No sé nada, y ese es el punto
Creía que tenía el mundo resuelto. Creía que podía ver todos los ángulos, comprender todos los motivos, juzgar a todos los villanos y coronar a todos los héroes. Me sentía moralmente superior en mi visión del mundo, no de forma ruidosa ni desagradable, sino internamente, con confianza. Era una buena persona. Lo entendía todo. Podía explicarlo.





















