CEUTA, España—El camino hacia el paso fronterizo de Tarajal ya no conduce a Europa. El viernes, conducía hacia afuera. A lo largo de kilómetros por el extremo sur de este enclave español en el norte de África, columnas de jóvenes avanzaban con dificultad bajo el calor del verano hacia Marruecos, pasando junto a soldados y vehículos blindados, volviendo a recorrer a pie un viaje que muchos habían iniciado a nado apenas un día antes.
El Ministerio del Interior de España informó que alrededor de 50,000 personas habían cruzado la frontera desde la mañana del jueves, y estimó que 48,300 de ellas ya habían regresado a Marruecos a las 6 p. m. del viernes.
Sin embargo, después de esa hora, The Epoch Times observó columnas de migrantes, en su gran mayoría jóvenes, que aún se extendían por aproximadamente tres kilómetros a lo largo de la Avenida Martínez Catena, la larga carretera que conduce al paso fronterizo de Tarajal.
Otros, aunque en número mucho menor que en el momento álgido de la afluencia, seguían cruzando a nado la frontera marítima hacia la ciudad sin que nadie los detuviera.
Otros más permanecían en la frontera y, al menos por ahora, no parecían dispuestos a abandonar el territorio español.
La magnitud de la crisis no tiene precedentes en España. Los migrantes nadaron rodeando el rompeolas fronterizo, cruzaron la frontera a pie y treparon las vallas de un polígono industrial colindante; en una ciudad de 80,000 habitantes, las llegadas —que el gobierno regional cifra en 60,000— equivalían a más de la mitad de la población.
Una ciudad tras sus persianas
Para el viernes, el centro de la ciudad se había quedado en silencio. En calles que deberían estar abarrotadas en plena temporada turística, la mayoría de los locales mantenían bajadas sus persianas metálicas, y los pocos negocios que abrían dejaban entrar a los clientes de a unos pocos a la vez.Mientras tanto, grupos de migrantes seguían siendo visibles por toda la ciudad, reunidos en plazas, en rondas y a lo largo del paseo marítimo.
La calma siguió a una noche caótica. Se reportaron robos en departamentos de los barrios de El Príncipe y Loma Colmenar, y la policía atendió unas 40 llamadas por peleas. El viernes por la mañana, los agentes formaron una fila de cientos de personas afuera de un supermercado mientras los residentes se abastecían de agua y comida.
Algunos vecinos dijeron a The Epoch Times que habían sido víctimas de delitos presuntamente cometidos por migrantes.
En un barrio cercano a la Avenida Martínez Catena, los residentes habían colocado grandes contenedores de basura y barandillas para impedir el paso de los migrantes.
"Para convertirme en luchador de MMA"
Entre los que aún permanecen en la ciudad, varios migrantes dijeron a The Epoch Times que habían cruzado en busca de mejores perspectivas económicas en Europa.Mohammed, de 21 años, dijo que cruzó a nado la frontera marítima en menos de media hora. Su plan, dijo, era atravesar España y llegar a Francia "para convertirme en un luchador de MMA".
El presidente de España, Pedro Sánchez, llegó en avión el viernes por la mañana junto con el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, para revisar el despliegue en el cruce de Tarajal, y fue recibido por multitudes que coreaban consignas pidiendo su renuncia.
En una breve declaración, Sánchez calificó la entrada masiva como "un ataque a la integridad de España", señaló a las redes de tráfico ilegal y prometió el respaldo total del Estado, aunque se negó a declarar una emergencia nacional.
Ecos de 2021
Los residentes que hablaron con The Epoch Times expresaron más exasperación que sorpresa. Varios culparon personalmente a Sánchez por la crisis, y casi todos recurrieron a la misma comparación: mayo de 2021, cuando Ceuta vivió lo que en ese momento fue la peor emergencia fronteriza de España. Si podía volver a suceder a esta escala, argumentaron, el problema nunca se había resuelto.Esa primavera, más de 10,000 personas cruzaron a Ceuta en apenas dos días después de que Marruecos flexibilizara los controles fronterizos, en medio de la indignación de Rabat por la decisión de España de hospitalizar a un líder independentista del Sáhara Occidental.
La mayoría de quienes cruzaron la frontera eran ciudadanos marroquíes, incluidos al menos 1200 menores no acompañados, según una resolución del Parlamento Europeo, y España desplegó al ejército entonces, al igual que lo ha hecho ahora, mientras que Sánchez calificó la afluencia como "una grave crisis para España y Europa".
Madrid, en última instancia, compró la calma a un precio. En marzo de 2022, Sánchez abandonó la neutralidad que España había mantenido durante décadas respecto al Sáhara Occidental y respaldó el plan de autonomía de Marruecos para el territorio, un giro que defendió como la base de una renovada cooperación en materia de control migratorio.
La larga caminata de regreso
Para el viernes por la tarde, el movimiento predominante era, sin embargo, el de la partida.Miembros de las Fuerzas Armadas españolas apostados cerca de la frontera dijeron a The Epoch Times que ya habían observado "un gran número de migrantes regresando a Marruecos".
Según su evaluación, muchos de los que cruzaron se habían dado cuenta de que no les esperaban oportunidades al otro lado de la frontera.
Los propios migrantes ofrecieron una explicación más inmediata. Varios de los que caminaban hacia el cruce dijeron a The Epoch Times que no habían recibido ni comida ni agua desde que entraron a la ciudad, y que se iban por esa razón.
Otro grupo de migrantes dijo a The Epoch Times que se iban, acusando a los españoles de "racismo".
Los costos políticos podrían tardar más en desaparecer. Italia anunció que suspendía los acuerdos de libre circulación de Schengen con España, cerrando sus fronteras aéreas y marítimas a las llegadas desde ese país durante un mes, una medida respaldada por Finlandia y Dinamarca, mientras que Francia declaró que quintuplicaría los controles en su frontera con España.
Ya bien entrada la noche, la columna en la Avenida Martínez Catena se extendía hacia la frontera. En el agua junto al cruce, seguía llegando un flujo cada vez más escaso de nadadores.




















