Los niños y los adultos mayores con deterioro neurológico figuran entre los grupos más vulnerables a infección causada por el gusano barrenador del Nuevo Mundo, junto con las personas con heridas mal cuidadas y en situación de abandono social, según una revisión de la literatura científica de la Revista Panamericana de Salud Pública publicada el 14 de octubre.
El artículo reúne 75 estudios sobre casos humanos de infestación de tejidos vivos por larvas de mosca –miasis– en América, en su mayoría posteriores al año 2000. El mayor conjunto de datos basado en registros procede de Ecuador, con 2187 casos.
Los autores revisaron información publicada entre 1979 y 2024 de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela, además de Guayana Francesa.

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Lo que encontraron es que las larvas de las moscas se instalaban en la boca. Muchas infestaciones se registraban en la cavidad oral, el paladar, debajo de la lengua y en el tracto digestivo superior, sobre todo en pacientes que pasaban mucho tiempo con la boca abierta, tenían mala higiene y dependían de cuidadores. Las moscas entraban por ventanas sin mosquiteros y depositaban allí sus huevos.
También atacaban la piel. Las larvas vivían en heridas del cuero cabelludo, las extremidades, los pies, las mamas y el ombligo, y en otras zonas lesionadas por golpes o traumatismos. En estos casos predominaban la falta de higiene personal y las heridas abiertas por dermatosis, pediculosis y traumatismos sin tratar.
En situaciones más graves, la miasis afectaba los ojos, la nariz y los oídos causando pérdida de sus funciones.
De acuerdo a lo documentado por los autores, los médicos sacaron las larvas y limpiaban bien la herida. Si el daño llegaba a zonas más profundas, se operaba.
Muchos pacientes recibieron además ivermectina, un medicamento contra parásitos, y antibióticos cuando se sospechaba que la herida se había infectado.
La guías observadas de Costa Rica, El Salvador, Honduras y México coincidían sobre "la extracción de larvas, la notificación y la coordinación intersectorial".
La historia médica del gusano barrenador data de 1858, cuando el entomólogo francés Charles Coquerel describió por primera vez la especie, que posteriormente sería conocida como Cochliomyia hominivorax. Los casos procedían de personas infestadas en la colonia penal de la Isla del Diablo, en la Guayana Francesa, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos.
Originalmente se distribuyó desde el sur de los Estados Unidos hasta Argentina, causando pérdidas sustanciales a las industrias ganaderas de la región. A nivel humano, la tasa de mortalidad citada por los CDC es del 2.8%, principalmente en personas gravemente debilitadas o sin acceso a la atención médica.
La mosca barrenadora es endémica de las zonas tropicales y subtropicales de América y el Caribe, según la revisión de la Revista Panamericana de Salud Pública. Una campaña de erradicación iniciada en 1957 con la técnica del insecto estéril logró eliminarla de Estados Unidos, México y Centroamérica.
Panamá fue declarado libre de la enfermedad en 2006 y el Tapón del Darién pasó a funcionar como una barrera biológica para impedir que la mosca avanzara desde Sudamérica hacia el norte.
Sin embargo, a partir de 2022, y con más fuerza en 2023, el aumento de casos en Panamá mostró que la contención se había roto.
La mosca volvió a propagarse hacia el norte por Centroamérica y a finales de 2025 se confirmó su transmisión en Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, México y Nicaragua.
Según los autores, esto indica que las medidas de control que antes mantenían la mosca al sur del Tapón del Darién habían dejado de ser suficientes.
Advertencia sobre la propagación de la plaga
Ammon Blair, exagente de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos e investigador sénior de la Texas Public Policy Foundation, le dijo a Epoch Times Español en una entrevista reciente que la propagación del gusano barrenador hacia el norte coincidió con "una ola migratoria global que atravesaba Panamá, subía por Centroamérica y México hacia Estados Unidos".Según el experto, también contribuyó "la industria ganadera ilícita controlada por los cárteles mexicanos y las bandas criminales de Centroamérica", al introducir ganado de contrabando en las cadenas comerciales legales y ranchos de la narcoindustria en Honduras, Nicaragua y Guatemala y "comenzaron a traficar ganado hacia el norte, rumbo a México".
"Cuando este tráfico ilícito coincidió con la presencia del gusano barrenador, la plaga avanzó de forma natural adhiriéndose al ganado. Por eso vimos una propagación tan veloz del gusano barrenador".
"El ganado entra a México y se integra a los corrales de engorda como si fuera ganado mexicano legítimo". Para conseguirlo, añadió, "falsifican registros veterinarios y compran aretes de identificación oficiales".
Blair explicó que la ruta clandestina para el tráfico de ganado coincide en buena medida con la del tráfico de migrantes y con la misma táctica, falsificando documentos, certificados y carpetas "para cruzar su mercancía".
El ganado de contrabando llega de esa manera a estados exportadores de México, como Chihuahua y Sonora, por lo que sugiere combatir a las células delictivas incrustadas en la cadena de suministro ganadero.
El experto, quien también es consultor del grupo de trabajo de la Operación Lone Star de Texas, advierte que para exterminar al gusano barrenador se requiere "desmantelar y derrotar la presencia de grupos como el Cártel Jalisco Nueva Generación en toda la cadena de suministro".
Panamá, primer gran foco de casos humanos, seguido de México
Panamá fue el primer gran foco humano del brote actual. Después de que la barrera biológica del Tapón del Darién se rompiera, declaró un brote nacional en 2023. Al año siguiente, el Ministerio de Salud registró 69 casos, con pacientes de entre 1 y 95 años. En 2025 los casos continuaron y para agosto se habían acumulado al menos 70.En México, el primer caso se confirmó en abril de 2025 en una mujer de 77 años en Chiapas. Un estudio de los CDC contabilizó 204 pacientes confirmados entre abril de 2025 y marzo de 2026 en 12 estados: Chiapas concentró 119, seguido por Yucatán, Oaxaca y Quintana Roo.
De los 202 pacientes analizados con información clínica el 71.8 % eran hombres, la edad media de 61.1 años y el 76.7 % con al menos otra condición médica o social, según otro informe de los CDC. De seis fallecimientos, uno fue atribuido directamente a la miasis por gusano barrenador.
Honduras también registró un impacto humano importante. Para el 17 de septiembre de 2026, la Secretaría de Salud había informado 299 casos humanos y varias muertes asociadas a la infestación.
Estados Unidos ha registrado casos humanos importados, pero no transmisión humana adquirida localmente durante el brote actual. En agosto de 2025 se confirmó el caso en una persona que viajó desde El Salvador.
El balance regional muestra que ya no se trata de casos aislados. Según los CDC, al 13 de octubre de 2026 México y Centroamérica acumulaban más de 2700 casos en personas y más de 209,400 en animales.
Sin embargo, la Revista Panamericana de Salud Pública advierte que la información disponible sobre la miasis humana en América es fragmentaria y con brechas en su vigilancia, diagnóstico y tratamiento.

























