Los pacientes con cáncer de páncreas avanzado —una enfermedad que suele ser mortal en el plazo de un año— vivieron casi el doble de tiempo cuando se les añadió un suplemento común de aminoácidos a su quimioterapia, según un pequeño ensayo en etapa inicial realizado en el Cedars-Sinai.
En el ensayo de fase I, publicado recientemente en Nature Cancer, los investigadores del Cedars-Sinai administraron a 16 pacientes medicamentos quimioterapéuticos estándar (gemcitabina y nab-paclitaxel) más L-glutamina, un aminoácido que se produce naturalmente en el cuerpo y ayuda a la digestión.
La L-glutamina está aprobada por la FDA como tratamiento para la anemia falciforme, aunque esa aprobación no tiene relación con su eficacia contra el cáncer; simplemente significa que el compuesto ha sido bien estudiado y está disponible.

Salud real, sin ruido.
En Epoch Salud seleccionamos investigaciones, consejos de expertos y remedios naturales para cuidar tu bienestar y el de tu familia.
Suscríbete y recibe cada semana lo más relevante en salud, directamente en tu correo.
Los pacientes que tomaron el suplemento junto con la quimioterapia sobrevivieron una mediana de 22 meses, muy por encima del rango típico de 8 a 13 meses. Los investigadores también observaron un beneficio secundario: la mitad de los pacientes mantuvo su peso corporal durante el tratamiento, algo inusual para un cáncer que a menudo causa una pérdida grave de peso y masa muscular.
La fuente de energía del cáncer utilizada en su contra
La relación entre la L-glutamina y el cáncer de páncreas es un área compleja y en constante evolución de la oncología. Las investigaciones demostraron que las células del cáncer de páncreas son adictas a la L-glutamina, ya que la utilizan como fuente principal de energía para crecer y sobrevivir. Por eso, resultaba una decisión extraña administrarles más de esta sustancia a los pacientes.En un principio, los investigadores no buscaban combatir el cáncer directamente con L-glutamina. Su objetivo era proteger el intestino. Tanto el cáncer de páncreas como la quimioterapia dañan la digestión, lo que puede provocar una peligrosa pérdida de peso. Se sabe que la L-glutamina ayuda a sanar el revestimiento intestinal, por lo que el equipo esperaba que aliviara ese efecto secundario.
Lo que descubrieron apuntaba a algo más: cuando las células cancerosas se exponían a altas dosis de L-glutamina, se volvían más vulnerables a la quimioterapia, lo que coincidía con las reducciones en el tamaño de los tumores observadas en los pacientes.
El efecto sobre el microbioma podría explicar el beneficio
El mecanismo podría reducirse a la dosificación, según el profesor Jordan Winter, del Departamento de Cirugía de la Facultad de Medicina y del Centro Oncológico Integral Case de la Universidad Case Western, quien no participó en el estudio.Si bien las células cancerosas requieren L-glutamina para crecer, dependiendo de la cantidad que se administre y del contexto, la misma molécula que normalmente favorece a los tumores podría actuar en su contra una vez que se inicia la quimioterapia, explicó a The Epoch Times.
Estos hallazgos podrían hacer que la L-glutamina pase de ser un factor que favorece el cáncer a convertirse en un agente terapéutico.
La biología básica no ha cambiado, señaló Winter: es probable que la L-glutamina siga alimentando a las células cancerosas en cierta medida. "Así que, en cierto modo, probablemente siga contribuyendo a que el cáncer prolifere, crezca y sobreviva". Pero lo que proponen los autores, señaló, es que también está teniendo un efecto terapéutico a través de sus efectos sobre el microbioma.
"Esto genera hipótesis, no es un hallazgo revolucionario".
Un experto insta a la precaución
Investigadores externos afirman que los hallazgos son intrigantes, pero no deben exagerarse."Yo describiría los hallazgos como prometedores, más que como algo que cambie la práctica clínica", declaró a The Epoch Times la Dra. Jaekyung Cheon, miembro asociado del Departamento de Oncología Gastrointestinal del Moffitt Cancer Center en Tampa, Florida, quien no participó en el estudio.
"Con solo 16 pacientes, unos pocos que respondan de manera excepcional pueden influir sustancialmente en los resultados", señaló Cheon.
Lo más importante es que, sin un grupo de control aleatorizado, no se puede determinar si los resultados favorables se debieron a la L-glutamina, agregó.
"Estos hallazgos merecen una investigación más profunda en un ensayo aleatorizado más amplio antes de cambiar la práctica clínica".
























