utilizó ganchos en lugar de patas para aterrizar, una impresionante innovación tecnológica. Al parecer, China también está desarrollando otro cohete recuperable con un diámetro de 7 metros.
El 10B despegó el 10 de julio desde la isla de Hainan, en el sur de China. El propulsor utilizó un sistema automatizado para aterrizar sobre una plataforma marítima equipada con una gran red de cables tensados, ubicada a unos 430 kilómetros (267 millas) de la trayectoria de lanzamiento, en el mar de China Meridional.
La CASC sostiene que estas innovaciones permiten que los cohetes reutilizables con ganchos transporten una mayor carga útil, debido a la reducción de peso que supone prescindir de las patas de aterrizaje. Además, recuperar el propulsor mar adentro reduce el combustible adicional necesario para devolverlo al lugar de lanzamiento original en algunos cohetes recuperables. La filial de la CASC que desarrolló el sistema es la Academia China de Tecnología de Vehículos de Lanzamiento.
Es probable que este sistema de recuperación reduzca el costo de los lanzamientos de satélites de China y contribuya a su plan de enviar astronautas chinos a la Luna para 2030. También proporcionará a las fuerzas armadas chinas una nueva tecnología de uso dual que representará una amenaza para los activos estadounidenses en el espacio y en tierra mediante constelaciones de satélites, armas antisatélite, capacidad de lanzamiento masiva y una base industrial de misiles reforzada que también fabrica misiles balísticos intercontinentales.
SpaceX ha utilizado su cohete recuperable Falcon 9 para enviar al espacio más de 12,000 satélites Starlink. La empresa fue fundamental para crear Starshield, una constelación de satélites que proporciona al Ejército estadounidense comunicaciones seguras y capacidades de inteligencia.
SpaceX también está proporcionando una nueva red de datos a la Fuerza Espacial de EE. UU., así como un sistema para rastrear objetos en movimiento en tierra y en el aire. No solo Starshield, sino también las terminales más económicas de Starlink son utilizadas ampliamente por las fuerzas armadas estadounidenses para comunicaciones, operaciones contra drones y drones de ataque de largo alcance de un solo uso.
Según se alega, el régimen chino está actuando de forma agresiva contra los sistemas de SpaceX mediante un plan de la CASC propuesto a Rusia para limitar su funcionamiento a través de un proceso de varias etapas. Este incluiría restricciones regulatorias basadas en el derecho internacional contra los satélites de SpaceX; competencia por las bandas de frecuencia y las posiciones orbitales limitadas asignadas por organizaciones internacionales; interferencias de potencia, electromagnéticas y cibernéticas dirigidas contra los satélites de SpaceX; y, finalmente, una opción cinética para eliminar satélites mediante armas de bajo costo capaces de destruir varios satélites de SpaceX en órbita.
Para esta última tarea, la CASC presuntamente propone desarrollar un arma lo suficientemente económica como para destruir satélites a un ritmo mayor del que SpaceX pueda reemplazarlos mediante nuevos lanzamientos.
La CASC es la primera entidad china en lograr la recuperación controlada de un propulsor, pero muchas otras empresas del país están intentando conseguirlo. Es probable que al menos algunas lo logren en un futuro cercano, acelerando aún más el crecimiento, ya de por sí exponencial, de los lanzamientos chinos, que pasaron de 39 en 2020 a más de 90 en 2025.
Este año, China tiene como objetivo realizar 140 lanzamientos. Es probable que esa cifra supere el número de lanzamientos estadounidenses a medida que China madure sus tecnologías de lanzamiento y recuperación.
En los próximos uno o dos años, se esperan más recuperaciones de cohetes chinos y un crecimiento acelerado de las constelaciones de satélites del país, que buscarán competir con los sistemas de SpaceX y Amazon Leo (antes conocido como Project Kuiper). Amazon Leo busca ampliar radicalmente el acceso global a internet de banda ancha mediante 3.236 satélites en órbita baja terrestre.
Los planes de China para competir con SpaceX y Amazon son ambiciosos y se verán directamente beneficiados por sus innovaciones en cohetes recuperables. Entre las constelaciones de satélites que China planea desarrollar se encuentran Guowang (Red Nacional) y Qianfan (Mil Velas), que en conjunto prevén contar con más de 28,000 satélites en órbita baja terrestre.
Las constelaciones ya tienen más de 350 satélites en órbita, que prestan servicios no solo a empresas comerciales chinas, sino probablemente también a clientes militares y de inteligencia. Serán fundamentales para el despliegue global de drones militares chinos que dependen de sistemas satelitales globales sólidos y confiables para su navegación, comunicaciones y vigilancia.
Qianfan, que planea poner en órbita 15,000 satélites para 2030, competirá con los esfuerzos de Estados Unidos por conquistar el mercado mundial de internet satelital de banda ancha. Qianfan ya ha firmado acuerdos de prueba con Brasil, Turquía, Malasia y Kazajistán. Si estos países desean mantener sus alianzas democráticas y el acceso a los mercados de Estados Unidos y sus aliados, deberían cancelar sus acuerdos con China.
El auge de las tecnologías de cohetes reutilizables en China pondrá en riesgo la seguridad nacional de Estados Unidos y sus aliados. El rápido avance de las tecnologías chinas de misiles y del sector espacial debería frenarse mediante la imposición de controles de exportación por parte de Estados Unidos y sus aliados sobre componentes de precisión, semiconductores, máquinas herramienta y materias primas que abastecen a los sectores de lanzamiento de China y Rusia, mientras ambos países eluden deliberadamente las sanciones mediante el intercambio de mercancías entre sí.
Además, deberían ampliarse los aranceles y las sanciones económicas contra ambos países para afectar sus economías, que sirven como base tributaria para financiar sus respectivos gastos militares y espaciales, en los que ambos se apoyan mutuamente.
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