Las investigaciones demuestren claramente la importancia de los padres presentes y comprometidos con la vida de sus hijos. Los hijos cuyos padres participan activamente en sus vidas tienen el doble de probabilidades de ir a la universidad, un 80 por ciento menos de probabilidades de ir a la cárcel y un 75 por ciento menos de probabilidades de sufrir un embarazo adolescente.
Pero la importancia va aún más allá. Un estudio realizado en la Universidad Tecnológica de Mongolia Interior reveló que "cuanto más tiempo pasan los padres con sus hijos, mayor es el bienestar de estos", lo cual indica que cuanto más involucrados estén los padres (y las madres), mejor. El bienestar de los niños aumenta con la cantidad de horas que pasan con uno o ambos padres.
Estas consideraciones justifican que los padres trabajen desde casa en la medida de lo posible, incluso si son el principal sostén económico de la familia. De hecho, los beneficios de que los padres permanezcan físicamente presentes en el hogar podrían ser tan significativos que los hombres deberían priorizar las carreras profesionales que lo permitan.
El hecho de que esta propuesta —que los hombres prioricen el teletrabajo siempre que sea posible— resulte poco convencional hoy en día revela hasta qué punto nos hemos alejado de las concepciones tradicionales del hogar y su papel en la vida económica y social.
El modelo tradicional
Las sociedades preindustriales solían considerar el hogar como el centro de la vida. No era solo un lugar para descansar después de un día de trabajo y un largo trayecto a través de un tráfico caótico. Era el corazón del ocio, la unión familiar e incluso la producción económica. Cuando la economía se basaba en una serie de pequeños negocios, tiendas y granjas, a menudo familiares, el hogar era mucho más que un lugar para ver televisión y dormir: era donde se desarrollaban la vida y el sustento.Para el panadero que vivía encima de su tienda o el agricultor en su parcela, el hogar lo era todo: el lugar de sustento de la familia y donde gozaban de los frutos de su trabajo. Las escenas de los niños jugando bajo los manzanos se fusionaban armoniosamente con la recolección de verduras del huerto, que a su vez se transformaba en la familia reunida alrededor de la mesa y la chimenea para disfrutar de la comida, la compañía y la música.
Este modelo también difuminaba los límites entre las tareas del hogar y la carrera profesional (y, por lo tanto, quizás ayudaba a minimizar la tensión entre los sexos que puede surgir de esta dicotomía). En el sistema centrado en el hogar, las tareas domésticas, la crianza de los hijos y la carrera profesional estaban más integradas, y las tres dependían del esfuerzo tanto del marido como de la mujer.
Esta otra visión tradicional, posiblemente más antigua, está ligada a una sólida noción de la comunidad familiar. En ella, el florecimiento humano, entendido principalmente en términos de profundidad de carácter y relaciones, exige una comunidad de vida cotidiana marcada por importantes actividades laborales y de ocio. El orden adecuado y el buen funcionamiento de dicha comunidad requieren la importante inversión tanto del marido como de la mujer, del padre y la madre.
De manera similar, Dale Ahlquist, al comentar las ideas económicas y sociales de G.K. Chesterton, articuló el modelo económico y social centrado en el hogar que Chesterton intentaba preservar tras la revolución industrial. "El ideal de Chesterton no solo exigía que las madres se quedaran en casa, sino también que los padres lo hicieran. El negocio familiar, la idea de la autosuficiencia, no solo contribuiría a crear familias más fuertes y sanas, sino también una sociedad más fuerte y sana".
Los sistemas sociales y económicos modernos, por consiguiente, han desplazado el centro de gravedad del hogar al lugar de trabajo o a la escuela. La industrialización y la corporativizarían atrajeron a hombres y mujeres de las granjas o los negocios familiares a las fábricas y, posteriormente, a los edificios de oficinas, mientras que los niños —que ya no representaban un activo económico que pudiera contribuir al negocio familiar— se dispersaron hacia las escuelas y guarderías.
A pesar de sus innegables beneficios, este nuevo modelo económico ha tenido efectos potencialmente perjudiciales al perturbar la conexión familiar y el arraigo que surgen de una economía basada en el hogar.
Soluciones modernas
Por supuesto, no vamos a regresar a una economía preindustrial. Pero eso no significa que ninguno de sus elementos positivos pueda incorporarse al sistema contemporáneo. De hecho, nuestros logros industriales y tecnológicos pueden haber abierto un camino para recuperar algunos de estos beneficios. Internet ha abierto un sinfín de nuevas oportunidades laborales que pueden realizarse desde casa.Aquí es donde la sugerencia de que los padres (y las madres) busquen oportunidades de trabajo desde casa se vuelve más factible. Si un hombre no puede administrar una granja o una tienda en el mismo lugar que su dormitorio, eso ya no tiene por qué impedirle convertir su hogar en su lugar de trabajo, lo que le permite estar más presente con su familia.
Muchos trabajos corporativos ahora se pueden realizar de forma remota, al igual que innumerables trabajos independientes o por cuenta propia.
Por experiencia propia, la transición de un trabajo fuera de casa a uno desde casa ha sido una gran bendición para mí y mi familia. Algunos de los beneficios son: puedo ver más a mi esposa e hijas durante el día; mi esposa, que no trabaja fuera de casa, se siente menos sola; compartimos más comidas en familia; puedo ayudar a mi esposa con el cuidado de los niños y otras necesidades a lo largo del día; tengo mayor flexibilidad en mi horario; ahorro dinero, tiempo y estrés al no tener que desplazarme al trabajo; la hermosa realidad del hogar ha adquirido un significado más profundo; y hemos echado raíces más fuertes.
Claro que esto no será posible para todos. Pero no es un mal ideal al que aspirar.
Si deseamos construir una sociedad que valore y proteja la vida familiar, podríamos empezar por pasar más tiempo en casa, en un ambiente hogareño. Podríamos empezar por priorizar el hogar y reconocer que solo puede ser "donde está el corazón" si le prestamos la atención que merece. Cuddeback insiste: "Sugiero que el verdadero bienestar de las personas —jóvenes, adultos y ancianos— exige un cambio radical en nuestra comprensión y práctica de la vida familiar, y una mayor implicación paterna".
En lugar de ver el hogar y la carrera profesional como una fuerte competencia, los padres pueden recontextualizar el tema integrando la carrera, el mantenimiento del hogar, la producción de alimentos, las tareas domésticas, el cuidado de los hijos, el tiempo en familia y el tiempo libre bajo el concepto de "el arte del hogar". Trabajar desde casa puede ser un paso importante en esa dirección.
Cuando un hombre se casa con una mujer, le dice, en esencia, que quiere pasar el resto de su vida con ella. Cuando ambos cónyuges se quedan en casa juntos, expresan de forma hermosa y directa ese anhelo del corazón.





















