El crecimiento económico de China se ralentizó hasta alcanzar su ritmo más bajo en tres años durante el último trimestre, lo que aumenta la presión sobre Beijing para que introduzca más medidas de estímulo con el fin de cumplir los objetivos oficiales.
El producto interior bruto (PIB) creció un 4.3 % interanual en el segundo trimestre, según los datos de la Oficina Nacional de Estadística publicados el miércoles. Se produjo una fuerte desaceleración con respecto a la expansión del 5 % registrada en el primer trimestre y no alcanzó el aumento del 4.5 % previsto por los economistas encuestados por Reuters.
Se trata del peor resultado desde el cuarto trimestre de 2022, cuando el país aún se enfrentaba a las draconianas restricciones por el COVID-19. Además, se sitúa por debajo del objetivo de crecimiento anual, fijado entre el 4.5 % y el 5 %, el más bajo en más de tres décadas.
Para algunos analistas económicos, las últimas cifras se suman a los indicios de que la economía china está perdiendo impulso.
"Si incluso las cifras oficiales de la oficina de estadística —que a menudo maquilla los datos desfavorables— parecen sombrías, la situación real de la economía debe de ser muy mala", declaró a The Epoch Times David Huang, un analista afincado en EE. UU. y conocedor de la situación económica china.
La atención se centra ahora en la próxima reunión del Politburó a finales de este mes, en la que los máximos responsables del Partido Comunista revelarán si tienen previsto aplicar medidas de estímulo para mantener en marcha el motor económico.
"Sin apoyo, es probable que veamos cómo el crecimiento sigue descendiendo", afirmó el miércoles Lynn Song, economista jefe para la Gran China del ING Bank, en una nota.
Zhiwei Zhang, economista jefe de Pinpoint Asset Management en Hong Kong, duda de que el Politburó apunte a un mayor déficit fiscal, dado que, por ahora, las exportaciones se mantienen fuertes.
"Existe un consenso general entre los responsables políticos y los investigadores en que China necesita impulsar la demanda interna", afirmó. "Pero no hay consenso sobre cómo hacerlo".
Desequilibrio cada vez mayor
Otros datos oficiales chinos publicados el miércoles muestran que las ventas al por menor, un indicador del gasto de los consumidores, aumentaron un 1 % interanual en junio, frente al descenso del 0.6 % registrado en mayo.La producción industrial creció un 5.3 % respecto al año anterior, acelerándose desde el aumento del 4.5 % registrado en mayo.
Las exportaciones han alcanzado un máximo histórico.
Los datos aduaneros publicados el martes revelaron que los envíos desde el país superaron las expectativas, con un aumento del 27 % en junio respecto al año anterior en términos de valor en dólares estadounidenses.
La Unión Europea, por ejemplo, fijó el mes de octubre como fecha límite para que Beijing avance en la reducción del creciente déficit comercial y otras prácticas comerciales desleales. El año pasado, la UE registró el mayor déficit comercial de su historia con China, que ascendió a 1000 millones de euros (1100 millones de dólares) al día.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha advertido de posibles represalias si Beijing no presenta resultados tangibles antes de octubre.
"El diálogo es esencial, pero el diálogo tiene que dar resultados", declaró von der Leyen a los periodistas en Cork, Irlanda, a principios de este mes. "Básicamente, estamos preparados para todo y tenemos todos los instrumentos sobre la mesa".
Ralentización del gasto
En el primer semestre del año, la inversión en activos fijos —que mide los activos a largo plazo, desde terrenos y puertos hasta el ferrocarril— descendió un 5.7 % con respecto al mismo periodo del año anterior.La inversión en el mercado inmobiliario registró una caída interanual del 18 %.
Andy Ji, analista de ITC Markets, con sede en Shanghái, afirmó que el "principal lastre" para el crecimiento era la caída de la inversión.
"Un motor industrial impulsado por la alta tecnología que funciona en paralelo a un consumo interno y una inversión en caída libre pone claramente de manifiesto el impulso de crecimiento profundamente desigual de la economía", señaló Ji.
El destacado economista chino Li Daokui expresó la semana pasada su preocupación por la continua caída de la inversión en activos fijos, calificando la contracción de "sin precedentes". También llamó la atención sobre la elevada tasa de desempleo, especialmente entre los jóvenes de entre 16 y 24 años.
Li advirtió de que, si no se resolvían los problemas del empleo y la inversión, los objetivos económicos generales se enfrentarían a graves dificultades.
Decenas de millones de personas han pasado del empleo formal a la economía gig, donde a menudo trabajan como conductores de servicios de transporte o repartidores, enfrentándose a largas jornadas, salarios bajos y prestaciones de seguridad social limitadas.
Las entrevistas realizadas en las últimas semanas a familias chinas y propietarios de pequeñas empresas también pintaron un panorama sombrío.
Varias familias afirmaron que han recortado o pospuesto las compras no esenciales debido a la incertidumbre sobre el empleo y los salarios a raíz de la crisis inmobiliaria que ha mermado su patrimonio.
"No es que la gente no quiera gastar. Es que tiene miedo de hacerlo", afirmó Zhao —que pidió que solo se utilizara su apellido— en Jinan, capital provincial de Shandong, una de las provincias más ricas de China.
"La gente solía dar por sentado que su sueldo seguiría llegando cada mes", declaró Zhao a The Epoch Times el mes pasado. "Ahora, los precios de la vivienda están cayendo, los puestos de trabajo parecen menos seguros y muchas familias tienen que mantener tanto a sus hijos como a sus padres mayores.
La gente se lo piensa dos veces antes de gastar".
Con información de Gu Xiaohua y Reuters.






















