Kleyver Lizardi salió de Venezuela con una maleta cargada de sueños. Tenía 35 años, una carrera en psicología y una trayectoria que comenzaba a consolidarse en el mundo de la belleza. Una oferta de trabajo en México le presentó la posibilidad de construir una nueva vida lejos de la crisis de su país. Sin embargo, no imaginó que terminaría luchando por su libertad.
Su historia comenzó en Venezuela, donde vivía con sus padres, sus hermanos y mantenía una vida que describe como tranquila. Después de concluir sus estudios, decidió buscar nuevas oportunidades profesionales.
Aunque tenía una licenciatura en psicología, Lizardi encontró en la belleza una nueva vocación. Comenzó a trabajar en un salón como asistente administrativo y después aprendió corte, coloración y otros servicios de peluquería. También acudió a talleres y seminarios relacionados con el sector.

No leas más noticias. Entiéndelas.
En Epoch Times Español queremos estar en contacto directo contigo
Seleccionamos para ti lo que de verdad importa, sin ruido ni agendas. Es un canal abierto: si nos escribes, te respondemos.
La oportunidad de viajar a México apareció poco después de graduarse.
"Me hacen oferta laboral aquí en México y aparentemente venía a trabajar de estilista", relató al programa México Desde Adentro de The Epoch Times.
Lizardi llegó a México un 14 de diciembre y, en un principio, efectivamente trabajó como estilista.
"Yo salí con muchos sueños, muchas expectativas", recuerda Lizardi al hablar de aquel viaje.
Con el paso del tiempo, sin embargo, comenzó a descubrir que las personas que lo habían llevado al país se dedicaban a otras actividades. Según su relato, entre ellas estaba la explotación sexual.
Lizardi afirma que su función inicial consistía en peinar y arreglar a las mujeres involucradas en esas actividades. Pero después recibió propuestas para realizar otros servicios. Fue entonces cuando comenzó el sometimiento.
"En uno de esos tantos viajes, una de las recepcionistas de los hoteles (...) me dice, tienes un físico, tienes un porte y tienes un carisma, yo te ofrezco esto (...) y si estás interesado bien, y si no estás interesado, creo que te va a tocar, porque tu documentación la tenemos retenida y hasta que no termines de hacer lo que nosotros queramos, de aquí no vas a salir", asegura que le dijeron.
El pasaporte se convirtió, según su testimonio, en uno de los principales mecanismos de control. Lizardi explica que tenía un permiso migratorio de seis meses y que pretendía regularizar su situación en México, pero las personas que lo retenían utilizaron su condición migratoria para intimidarlo.
"Si no lo haces, vamos a llamar a migración, vamos a llamar a esta persona para que te deporten", recuerda que le decían.
El miedo, cuenta, terminó por llevarlo a acceder a las exigencias.
"Por el miedo de no quedarme sin documentación, accedía a todo lo que me pedían", afirma.
Durante ese periodo, Lizardi asegura que no era el único sometido a amenazas. Según su testimonio, otras mujeres y hombres que permanecían con él también recibían malos tratos y dependían de las personas que controlaban la vivienda y sus documentos.
La situación llegó a tal punto que, en una ocasión, él y otras personas regresaron más tarde de lo permitido a la vivienda donde permanecían en Cuernavaca. Lizardi recuerda que quienes controlaban el lugar les negaron la entrada.
"Comenzó a llover" y hacía mucho frío, relata.
Para él, aquel episodio se convirtió en una muestra más del control al que estaban sometidos.
"No quería seguir en eso", explica. "Yo no venía a eso".
Pero abandonar aquel entorno no era sencillo. Lizardi asegura que no tenía consigo su pasaporte y que tampoco podía desplazarse libremente sin temor a ser localizado.
La posibilidad de escapar apareció cuando conoció a una persona que después se convirtió en su pareja. Tras varios meses de relación, Lizardi decidió contarle la verdad sobre la situación que enfrentaba. Su pareja buscó la manera de ayudarlo.
El plan consistió en sacar primero sus pertenencias. Lizardi preparó sus maletas y las escondió debajo de la cama. Después, aprovechó una salida de las personas que lo vigilaban para enviarlas en un Uber hacia Ciudad de México.
"Yo no soporto más esto", recuerda haberles dicho a otros jóvenes que estaban con él.
Todavía faltaba recuperar el pasaporte. Para conseguirlo, Lizardi recurrió a un engaño. Le dijo a la persona que retenía su documentación que necesitaba viajar a Ciudad de México para realizar trámites en la embajada. Finalmente, recibió su pasaporte.
"Cuando me entrega mi pasaporte, pues muy feliz de la vida, yo digo: ¡Guau!", relata.
Al día siguiente salió de Cuernavaca con destino a Ciudad de México.
Aquel viaje representó una mezcla de emociones que todavía recuerda.
"Llegar a Ciudad de México fue el momento más estresante de mi vida por una parte y más feliz por otra", afirma.
Había conseguido salir, pero el miedo no desapareció inmediatamente.
"Si tienes miedo, hazlo con miedo. Tú no sabes, hay muchas cosas que en la vida tienes que hacerlas así tengas miedo, tienes que hacerlas con miedo, y eso por una parte me hizo fuerte", dijo.
Según su testimonio, comenzaron las llamadas y las amenazas. Lizardi asegura que quienes lo habían sometido intentaban saber dónde se encontraba y que incluso utilizaron amenazas relacionadas con su familia, que todavía permanecía en Venezuela.
"Lo que más me afectó fue el miedo", reconoce.
Durante un tiempo, asegura que caminaba por las calles de Ciudad de México con temor de que alguien lo encontrara y lo regresara al lugar del que había escapado. Sin embargo, comenzó a reconstruir su vida.
Su pareja lo ayudó a buscar trabajo y Lizardi volvió al mundo de la belleza. Encontró empleo y empezó nuevamente su trayectoria profesional.
"Comencé a vivir mi vida con o sin miedo", afirma.
Para Lizardi, la fe en Dios también ocupó un lugar central durante ese proceso. Asegura que esa fe, junto con sus metas personales, le permitió continuar adelante después de lo que había vivido.
"Con él todo; sin él creo que no hubiese logrado absolutamente nada", sostiene.
Con el tiempo, su propia salida de Venezuela también abrió camino para otros integrantes de su familia. Según relata, después de que él emigró, su hermano, su tío, su cuñada y su hermana también salieron del país.
"Gracias a Dios ya todos están fuera de Venezuela", dice.
Hoy, Lizardi se define como una persona que continúa persiguiendo sus objetivos. La belleza, que comenzó como una oportunidad laboral, terminó convirtiéndose en una parte fundamental de su reconstrucción personal. Sobre todo por la reacción de sus clientes.
"Me encanta mi cabello, gracias por lo que hiciste por mí", recuerda que le dicen algunas personas después de atenderlas.
Para Lizardi, esas palabras representan algo más que el resultado de un servicio profesional. Son parte de una vida que comenzó nuevamente después de una etapa marcada por amenazas, miedo y explotación.
Cuando le preguntan quién es Kleyver Lizardi, afirma: "Una persona soñadora, una persona que persigue lo que quiere y hasta no lograrlo no descansa".
Después de haber llegado a México buscando una oportunidad de trabajo y de haber terminado atrapado en un entorno de explotación, Lizardi encontró libertad en su profesión, en su familia y en su fe, elementos que lo impulsaron a comenzar otra vez.
"No me gusta estar cómodo porque siempre quiero perseguir más, siempre quiero lograr más", explica el estilista venezolano.
Siga a Eduardo Tzompa en X: @JEduardoTzompa

























