Opinión
En las profundidades del mundo moderno de las teorías de la conspiración, existe una regla extraña: cuando se multiplican los reportes sobre algo terrible que les sucede a los palestinos, se trata de un hecho que no puede cuestionarse. Sin embargo, cuando se multiplican los reportes sobre algo terrible que ocurrió en Occidente —y especialmente en contra de los judíos—, surgen gritos de "bandera falsa".
La semana pasada se presentó un ejemplo casi perfecto, cuando un vuelo de FlyDubai con destino a Tel Aviv se precipitó hacia el suelo después de que su copiloto omaní atacara a su compañero piloto con un hacha en un intento por arrebatarle el control de la aeronave. Gracias a la inmensa valentía del piloto herido y de sus pasajeros (la mayoría de los cuales eran israelíes), el yihadista fue rápidamente reducido y inmovilizado, tras lo cual unos pilotos que se encontraban fuera de servicio lograron aterrizar la aeronave de manera segura.
Pero por más grabaciones de video, informes corroborados por múltiples gobiernos o testimonios de testigos presenciales que estuvieran disponibles de inmediato, seguía habiendo un grupo ruidoso y estúpido que insistía en que se trataba de otra operación de "bandera falsa" orquestada por el primer ministro Benjamin Netanyahu como parte de algún gran plan.

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Ya hemos visto esto antes. Cuando un terrorista islámico atacó una sinagoga en Manchester el día de Yom Kippur el año pasado y asesinó a dos judíos, algunas personas culparon al Mossad del ataque como una forma de generar simpatía hacia Israel, olvidando que, en la Gran Bretaña actual, se necesitaría mucho más que unos cuantos judíos asesinados para lograr ese objetivo.
Cuando dos hombres armados perpetraron una masacre durante una celebración de Hanukkah en la playa de Bondi, la misma maquinaria se puso en marcha. La masacre era supuestamente una "operación psicológica" (psyop), los atacantes eran supuestamente soldados israelíes y las víctimas eran supuestamente actores de crisis. ¿A quién le importa que la policía australiana haya dicho que los presuntos atacantes se habían inspirado en el grupo Estado Islámico? ¡Ellos también están metidos en esto!
¿El 11 de septiembre? ¡El Mossad! ¿El 7 de octubre? ¡Israel lo planeó! ¿Un ataque contra los judíos? ¿Quién se beneficia realmente?
Sí, en nuestro mundo moderno de noticias “instantáneas”, el escepticismo es saludable, y es cierto que los gobiernos mienten y que existe la propaganda en tiempos de guerra. Pero el escepticismo que solo va en una dirección no es escepticismo en absoluto, sino propaganda en sí misma.
Tomemos como otro ejemplo más la explosión en el Hospital Al-Ahli en octubre de 2023. Hamás culpó a Israel, y gran parte de los medios de comunicación del mundo difundieron la acusación por todo el planeta antes de que se disipara el humo... a pesar de que las investigaciones posteriores revelaron que, con casi total certeza, el cohete había sido lanzado desde Gaza por militantes palestinos.
Para estas personas (incluidos muchos dentro de los propios medios de comunicación), la propaganda de Hamás es información, mientras que la información israelí es propaganda. Las cifras de víctimas palestinas se repiten sin cuestionarlas, mientras que una sola víctima israelí requiere una investigación internacional. Las acusaciones contra Israel se califican como "noticias de última hora", pero las pruebas que exoneran a Israel no son más que "propaganda sionista". Incluso cuando se masacra, se asesina o se toma como rehenes a judíos en un avión de línea, eso no es más que una prueba de lo profundo que llega este complot judío.
Nada de esto es pensamiento crítico, porque el pensamiento se perdió hace mucho tiempo.
Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de The Epoch Times.


















