He invertido más tiempo del que me gustaría admitir intentando diseñar la rutina de productividad perfecta. Gran parte de ese tiempo, de hecho, fue una forma plausible de procrastinación que me permitió evitar el trabajo más difícil y engorroso que se suponía debía realizar.
¿El resultado de todos mis esfuerzos? Sinceramente, no mucho.
Todo lo que probé funcionaba por un tiempo y luego se desvanecía. Las ventajas temporales de un nuevo sistema se veían anuladas en su mayoría por el inevitable regreso a la realidad, y por la culpa que sentía por no haber seguido mi propio plan.
Parece que soy de esas personas que necesitan probar de todo antes de aceptar un enfoque básico. Viendo el lado positivo, cada creencia que tengo ahora sobre la productividad se siente como algo que gané con esfuerzo y que se ha ido forjando con base en fracasos. Tiene tal significado para mí que ni la simple lectura de un libro jamás podría superarlo.
4 consejos para un día productivo
Si bien los sistemas particulares de otras personas rara vez me convencieron, fueron una fuente constante de inspiración y motivación. Espero que lo mismo ocurra con mis palabras, ya que comparto algunas ideas sobre cómo tener un día sencillo y productivo, sin un sistema complicado.1. Decida la noche anterior
Una de las lecciones de productividad más atemporales que puedo compartir es simplemente tener un plan. Improvisar puede ser emocionante, pero rara vez resulta en el mejor uso del tiempo. Decidir no tiene por qué llevarle mucho: solo dedique cinco minutos al final de cada jornada laboral y decida tres cosas que quiera priorizar mañana. Eso por sí solo le dará una gran ventaja al día siguiente.2. Empiece por lo más difícil
Su energía al comienzo del día suele ser la mejor, y aún más, la motivación que reúne al empezar a trabajar influye en cómo se sentirá el resto del día. Por ejemplo, si decido empezar el día con calma revisando mis blogs y sitios web favoritos, me pongo en un estado mental relajado, lo que hace que todo el trabajo posterior parezca aún más difícil. Sin embargo, si empiezo con energía y me enfrento a lo más difícil, me siento con energía para el resto del día.3. Deje que el aburrimiento haga su trabajo
Gran parte de nuestros problemas de productividad en la era de los teléfonos inteligentes es que no nos permitimos aburrirnos. Esto tiene dos consecuencias. La primera es que, antes, el aburrimiento era una buena motivación para hacer algo útil. Si se aburría, buscaba algo que hacer porque estar sentado sin hacer nada se sentía, bueno, aburrido. Hoy en día, ya no tenemos motivos para aburrirnos por falta de opciones puesto que el entretenimiento está siempre a un clic de distancia.El segundo problema es que nuestro punto de partida ha cambiado. Ahora que el punto de partida es el entretenimiento —en lugar del aburrimiento—, la mayoría del trabajo se siente especialmente aburrido en comparación con la diversión que podría estar teniendo. No se trata de no divertirse nunca, sino de tener cuidado de no saturar su cerebro con dosis de dopamina durante todo el día hasta el punto de que nada más tenga atractivo.
4. Baje el listón y acostúmbrese a la incomodidad
Un gran obstáculo para mi productividad personal es una forma de perfeccionismo que me impide empezar. No soy el tipo de perfeccionista que empieza algo y no para hasta que es perfecto. Soy del tipo que se imagina una idea perfecta y nunca la pone en práctica porque la realidad nunca está a la altura de ese ideal.El trabajo en el mundo real siempre es caótico e imperfecto, e implica decisiones difíciles. Para personas como yo, eso resulta incómodo. Hay que rebajar el nivel de exigencia que se considera aceptable y aprender a tolerar la sensación de realizar un trabajo que aún no es perfecto. La única manera de hacer un buen trabajo, incluso uno excelente, es renunciar a la idea de la perfección.
La definición de productividad en nuestra sociedad está fuertemente ligada a la producción económica. Si bien esto puede ser útil a nivel poblacional, puede ser perjudicial para el alma de cualquier persona. Lo hace verse como una máquina que solo necesita trabajar más o durante más tiempo para ganar más dinero.
La productividad puede, y debe, considerarse desde una perspectiva más humana. Se trata de vivir con intencionalidad, afrontar los miedos y las incomodidades, y reajustar las expectativas a la realidad. Cuando se hacen estas cosas con atención, se puede tener un día agradable, sencillo y productivo, sin la presión de la cultura del ajetreo constante.





















