La geopolítica del fentanilo entre EE. UU., México y China en el siglo XXI

Salud pública, crimen organizado transnacional y competencia estratégica

Paquetes de fentanilo y metanfetamina incautados en un camión que cruzaba a Arizona desde México se exhiben durante una conferencia de prensa en el puerto de Nogales, Arizona, el 31 de enero de 2019. (Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza de EE. UU./Reuters)

Paquetes de fentanilo y metanfetamina incautados en un camión que cruzaba a Arizona desde México se exhiben durante una conferencia de prensa en el puerto de Nogales, Arizona, el 31 de enero de 2019. (Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza de EE. UU./Reuters)

1 de julio de 2026, 2:44 a. m.
| Actualizado el1 de julio de 2026, 2:44 a. m.

Análisis

La crisis del fentanilo se ha consolidado como uno de los desafíos más complejos para la seguridad internacional contemporánea debido a su impacto multidimensional sobre la salud pública, la seguridad nacional, la gobernanza regional y las relaciones internacionales. Aunque inicialmente fue abordada como un problema sanitario vinculado al abuso de opioides, la expansión de las redes ilícitas de producción y distribución ha transformado el fenómeno en una amenaza transnacional con profundas implicaciones geopolíticas. En este contexto, el presente artículo analiza la geopolítica del fentanilo desde una perspectiva multidimensional, examinando las interacciones entre Estados Unidos, México y China dentro de las cadenas globales de suministro de precursores químicos y las estructuras operativas del crimen organizado transnacional. Asimismo, se estudian los efectos de la crisis sobre la seguridad hemisférica, la estabilidad institucional y los mecanismos de gobernanza internacional encargados de combatir el narcotráfico y otras formas de criminalidad organizada. El artículo sostiene que el fentanilo ha dejado de constituir exclusivamente un problema de salud pública para convertirse en un asunto estratégico de seguridad nacional y de política exterior, capaz de influir en las relaciones diplomáticas, la cooperación internacional y los esquemas de gobernanza global. Finalmente, se plantean recomendaciones orientadas al fortalecimiento de la cooperación multinacional, la supervisión de precursores químicos, el intercambio de inteligencia y la construcción de mecanismos regionales de prevención y control.

Introducción

Durante la última década, la proliferación del fentanilo ilícito ha generado una de las crisis sanitarias y de seguridad más significativas en la historia reciente de Estados Unidos. Este opioide sintético, cuya potencia puede ser entre 50 y 100 veces superior a la de la morfina, ha contribuido al incremento sostenido de las muertes por sobredosis y ha transformado radicalmente el panorama de las amenazas contemporáneas a la seguridad nacional, de acuerdo con la Evaluación Nacional sobre Amenazas de Drogas 2025 publicada por la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA).

La magnitud del fenómeno ha llevado a las autoridades estadounidenses a considerar el tráfico de fentanilo como una amenaza estratégica de primer orden. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) advirtieron en su informe de 2024 que los opioides sintéticos continúan siendo responsables de una proporción significativa de las muertes relacionadas con drogas en el país, lo que evidencia la magnitud del problema y su impacto sobre la salud pública. En consecuencia, el fentanilo ha dejado de ser percibido únicamente como un problema sanitario para convertirse en una cuestión central de seguridad nacional y estabilidad social.

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Sin embargo, la problemática trasciende las fronteras estadounidenses. La producción, distribución y comercialización del fentanilo involucran complejas cadenas globales de suministro que conectan Asia, América del Norte y diversos mercados internacionales. El Informe Mundial sobre las Drogas 2025, elaborado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), señala que estas dinámicas han convertido al fentanilo en un fenómeno geopolítico que involucra actores estatales, organizaciones criminales transnacionales y organismos multilaterales, generando nuevas tensiones diplomáticas y desafíos para la gobernanza global.

Desde la perspectiva de la teoría de la securitización, desarrollada por Barry Buzan, Ole Wæver y Jaap de Wilde en Security: A New Framework for Analysis en 1998, la transformación del fentanilo de problema sanitario a amenaza de seguridad constituye un claro ejemplo de cómo determinados fenómenos pueden incorporarse a las agendas estratégicas de los Estados cuando son percibidos como riesgos existenciales. En este contexto, el presente estudio tiene como objetivo analizar las implicaciones geopolíticas del tráfico ilícito de fentanilo, prestando especial atención a las relaciones entre Estados Unidos, México y China, así como a los desafíos que este fenómeno plantea para la seguridad hemisférica y la gobernanza internacional.

1. La crisis del fentanilo como desafío emergente para la salud pública en Estados Unidos

La crisis del fentanilo representa uno de los mayores desafíos sanitarios que enfrenta Estados Unidos en el siglo XXI. La rápida expansión de este opioide sintético ha provocado un incremento sin precedentes de las muertes por sobredosis, afectando especialmente a jóvenes y adultos en edad productiva. De acuerdo con el informe de 2024 de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), los opioides sintéticos continúan siendo responsables de una proporción significativa de las muertes relacionadas con drogas en el país, lo que evidencia la magnitud del problema y su impacto sobre la salud pública.

La elevada potencia del fentanilo constituye uno de los principales factores que explican su peligrosidad. La Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) señala en su Evaluación Nacional sobre Amenazas de Drogas 2025 que una dosis extremadamente pequeña puede resultar letal para una persona, lo que incrementa considerablemente el riesgo de sobredosis, particularmente cuando la sustancia es mezclada con otras drogas ilícitas o distribuida en forma de medicamentos falsificados. Esta situación ha generado una crisis sanitaria caracterizada por elevados índices de mortalidad, un aumento de las emergencias médicas y una presión constante sobre los sistemas de salud pública.

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Diversos estudios han demostrado que la epidemia de opioides no responde exclusivamente a factores individuales relacionados con el consumo de drogas; por el contrario, se encuentra asociada a determinantes estructurales como desigualdades socioeconómicas, problemas de salud mental, acceso limitado a servicios médicos especializados y vulnerabilidades comunitarias que facilitan el desarrollo de conductas adictivas (Ciccarone, 2021). En consecuencia, el fenómeno debe analizarse desde una perspectiva integral que contemple dimensiones sociales, económicas y culturales.

Asimismo, la expansión del fentanilo ha generado importantes costos económicos para la sociedad estadounidense. Según los CDC, los gastos asociados con hospitalizaciones, tratamientos de rehabilitación, programas de prevención, pérdida de productividad laboral y servicios de emergencia representan miles de millones de dólares cada año, lo que confirma que la crisis trasciende el ámbito sanitario para convertirse en un problema de desarrollo humano y estabilidad social.

Desde una perspectiva geopolítica, la crisis del fentanilo también refleja los desafíos derivados de la globalización de los mercados ilícitos. La facilidad para transportar pequeñas cantidades de una sustancia altamente potente ha favorecido la expansión de redes criminales transnacionales capaces de operar a través de múltiples jurisdicciones. En su Informe Mundial sobre las Drogas 2025, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) sostiene que la respuesta a esta problemática requiere no solo políticas de salud pública eficaces, sino también mecanismos de cooperación internacional orientados a combatir las estructuras criminales que participan en la producción y distribución.

2. Crimen organizado transnacional y cadenas globales de suministro del fentanilo

El tráfico ilícito de fentanilo representa una de las manifestaciones más sofisticadas y complejas del crimen organizado transnacional en el siglo XXI. A diferencia de drogas tradicionales como la cocaína o la heroína, cuya producción depende de cultivos agrícolas específicos, el fentanilo puede ser sintetizado en laboratorios clandestinos mediante el uso de precursores químicos relativamente accesibles, lo que reduce significativamente los costos de producción y facilita la expansión de las redes criminales a escala global, según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito en su informe de 2025.

La globalización económica, el desarrollo tecnológico y la expansión de los mercados internacionales han permitido que las organizaciones criminales transnacionales establezcan cadenas de suministro altamente eficientes para la producción y distribución de opioides sintéticos. Naím, en su obra de 2005, describe cómo las redes criminales modernas operan mediante estructuras flexibles, descentralizadas y adaptativas que aprovechan las oportunidades generadas por la interdependencia económica mundial. Esta dinámica resulta particularmente evidente en el caso del fentanilo.

Desde una perspectiva geopolítica, la cadena global de suministro del fentanilo se articula principalmente en torno a tres espacios estratégicos: (a) Asia (particularmente China), que constituye una fuente importante de precursores químicos utilizados para la fabricación de opioides sintéticos; (b) México, convertido en un centro operativo fundamental para la transformación de dichos precursores en fentanilo ilícito mediante laboratorios clandestinos controlados por organizaciones criminales; y (c) Estados Unidos, que representa el principal mercado de consumo, donde la elevada demanda genera incentivos económicos para la expansión continua de estas actividades ilícitas. Esta distribución es señalada por el Congressional Research Service en su análisis de 2025.

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La DEA en su evaluación de 2025, identifica al Cártel de Sinaloa y al Cártel de Jalisco Nueva Generación como las principales organizaciones responsables de la producción y distribución de fentanilo destinado al mercado estadounidense. Estas estructuras criminales han desarrollado sofisticadas capacidades logísticas que incluyen el uso de sistemas de comunicación encriptados, plataformas digitales, empresas fachada, redes de lavado de activos y criptomonedas para ocultar el origen y destino de los recursos financieros generados por sus actividades ilícitas.

Asimismo, las organizaciones criminales han demostrado una notable capacidad de adaptación frente a las acciones implementadas por las autoridades nacionales e internacionales. Según la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, en su informe de 2024, estos grupos modifican constantemente sus métodos de producción, transporte y distribución para evadir los mecanismos de control establecidos por los Estados, lo que constituye uno de los principales desafíos para las políticas contemporáneas de combate al narcotráfico.

Desde la perspectiva de la seguridad internacional, la expansión del mercado ilícito de fentanilo evidencia las limitaciones de los enfoques tradicionales basados exclusivamente en la interdicción policial. La complejidad de las cadenas globales de suministro exige estrategias integrales que incorporen inteligencia criminal, cooperación aduanera, supervisión financiera, ciberseguridad y coordinación diplomática entre los Estados involucrados. En este sentido, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito sostuvo en 2025, que la lucha contra el tráfico de opioides sintéticos requiere una respuesta multinivel que combine instrumentos nacionales, regionales e internacionales.

Por consiguiente, el tráfico de fentanilo no debe entenderse únicamente como una actividad criminal aislada, sino como una expresión de las transformaciones que experimenta el crimen organizado en el contexto de la globalización. Las organizaciones dedicadas a este negocio ilícito han logrado integrar elementos tecnológicos, financieros y logísticos que les permiten operar eficazmente en distintos continentes, convirtiéndose en actores relevantes dentro de las dinámicas contemporáneas de la seguridad internacional.

3. El fentanilo y la transformación de la seguridad nacional estadounidense

La crisis del fentanilo ha provocado una transformación sustancial en la forma en que Estados Unidos concibe su seguridad nacional. Buzan, Wæver y de Wilde, en su marco teórico de 1998, explican que las amenazas estratégicas fueron asociadas principalmente a conflictos militares convencionales, rivalidades geopolíticas entre grandes potencias y actos de terrorismo internacional. Sin embargo, las dinámicas contemporáneas han ampliado el concepto de seguridad para incluir fenómenos transnacionales capaces de afectar la estabilidad social, económica y política de los Estados.

Desde la perspectiva de la teoría de la securitización, un fenómeno adquiere relevancia estratégica cuando es presentado por los actores políticos como una amenaza existencial que requiere medidas extraordinarias para su mitigación, según estos mismos autores en 1998. En este contexto, el gobierno estadounidense ha incorporado progresivamente la crisis del fentanilo dentro de su agenda prioritaria de seguridad nacional, debido a las consecuencias humanas, económicas y sociales derivadas de la expansión de esta sustancia.

La DEA, en su informe de 2025, sostiene que el fentanilo sintético constituye actualmente la principal amenaza relacionada con drogas ilícitas en Estados Unidos. La elevada letalidad de este opioide ha contribuido significativamente al incremento de las muertes por sobredosis, convirtiéndose en una de las principales causas de mortalidad entre determinados grupos etarios. Esta realidad ha llevado a las instituciones gubernamentales a considerar el tráfico de fentanilo como un desafío estratégico comparable a otras amenazas transnacionales que afectan directamente los intereses nacionales.

La creciente preocupación por esta problemática también ha influido en la formulación de la política exterior estadounidense. Según la Casa Blanca en 2024, la interrupción de las cadenas internacionales de suministro de precursores químicos se ha convertido en una prioridad estratégica para las autoridades federales. Como resultado, Washington ha intensificado los esfuerzos diplomáticos orientados a fortalecer la cooperación con México y China en materia de control químico, intercambio de información e inteligencia criminal.

Por otra parte, la expansión del fentanilo ha impulsado una mayor integración entre las agencias responsables de la seguridad pública, la salud pública y la inteligencia nacional. Este fenómeno refleja una transformación conceptual en la que la seguridad ya no se limita a la defensa territorial o militar, sino que incorpora amenazas híbridas capaces de afectar simultáneamente diversos sectores de la sociedad. Como señalan Brands y Gaddis en su análisis de 2021, los desafíos contemporáneos requieren enfoques multidimensionales que combinen instrumentos diplomáticos, económicos, tecnológicos y de seguridad para responder eficazmente a riesgos complejos.

Asimismo, la crisis del fentanilo ha generado una creciente preocupación respecto a la capacidad de las organizaciones criminales para explotar las vulnerabilidades de las sociedades abiertas. El uso de plataformas digitales, redes financieras internacionales y mecanismos avanzados de ocultamiento ha incrementado la dificultad de las labores de vigilancia e interdicción realizadas por las agencias gubernamentales, lo que ha motivado importantes inversiones en inteligencia artificial, análisis de datos y tecnologías de monitoreo destinadas a fortalecer las capacidades estatales de respuesta, advirtió la DEA en 2025.

Desde una perspectiva estratégica, la crisis del fentanilo constituye un ejemplo paradigmático de las amenazas híbridas que caracterizan el entorno internacional contemporáneo. Su impacto trasciende el ámbito sanitario para proyectarse sobre dimensiones económicas, sociales, políticas y geopolíticas que afectan tanto la estabilidad interna como las relaciones internacionales de Estados Unidos. Por ello, la respuesta estatal requiere una estrategia integral basada en la cooperación internacional, el fortalecimiento institucional y la coordinación entre organismos nacionales e internacionales encargados de combatir el crimen organizado transnacional.

4. Implicaciones geopolíticas del fentanilo para la seguridad y la gobernanza hemisférica

La expansión del tráfico ilícito de fentanilo ha generado profundas repercusiones para la seguridad regional y la gobernanza hemisférica, convirtiéndose en uno de los desafíos geopolíticos más complejos del continente americano en el siglo XXI. A diferencia de las drogas tradicionales, cuya producción suele concentrarse en espacios geográficos específicos, el fentanilo depende de cadenas globales de suministro altamente descentralizadas que involucran múltiples actores estatales y no estatales distribuidos en diferentes regiones del mundo, explica la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, en su informe de 2025.

Desde una perspectiva geopolítica, el fenómeno conecta estratégicamente a China, México y Estados Unidos mediante una compleja estructura transnacional caracterizada por la circulación de precursores químicos, recursos financieros ilícitos, tecnología digital y redes criminales altamente especializadas. El Congressional Research Service, en su análisis de 2025, señala que esta interdependencia ha transformado una crisis sanitaria en un problema de política exterior y seguridad internacional, generando tensiones diplomáticas y nuevas dinámicas de cooperación entre los Estados involucrados.

En el caso de Estados Unidos, la crisis del fentanilo ha impulsado una redefinición de sus prioridades estratégicas en el hemisferio occidental. La seguridad fronteriza con México ha adquirido una relevancia creciente dentro de la agenda de seguridad nacional, debido al papel que desempeñan las organizaciones criminales mexicanas en la producción y distribución de opioides sintéticos destinados al mercado estadounidense. Como consecuencia, Washington ha fortalecido los mecanismos de cooperación bilateral orientados al intercambio de inteligencia, la vigilancia fronteriza y las operaciones conjuntas contra las organizaciones criminales transnacionales.

Por otra parte, las relaciones entre Estados Unidos y China también se han visto afectadas por la problemática del fentanilo. Diversos sectores políticos estadounidenses han expresado preocupación por el papel que desempeñan algunas empresas químicas asiáticas en la comercialización de precursores utilizados para la producción ilícita de opioides sintéticos. Aunque las autoridades chinas han implementado medidas regulatorias destinadas a fortalecer el control sobre determinadas sustancias químicas, persisten diferencias respecto a los mecanismos de supervisión y las responsabilidades compartidas en el combate al tráfico internacional de drogas, según la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, en su informe de 2024.

Desde la óptica de la gobernanza global, la crisis del fentanilo evidencia las limitaciones de los mecanismos internacionales existentes para enfrentar amenazas transnacionales altamente adaptativas. La rapidez con que las organizaciones criminales modifican sus rutas, métodos de producción y estructuras financieras supera, en muchos casos, la capacidad de respuesta de los sistemas regulatorios tradicionales. Según Rosenau, en su obra de 2005, los desafíos contemporáneos requieren nuevas formas de gobernanza basadas en la cooperación multinivel, la coordinación institucional y la participación de diversos actores estatales y no estatales.

Asimismo, la crisis pone de manifiesto la necesidad de fortalecer los organismos multilaterales especializados en el control de drogas y la lucha contra el crimen organizado transnacional. Instituciones como la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (INCB), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) desempeñan un papel fundamental en la construcción de mecanismos de cooperación orientados a reducir la producción, distribución y consumo de sustancias ilícitas, informó la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito en 2025.

La gobernanza hemisférica también enfrenta importantes desafíos derivados de las asimetrías institucionales existentes entre los países de la región. Mientras algunas naciones cuentan con mayores capacidades para implementar políticas de seguridad, inteligencia y control fronterizo, otras presentan limitaciones estructurales que dificultan la aplicación efectiva de estrategias integrales contra el narcotráfico. Esta realidad favorece la expansión de redes criminales que aprovechan las debilidades institucionales para desarrollar actividades ilícitas en distintos territorios, según Naím, 2005.

En consecuencia, la crisis del fentanilo debe ser entendida como una amenaza multidimensional que afecta simultáneamente la salud pública, la seguridad nacional, la estabilidad institucional y la gobernanza internacional. Su naturaleza transnacional exige respuestas coordinadas que integren esfuerzos nacionales, regionales y globales, orientados a fortalecer la cooperación internacional y la capacidad de respuesta de las instituciones encargadas de garantizar la seguridad y el bienestar de las sociedades contemporáneas.

5. Conclusiones

La crisis del fentanilo se ha consolidado como uno de los fenómenos más complejos que enfrenta la comunidad internacional en el siglo XXI. A lo largo de este estudio se ha demostrado que el tráfico ilícito de este opioide sintético trasciende las dimensiones tradicionales del narcotráfico y se proyecta sobre ámbitos relacionados con la salud pública, la seguridad nacional, la gobernanza regional y las relaciones internacionales. En consecuencia, el fentanilo debe ser interpretado como una amenaza híbrida cuya complejidad exige enfoques analíticos multidisciplinarios y respuestas institucionales integrales.

Los hallazgos de la investigación evidencian que las cadenas globales de suministro del fentanilo constituyen una manifestación avanzada del crimen organizado transnacional contemporáneo. La articulación entre proveedores de precursores químicos, organizaciones criminales dedicadas a la producción ilícita y mercados de consumo altamente rentables ha permitido la consolidación de estructuras criminales capaces de operar a escala global. Esta realidad confirma los planteamientos de Naím en 2005 respecto a la creciente capacidad de adaptación y expansión de las redes ilícitas en el contexto de la globalización.

Asimismo, el estudio demuestra que la crisis del fentanilo ha contribuido a transformar la concepción tradicional de la seguridad nacional estadounidense. Como señalan en el marco teórico de Buzan, Wæver y de Wilde en 1998, las amenazas contemporáneas ya no se limitan exclusivamente al ámbito militar, sino que incluyen fenómenos capaces de afectar la estabilidad social, económica y política de los Estados.

En este sentido, la elevada mortalidad asociada al consumo de opioides sintéticos ha impulsado la incorporación de la salud pública como un componente central de la agenda de seguridad nacional de Estados Unidos. Desde una perspectiva geopolítica, el tráfico de fentanilo ha generado nuevas tensiones diplomáticas y desafíos para la cooperación internacional. Las relaciones entre Estados Unidos, México y China reflejan la complejidad de un fenómeno que involucra responsabilidades compartidas y requiere mecanismos de coordinación más eficaces. Al mismo tiempo, la crisis pone de manifiesto las limitaciones de la gobernanza global para responder adecuadamente a amenazas criminales altamente dinámicas y transnacionales, según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito en su informe de 2025.

Recomendaciones

Con base en los hallazgos expuestos, se formulan las siguientes recomendaciones de política:

En primer lugar, resulta imprescindible fortalecer los mecanismos internacionales de supervisión y control de precursores químicos mediante acuerdos multilaterales que permitan mejorar la trazabilidad de las sustancias utilizadas en la fabricación ilícita de fentanilo. La cooperación entre China, Estados Unidos y México constituye un elemento esencial para reducir las vulnerabilidades presentes en las cadenas globales de suministro, de acuerdo con la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes en su informe de 2024.

En segundo lugar, se recomienda ampliar los programas de intercambio de inteligencia estratégica, financiera y criminal entre las agencias encargadas de combatir el narcotráfico y el crimen organizado transnacional. La coordinación efectiva de información puede contribuir significativamente a la identificación y desarticulación de las redes criminales responsables de la producción y distribución de opioides sintéticos, según el informe de la DEA de 2025.

En tercer lugar, es necesario fortalecer las políticas públicas orientadas a la prevención del consumo, la educación comunitaria y la atención integral de la salud mental. Diversas investigaciones han demostrado que los enfoques centrados exclusivamente en la represión policial resultan insuficientes cuando no son acompañados por programas de prevención, rehabilitación y reinserción social, como lo señala Ciccarone en 2021.

En cuarto lugar, los organismos multilaterales deben promover la construcción de una arquitectura de gobernanza hemisférica más sólida y eficiente que facilite la cooperación regional frente a amenazas criminales transnacionales.

La consolidación de mecanismos permanentes de coordinación entre los países del hemisferio contribuiría significativamente al fortalecimiento de la seguridad regional y la estabilidad institucional.

Finalmente, se recomienda impulsar nuevas líneas de investigación académica sobre la geopolítica de las drogas sintéticas, el crimen organizado transnacional y la gobernanza global. La evolución constante de estas amenazas exige una producción científica rigurosa capaz de proporcionar evidencia para el diseño de políticas públicas más eficaces y sostenibles.

Autor

Geraldo J. Zabala Durán es educador, líder académico y profesional de los negocios internacionales, con experiencia en educación superior, desarrollo de liderazgo y gestión organizacional. Se ha desempeñado como profesor universitario, asesor académico y Director de Educación a Distancia en la Universidad Nacional Evangélica (UNEV), donde lideró iniciativas de transformación digital y la expansión de programas de aprendizaje virtual. Zabala ha diseñado más de veinte diplomados y programas de certificación en liderazgo, innovación, políticas públicas, emprendimiento y tecnología. Su trayectoria profesional también incluye comercio internacional, gestión diplomática y servicio administrativo en el Consulado Dominicano en Miami. Posee un Doctorado en Negocios Internacionales por Uniclau Cristhian University, así como múltiples títulos de posgrado en diplomacia, relaciones internacionales, administración de empresas, inteligencia artificial y estudios teológicos. Actualmente cursa un Ph.D. en Liderazgo Educativo en Keiser University.

El Instituto de Inteligencia Estratégica de Miami, un grupo de expertos no partidista especializado en investigación de políticas, inteligencia estratégica y consultoría. Las opiniones son del autor y no reflejan necesariamente la posición del Instituto. 

Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de The Epoch Times.


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