Opinión
El terrorismo de izquierda es un problema grave en Estados Unidos, aunque por razones políticas no recibe ni de lejos la atención que acapara la violencia de derecha.
Cuando la mayoría de la gente piensa en la violencia relacionada con el aborto, imagina ataques contra clínicas abortistas; sin embargo, últimamente los extremistas proaborto han estado incendiendo centros de ayuda para embarazos en crisis en todo el país.
Estos centros ayudan a las mujeres que desean tener a sus bebés o que están indecisas sobre abortar: en otras palabras, mujeres que están tomando una opción, simplemente no la elección que los defensores del aborto supuestamente "proelección" consideran aceptable.

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Por ello, un grupo autodenominado "Jane’s Revenge" —en referencia a la "Jane Roe" de Roe contra Wade— le ha declarado la guerra a cualquiera que decida optar por la vida.
Un reportaje del diario de izquierda The Guardian, titulado "Militantes proelección están atacando 'centros de crisis de embarazo' en todo EE. UU.", documentó intentos terroristas de intimidación desde Nueva York y Carolina del Norte hasta Wisconsin, Texas y el estado de Washington en los últimos años.
El periódico señaló: "Los métodos han sido extremos: los vándalos han lanzado cócteles molotov, cometido incendios provocado, dañado propiedades y realizado amenazas".
Jane’s Revenge emitió un comunicado exigiendo que los "establecimientos antiaborto" cerraran en un plazo de 30 días o enfrentarían más violencia.
Eso fue en 2022; sin embargo, el grupo continuó operando hasta que su sitio web quedó fuera de servicio hace apenas unos días gracias a una ofensiva de la administración Trump contra la infraestructura terrorista.
Jane’s Revenge y varias otras organizaciones radicales, incluidos grupos de Antifa, formaban parte de una red que dependía de servicios web proporcionados por el Colectivo "Autistici/Inventati" (o A/I Collective) de Italia.
Según el Departamento de Estado de EE. UU., el Colectivo A/I "construye y opera la infraestructura digital para células violentas de Antifa y otros militantes de extrema izquierda en todo el mundo", proporcionando tecnología "diseñada para respaldar las operaciones de redes terroristas de extrema izquierda, construida para permitirles organizarse, reclutar, comunicarse, difundir propaganda, compartir información de objetivos y tácticas, y llevar a cabo ataques violentos, todo ello permaneciendo en el anonimato, sin dejar rastro y fuera del alcance de la ley".
El colectivo lleva años facilitando las provocaciones de izquierda.
Pero el 26 de agosto, el Departamento de Estado respondió oficialmente al designar al Colectivo A/I como "terrorista global especialmente designado".
Esta designación significa que se pueden imponer sanciones a individuos e instituciones financieras nacionales que hagan negocios con el grupo extranjero, además de restringir cualquiera de los activos del colectivo que se encuentren bajo jurisdicción estadounidense.
Los resultados fueron inmediatos: los sitios radicales cerraron.
"El antifascismo y el anticapitalismo no son terrorismo", se queja el colectivo en un comunicado a los medios. "Protestar no es terrorismo".
Sin embargo, con demasiada frecuencia lo es: grupos como Jane’s Revenge consideran que el terrorismo es una forma legítima de protesta.
Y las organizaciones de Antifa se especializan en utilizar las protestas como fachada para llevar a cabo actos de caos.
De hecho, esa es la gran estrategia: derribar a la sociedad estadounidense, que a los ojos de la izquierda es capitalista y "fascista", explotando las libertades que nuestra Constitución "capitalista" protege.
Cuenta la leyenda que Lenin dijo alguna vez que los capitalistas les venderían a los comunistas la soga con la que habrían de ahorcarlos.
La izquierda militante actual cuenta con que los capitalistas y constitucionalistas les proporcionen las protecciones legales que necesitan para incitar y perpetrar violencia.
Pero la administración Trump se niega a seguirles el juego.
La medida del Departamento de Estado llega con mucho retraso:
Los estadounidenses no deberían haber tenido que esperar a una administración republicana como esta para que el gobierno actúe a fin de desmantelar la infraestructura que respalda la intimidación y la violencia.
Los intereses extranjeros como el Colectivo A/I son a menudo proveedores de dicha infraestructura:
Los extremistas nacionales de Estados Unidos no son simplemente lunáticos locales aislados que surgen al azar en nuestras propias comunidades; están conectados y coordinados con redes internacionales.
Las redes fomentan la polinización cruzada y la colaboración:
El Colectivo A/I, señala el Departamento de Estado, proporciona servicios a "células anarquistas" europeas "responsables de sabotear sistemas ferroviarios en Francia, Italia, Alemania y los Países Bajos", así como a la célula anarquista nacional "responsable de librar una campaña violenta para impedir la construcción de un centro de entrenamiento policial en Atlanta, Georgia".
La izquierda violenta es un movimiento transnacional, y la administración Trump hace lo correcto al verla bajo la misma luz que otras redes que apoyan o participan en el terrorismo.
Los sitios y grupos nacionales que utilizan los recursos del Colectivo A/I han publicado llamados a la "acción directa" contra las leyes de inmigración del país y los agentes responsables de hacerlas cumplir.
Esto incluye la publicación de panfletos en los que se insta a los activistas a apuntar con punteros láser a los helicópteros de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, con la intención de cegar a los pilotos y provocar potencialmente que se estrellen.
Otros sitios "doxean" a los agentes del ICE, proporcionando información personal sobre los oficiales de control migratorio para permitir que los activistas los acosen en sus casas, o para incendiar sus hogares si se inspiran en grupos como Jane’s Revenge.
Esto no es protestar, y ciertamente no es democrático: se trata de intentos de una facción radical por lograr mediante la intimidación y la violencia lo que no pueden conseguir en las urnas.
Ir tras los facilitadores extranjeros de la violencia y las amenazas de extrema izquierda es un primer paso de sentido común para defender el principio mismo del autogobierno.
Las opiniones expresadas en este artículo son las de su autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de The Epoch Times.
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