Durante décadas, el cáncer se ha considerado un invasor silencioso, una fuerza externa que acecha sin previo aviso. Los tratamientos se presentaban como armas de guerra, y nuestros cuerpos se convirtieron en campo de batalla.
Sin embargo, el cáncer no es una amenaza externa, sino un desajuste de nuestras propias células y la incapacidad de nuestro sistema inmunológico para reconocerlas y controlarlas.
En los últimos años, el tratamiento del cáncer se ha orientado cada vez más hacia el aprovechamiento del propio sistema inmunológico, donde los linfocitos se han convertido en protagonistas clave. Estas células especializadas son los verdaderos asesinos que eliminan el cáncer del cuerpo. No solo pueden medirse y rastrearse, sino que hábitos cotidianos sencillos pueden fortalecerlos y protegerlos.
¿Qué son los linfocitos?
Existen tres tipos principales de linfocitos:- Las células B producen anticuerpos para combatir infecciones y atacar invasores como virus y bacterias.
- Las células T atacan células de nuestro propio cuerpo infectadas por virus o que se han vuelto cancerosas.
- Las células asesinas naturales (NK), que constituyen la primera línea de defensa del organismo.
Las células NK actúan rápidamente para identificar y destruir células infectadas por virus o con signos tempranos de cáncer. Son esenciales para la defensa del sistema inmunológico innato contra amenazas como infecciones y tumores. Las células NK no dependen de haber estado en contacto con un patógeno o una célula dañina previamente, y destruyen posibles amenazas sin exposición previa.
En conjunto, los linfocitos son el principal mecanismo del cuerpo para eliminar células cancerosas.
Por qué el sistema inmunológico no siempre detiene el cáncer
Las células inmunes son como el sistema de seguridad del cuerpo. Para que ataquen al cáncer se necesitan tres condiciones:- Deben reconocer claramente que la célula cancerosa es anormal. Si el tumor se parece demasiado al tejido sano, lo ignoran.
- Para que una célula T se active por completo, necesita recibir dos señales: la de reconocimiento de antígeno y la coestimuladora, explicó González-Granado. Estas dos señales actúan como mecanismo de seguridad para evitar que el organismo ataque por error sus propios tejidos.
3. El microambiente tumoral puede debilitar o agotar las células inmunológicas, impidiéndoles funcionar correctamente. Este entorno puede inducir inflamación crónica, reclutar células supresoras, como los linfocitos T reguladores, y liberar citoquinas inhibidoras que indican que se debe apagar la respuesta inmune.
Dos enfoques para tratar del cáncer
Existen dos grandes filosofías para el tratamiento del cáncer y la inmunoterapia, cada una radicalmente distintas:- Tratamiento convencional: incluyen cirugía, radioterapia y quimioterapia. "Su objetivo principal es dañar directamente al tejido tumoral", explicó González-Granado. "Como daño colateral, suelen eliminar linfocitos, lo que provoca una inmunosupresión temporal", añadió.
- Inmunoterapia: en lugar de atacar directamente el tumor, restaura o potencia la propia capacidad del sistema inmunológico para reconocer y destruir las células cancerosas, con los linfocitos como protagonistas.
¿Por qué los linfocitos son decisivos en el cáncer?
Los linfocitos son fundamentales en el tratamiento del cáncer.Una de las claves para la supervivencia de un paciente con cáncer es mantener sus linfocitos, dijo a The Epoch Times Steve Rallis, médico naturópata con enfoque clínico en el tratamiento integral del cáncer.
En concreto, destaca la proporción de neutrófilos a linfocitos, cifra derivada de un análisis de sangre rutinario, que predice tanto la supervivencia general como la supervivencia libre de progresión. La describe detalladamente en su libro, "Cuando las naranjas se convierten en manzanas: Lo que su oncólogo no le dirá sobre la vitamina C intravenosa y el cáncer". La proporción ideal debería estar entre 2 y 3, afirmó, y los estudios que respaldan su importancia abarcan múltiples tipos de cáncer, como el de mama, pulmón, colorrectal, páncreas, etc. Esa proporción es fundamental.
Los neutrófilos son las células inmunitarias más abundantes y las primeras en responder a infecciones o lesiones. En pacientes con cáncer, Rallis ha observado con frecuencia un aumento en el recuento de neutrófilos, impulsado principalmente por la inflamación, mientras que los niveles de linfocitos disminuyen. Si no se corrige ese desequilibrio las consecuencias son graves.
La inflamación crónica fomenta el cáncer al dañar el ADN, acelera el crecimiento tumoral, favorece la metástasis mediante la liberación de citocinas y factores de crecimiento. La inflamación crea un microambiente que promueve la formación de tumores y estimula la formación de nuevos vasos sanguíneos (angiogénesis) y suprime la vigilancia inmunológica.
Cómo cuidar y fortalecer sus linfocitos
Para pacientes con cáncer, Rallis recomienda varios tratamientos, suplementos y hábitos de estilo de vida, que incluyen vitamina C intravenosa, terapia con muérdago, vitamina D3, probióticos, una dieta antiinflamatoria, ayuno (especialmente importante durante la quimioterapia), zinc, astrágalo y reishi.Para el resto de nosotros, unos hábitos diarios constantes pueden marcar una diferencia significativa en el mantenimiento de la salud y la cantidad de linfocitos, el fortalecimiento del sistema inmunológico y el desarrollo de la resiliencia a largo plazo. Estas bases no son una garantía absoluta, señaló González-Granado, pero establecerlas a una edad temprana, idealmente en la infancia y adolescencia, sus beneficios duran décadas.
Duerma lo suficiente y con regularidad
Dormir de forma regular y suficiente es fundamental para el sistema inmunológico, especialmente para la producción, distribución y función de los linfocitos. El sueño promueve la producción de células inmunitarias, incluyendo los linfocitos, y reduce las hormonas del estrés, como el cortisol, que inhiben la función de los linfocitos T y su capacidad para reconocer y atacar a los patógenos."El sueño, especialmente la constancia, es fundamental para el sistema inmunológico", dijo Rallis. "Y si se mide, especialmente hoy en día, donde las personas usan dispositivos biométricos, se observarán cambios en la variabilidad de la frecuencia cardíaca y en su salud general con el sueño y la constancia del mismo".
Regule el estrés
González-Granado enfatizó la importancia de manejar el estrés para apoyar a nuestros linfocitos y dijo que el estrés eleva los niveles de cortisol, lo que a su vez debilita la respuesta inmune.Los niveles altos de cortisol disminuyen la cantidad total de glóbulos blancos, inhiben su producción, promueven la destrucción de células T ( apoptosis ) y cambian el equilibrio del sistema inmunológico hacia la inflamación .
Tome el sol con inteligencia
La exposición regular al sol también es vital para la salud de los linfocitos, especialmente para estimular la actividad de las células T. Estudios han demostrado que niveles bajos de luz azul solar penetran en la piel y activan las células T, aumentando su movilidad y capacidad de respuesta, un efecto que parece ser independiente de la producción de vitamina D. La exposición al sol previene la deficiencia de vitamina D, un factor de riesgo para la disfunción de las células T.Haga ejercicio regular y moderado
El ejercicio moderado realizado regularmente mejora la vigilancia inmunológica y reduce la inflamación crónica.Coma bien y suplemente con criterio
La dieta y la suplementación completan el panorama. Los micronutrientes necesarios para el desarrollo y la función de los linfocitos —incluidas las vitaminas A, C, D, E y del complejo B, el hierro, el selenio y el zinc— pueden obtenerse de una dieta variada rica en verduras, frutas, cereales integrales, grasas saludables y proteínas adecuadas, afirmó González-Granado.Rallis enfatizó la función del zinc en un sistema inmunológico fuerte y la importancia de aumentar su consumo, especialmente en el tratamiento del cáncer. "Es difícil absorber más de 25 miligramos de zinc por dosis oral, por lo que a veces debemos administrarlo con mayor frecuencia", explicó. Entre las buenas fuentes alimenticias se encuentran las ostras, la carne de res y las semillas de calabaza, y la cantidad recomendada para adultos es de entre 8 y 11 miligramos al día.
La vitamina D3 es otro suplemento vital para la salud de los linfocitos. Un estudio realizado en 2022 en pacientes con COVID-19 reveló que, en comparación con un placebo, la suplementación con vitamina D3 aumentó significativamente el recuento de linfocitos.
La salud intestinal también es importante: aproximadamente entre el 70 % y el 80 % del total de células inmunitarias del cuerpo reside en el intestino. Los probióticos generalmente refuerzan el sistema inmunológico y la actividad de las células asesinas naturales (NK), y se recomiendan entre 30 mil millones y 50 mil millones de UFC (unidades formadoras de colonias) de especies, lo que indica la potencia y la concentración de bacterias beneficiosas por dosis, explicó Rallis.
El panorama más amplio
Aunque los linfocitos son sólo una pieza del complejo rompecabezas del cáncer, son fundamentales para tener un sistema inmunológico sano, fuerte y capaz de identificar y destruir células cancerosas.La historia de los linfocitos nos recuerda que el cáncer no es una enfermedad que no podamos detener: podemos participar activamente en su prevención y, para quienes la padecen, en superarlo.
Aprovechar el poder del sofisticado e intrínseco sistema de defensa de nuestro cuerpo nos empodera y nos involucra en actividades que pueden ayudarnos a mantenernos saludables ahora y en el futuro.
Para las personas que tienen cáncer, el seguimiento de la salud y la cantidad de linfocitos es vital para la supervivencia, y tal vez el aprovechamiento de estas células críticas sea hacia donde se dirige el futuro del tratamiento del cáncer.
"En última instancia, el sistema inmunológico es el futuro del cuidado del cáncer", concluyó Rallis. "Estoy convencido de que ahí reside, el futuro del tratamiento, sin dida alguna".














