Una joven madre y su bebé de 18 días de vida lograron ser rescatados luego de permanecer 32 horas atrapados en el edificio donde vivían a causa de los graves terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 que azotaron Venezuela. La madre relata que la fe y su bebé fueron sus motores hacia la supervivencia.
Gersen Trujillo, esposo de Dayana Patiño y padre del pequeño Juan David, acababa de llegar a su casa y bajaba de su auto la tarde del 24 de junio, cuando vio cómo el edificio donde se encontraban su mujer y su hijo colapsaba ante sus ojos. Trujillo consiguió ponerse a salvo saltando una cerca, reportó la BBC.
Dayana, quien está actualmente hospitalizada en la Clínica Ávila, le contó al medio local Globovisión en una entrevista, que regresaba de pasear a su perra y se disponía a lavar los platos en su vivienda del octavo piso, ubicado en Catia La Mar, estado de La Guaira, al momento del temblor.
Al sentir el primer movimiento sísmico, buscó de inmediato a su bebé, lo tomó en brazos y se sentó pensando que sería un temblor leve. Al ver que no era así, fue a buscar a su perra. De pronto, el balcón se desplomó haciéndole perder el equilibrio, relató.
La joven madre describió el momento de la caída como una sensación de ahogo por un segundo, para luego caer en una especie de fosa. Explicó que la sensación posterior fue la de estar atrapada dentro de una cápsula de cemento.
“Con el niño en brazos no sé cómo no lo solté, yo sentí como que entré en agua, como que me ahogué por un segundo, agua y tierra y luego seguido caí como en un hueco con mi bebé en el pecho”, dijo la madre, desde la cama del hospital.
En esos momentos reconoció que dudó de su fe.
“Yo empecé mucho a renegar de Dios, ¿por qué me haces esto, por qué voy a terminar así, si yo soy buena hija, soy buena esposa, o sea, no le he hecho daño a nadie, ¿por qué me haces esto?", pensó para sí misma.
Sin embargo, su fe resurgió con fuerza tras un suceso que Dayana sintió como una señal. Relató que, aunque el golpe podría haberle roto la cadera, sintió un bulto detrás de ella que aparentemente le amortiguó la caída. Cuando movió la mano para ver qué era, se percató de que era una Biblia.
A partir de ese momento sus pensamientos se transformaron.
"Yo dije: 'Bueno, no sé cómo, porque donde yo estaba era imposible sacarme. No sé cómo, pero yo me voy a salvar'", relató la madre venezolana.
"Mi hijo (...) y la Biblia fue lo único que me mantuvo serena. Yo no perdí nunca el conocimiento, yo nunca dormí, nunca sentí claustrofobia, siempre sentía una luz y aire", agregó.
En ese momento comenzó su "camino hacia la supervivencia" y, a pesar de la dificultad del confinamiento, logró mantener la calma.
"No sé cómo (...), porque tenía la pierna izquierda atrapada bajo el concreto. No podía moverme. Tenía la sien presionada contra una roca", dijo la joven madre a la BBC.
Su pequeño Juan David la mantenía con fuerza. Como podía mover un poco los brazos, de vez en cuando le tocaba la nariz a su bebé para comprobar si seguía con vida. La madre relató que fue él quien la mantuvo despierta y alerta.
"Yo todo era por mi bebé; mientras él estuviera vivo, ese era mi motor para estar despierta y alerta. Mientras él estuviera vivo, yo iba a estar viva para él", relató Dayana.
“Cada cierto tiempo le tocaba la naricita y así era la fe de vida de él que estaba respirando”, agregó.
Tras notar que sus gritos iniciales de auxilio no eran escuchados, tomó la decisión de racionar sus energías y guardar silencio hasta percibir que los rescatistas estuvieran lo suficientemente cerca.
"Me di cuenta que nadie me escuchaba", explicó. Entonces decidió que no iba a gastar energía hasta que escuchara pasos o gente cerca, fue entonces cuando escuchó la voz de su hermano llamándola por su nombre.
"Me dije: 'Esta es mi única oportunidad'. Grité con todas mis fuerzas... grité '¡Aquí estoy!' con todo el vigor que pude, y él respondió: 'Te he encontrado y te prometo que no me iré hasta sacarte de ahí'", le prometió su hermano.
Y cumplió su promesa.
El jueves 25 de junio por la noche, 32 horas después, lograron rescatar a Dayana y a su bebé Juan David. La joven madre sufrió heridas en ambas piernas, mientras que su bebé solo presentó lesiones leves.
En un video que circula en redes sociales se ve a los rescatistas sobre los escombros, ya entrada la noche, pasando al bebé de 18 días de brazo en brazo, mientras el padre, un poco más atrás y abajo, se lleva las manos a la cabeza en señal de incredulidad. Cuando el pequeño llega hasta él, las personas que lo rodean comienzan a aplaudir. El padre cierra los ojos y eleva la cabeza al cielo, visiblemente emocionado. No fueron necesarias las palabras para expresar su agradecimiento por tener a su hijo con vida nuevamente en sus brazos.
El Sr. Trujillo describió la experiencia como algo "indescriptible".
"Yo ya los daba por muertos. Y al verlo a él, yo sentí que volví a nacer. Al ver a mi hijo, yo sentí... no lo creía. Le di gracias a Dios. Todo esto es un milagro", declaró a la BBC.



















