Los denominados “genes del reloj biológico” podrían influir en el riesgo de obesidad infantil, lo que refuerza la creciente evidencia que vincula los patrones de sueño con los hábitos alimenticios, según sugiere un nuevo estudio.
Los genes del reloj biológico constituyen una categoría de genes relacionados con los ritmos circadianos, los cuales regulan los procesos celulares siguiendo un ciclo de 24 horas, según un estudio reciente de la Universidad de Guelph publicado en junio en la revista Nutrients.
Aunque todos los seres humanos comparten los mismos genes, las variaciones individuales en estos genes explican rasgos como el color del cabello y de los ojos, señalaron los investigadores. Para este estudio, examinaron variaciones en los genes relacionados con el ritmo circadiano que se asociaban con diferencias en los hábitos alimenticios, incluyendo una mayor ingesta calórica y cambios en la ingesta de macronutrientes específicos en niños pequeños, según se constató.
Los hallazgos contribuyen a un creciente conjunto de evidencia que vincula la genética circadiana con el comportamiento alimentario, señaló el Dr. David Ma, profesor de ciencias de la salud humana de la Universidad de Guelph, en un comunicado de prensa.
“Los genes del reloj biológico han despertado un gran interés como moduladores del riesgo de enfermedad”, dijo Ma. “Estos hallazgos demuestran que es importante estar atentos a los ritmos naturales de nuestro cuerpo, ya que estos pueden influir en el comportamiento alimentario y en el riesgo de padecer enfermedades crónicas más adelante en la vida. Esto es importante porque los comportamientos saludables, como el sueño, la actividad física y los hábitos alimenticios, se aprenden en las primeras etapas de la vida”.
Los investigadores señalaron que estudios anteriores han identificado asociaciones entre la genética circadiana y los hábitos alimenticios, pero este es el primer estudio que investiga la relación entre los genes del reloj biológico y los hábitos alimenticios en niños en edad preescolar.
Los investigadores analizaron los registros alimenticios de 168 niños de entre dos y seis años, centrándose en ocho genes del reloj biológico asociados con la obesidad, la diabetes y los comportamientos alimenticios. Esta etapa del desarrollo es crucial porque los hábitos alimenticios tempranos pueden influir en el riesgo de padecer enfermedades más adelante en la vida, señaló Zach Ribau, bioinformático del Estudio de Salud Familiar de Guelph.
Los investigadores dijeron que los hábitos alimenticios durante las primeras etapas del crecimiento infantil pueden influir en el riesgo de desarrollar enfermedades más adelante en la vida.
“En este artículo, analizamos solo un momento específico”, señaló Ribau en el comunicado de prensa, pero acotó que se están llevando a cabo estudios observacionales adicionales, lo que podría permitir descubrir hipótesis más detalladas.
Los investigadores que participan en el proyecto también están analizando los comportamientos familiares, la nutrición, el sueño y el estrés, y evaluarán cómo estos factores afectan la salud a largo plazo de los niños pequeños, al tiempo que ofrecerán estrategias para fomentar hábitos saludables.
Mencionó que analizarán si estas asociaciones se mantienen a medida que los niños y los padres crecen.
“Esta investigación se encuentra en sus primeras etapas”, señaló Ribau. “Se trata de un panorama complejo. De ninguna manera sería este el único aspecto a considerar, pero sí constituye un factor que contribuye a la obesidad en los niños”.




















