Discurso completo del presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella

El nuevo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, pronuncia un discurso en el Batallón Pichincha tras tomar posesión de su cargo, en Cali, Colombia, el 7 de agosto de 2026. (Jaime SALDARRIAGA / AFP vía Getty Images)
El nuevo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, pronuncia un discurso en el Batallón Pichincha tras tomar posesión de su cargo, en Cali, Colombia, el 7 de agosto de 2026. (Jaime SALDARRIAGA / AFP vía Getty Images)
8 de agosto de 2026, 1:58 a. m.
| Actualizado el8 de agosto de 2026, 1:59 a. m.

Presidente del Congreso de la República, Honorio Enríquez Pinelo. Presidente de la Cámara de Representantes, Nicolás Barguil Cubillos. Oficiales, suboficiales, soldados e infantes de Marina. Mandos del nivel ejecutivo, patrulleros y personal civil al servicio de las Fuerzas Militares y de la Policía Nacional.

Señor vicepresidente de la República de Colombia, José Manuel Restrepo, su esposa Tatiana, sus hijos Alejandro, Julián y María.

Su majestad el rey de España, don Felipe VI.

Excelentísimo señor Javier Milei, presidente de la República Argentina, y su hermana Karina Milei. Excelentísimo señor José Antonio Kast, presidente de la República de Chile, y su esposa María. Excelentísimo señor Luis Abinader, presidente de la República Dominicana. Excelentísimo señor Daniel Noboa, presidente de la República del Ecuador, y su esposa Lavinia. Excelentísimo señor Nasry Juanas Fúnez, presidente de la República de Honduras.

Excelentísimo señor José Raúl Mulino, presidente de la República de Panamá. Excelentísimo señor Santiago Peña Palacios, presidente de la República del Paraguay y su señora Leticia. Excelentísimo señor Gilmar Pizas, primer ministro de Curacao.

Excelentísima señora Karin Larisa Herrera, vicepresidenta de la República de Guatemala y su hijo Sebastián. Señor Todd Blanche, fiscal general adjunto y demás invitados de los Estados Unidos de Norteamérica. Señores expresidentes de la República y señoras exprimeras damas de la nación, exvicepresidentes de la República, sus excelencias, señores expresidentes, ministros de Estado, secretarios generales, presidentes de organismos internacionales, embajadores, cuerpo diplomático y jefes de misiones acreditadas en Colombia.

Honorables presidentes de las altas cortes, honorables magistrados de las altas cortes, fiscal general de la Nación, ministros y funcionarios del gobierno nacional designados, altos mandos de las fuerzas militares y de la Policía Nacional, procurador general de la Nación, contralor general de la República, defensora del Pueblo, registrador nacional del Estado Civil, gobernadores y alcaldes de las diferentes regiones que nos acompañan. Honorables senadores y representantes a la Cámara, honorables representantes de las comunidades académicas y religiosas y de las organizaciones sociales, presidentes, directores y representantes de las organizaciones gremiales y empresariales nacionales e internacionales, diputados y concejales departamentales y municipales. Un saludo a mi invitado especial, don Luis Felipe Yahué Cotazo, primer beneficiario del Programa Estatal de la Patria Milagro. Gracias, Don Luis. Me honra con su presencia.

Directores y periodistas de los medios de comunicación nacionales e internacionales, un saludo de mucho respeto y lleno de gran gratitud y admiración al pueblo colombiano, alma, fuerza invencible y cimiento perenne de esta Patria Milagro. Muchas gracias, compatriotas.

A mis padres, a toda mi familia, a mi amada esposa, primera dama de la Nación, Ana Lucía Pineda, a mis hijos, Lucía, Salvador, Filipo y Francesca. Me es imprescindible iniciar estas palabras elevando desde esta tribuna de la República un sentimiento de profunda gratitud a nuestro Señor Jesucristo por bendecir a Colombia y por no haber apartado jamás su mirada providente de esta tierra bendita.

Gracias, Señor, por mantener tus ojos misericordiosos sobre nuestras montañas, valles, selvas, ríos y mares. Por acompañar a este pueblo valiente incluso en las horas más oscuras de su existencia. Por sostener a nuestra Nación a lo largo de una historia republicana marcada por guerras, violencia, divisiones y tragedias.

He venido a cerrar un largo capítulo de resignación nacional y a emprender junto al pueblo la transformación más profunda de nuestro destino. Tiene un inmenso significado que esta posesión presidencial se celebre en el Cantón Militar Pichincho. Este lugar honra a quienes conquistaron la libertad y simboliza la presencia de una fuerza pública llamada a custodiarla.

Hoy ocuparé la silla que perteneció a Joaquín de Caicedo y Cuero, prócer y mártir de nuestra Independencia, cuya vida quedó para siempre unida a la causa de la libertad. El nombre de Pichincha y la memoria de Caicedo y Cuero nos recuerdan que la independencia de una Nación no se conserva en los libros de la historia. Debe afirmarse y defenderse cada día, mediante el valor, la disciplina, la unidad y el respeto por la ley.

Desde Cali, ciudad tan íntimamente vinculada a la vida nacional y capital de un departamento que ha padecido el azote del terrorismo, del narcotráfico y del accionar de los violentos, envío un mensaje firme al pueblo colombiano. Ha comenzado el tiempo de la recuperación del orden, la autoridad y la libertad. Seré el presidente de todos los colombianos, de quienes me honraron con su voto y de quienes, en ejercicio de su libertad, depositaron su confianza en otras opciones políticas.

Ejerceré esta responsabilidad al servicio de todos, con convicciones claras y un programa sólido, porque una administración sin principios está inexorablemente condenada al fracaso. Quienes no creyeron en mi propuesta encontrarán en los hechos la demostración de que este proyecto sirve al bien común y al progreso de toda la Nación. En el gobierno que hoy comienza no hay espacio para la intransigencia, todo lo contrario.

Llego con el ánimo de convocar a todos mis compatriotas. No ignoro la magnitud de la tarea que hoy asumo y del inmenso peso de la responsabilidad que se deposita sobre mis hombros. Ejercer la presidencia de esta patria que amo entrañablemente constituye, sin duda, la mayor distinción que Dios, el pueblo y la vida han podido concederme.

El primer campo de batalla de un gobernante es su propio corazón. Si se conserva la paz interior, se puede sembrar la paz. Si se permanece en la verdad, se puede gobernar con justicia.

Y el que está de rodillas delante de Dios jamás será vencido porque el Creador batallará por él. Nunca he sido hombre de promesas fáciles. He procurado, por el contrario, que sean los hechos los que hablen por mí.

Así será a partir de este momento, queridos compatriotas. El pasado 21 de junio no ganó un hombre ni un partido. Ganó la democracia colombiana.

Ganó el derecho de millones de colombianos, de millones de ciudadanos, de decidir libremente el destino de la nación. Ganó la posibilidad de que Colombia transite por el camino de la libertad, de las instituciones y del Estado de derecho. Lejos del abismo de los modelos totalitarios bolivarianos que tanto sufrimiento han causado a nuestra región.

La extrema coherencia que proclamé durante la campaña comienza por respetar la democracia en toda circunstancia, cuando el resultado nos favorece y cuando las urnas expresan una voluntad distinta a la nuestra. Las elecciones que me otorgaron este mandato se desarrollaron bajo las mismas reglas, con las mismas instituciones y con las mismas garantías que permitieron la elección de la administración que hoy ha culminado. Poner en duda su legitimidad es desconocer la voluntad soberana del pueblo colombiano.

Le digo a toda la ciudadanía, en el gobierno del Tigre se harán respetar todas las reglas de la democracia. No habrá espacio para maniobras que atenten contra la estabilidad de la nación ni contra el legítimo ejercicio del mandato que hoy comienza.

Mirar hacia adelante no significa desconocer la verdad ni eludir las responsabilidades que correspondan.

El nuevo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, pronuncia un discurso en el Batallón Pichincha tras tomar posesión de su cargo, en Cali, Colombia, el 7 de agosto de 2026. (Jaime SALDARRIAGA / AFP vía Getty Images)El nuevo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, pronuncia un discurso en el Batallón Pichincha tras tomar posesión de su cargo, en Cali, Colombia, el 7 de agosto de 2026. (Jaime SALDARRIAGA / AFP vía Getty Images)

Durante los últimos meses realizamos un proceso serio y transparente para identificar los principales focos de corrupción. Quiero expresar mi reconocimiento al señor vicepresidente de la República, mi amigo, mi compañero de lucha, mi hermano en esta batalla, doctor José Manuel Restrepo, quien dirigió esa labor con inteligencia, rigor, patriotismo y un inquebrantable compromiso con la verdad. Él ha sido un compañero excepcional durante todos estos meses y estoy convencido de que será un guerrero fundamental en la inmensa tarea de reconstruir a Colombia.

Desde que Rafael Núñez asumió la presidencia hace cerca de siglo y medio, ningún hijo del Caribe, ningún hijo verdadero del Caribe había vuelto a ocupar el solio de Bolívar. Hoy esa larga espera ha concluido. Desde esa misma tierra llega un colombiano decidido a emprender una nueva etapa de regeneración nacional.

Una expresión de Núñez quedó inscrita para siempre en nuestra historia: Regeneración o catástrofe. Él comprendió que la supervivencia de la República exigía poner fin al experimento federal consagrado en la Constitución de Río Negro.

Fortaleció el poder central para preservar la unidad de la nación. Hoy el desafío es distinto. La unidad ya no está amenazada por el federalismo, pero la excesiva centralización administrativa necesaria en otro tiempo se ha convertido en un verdadero obstáculo para el progreso.

La nueva regeneración exige un Estado Nacional fuerte y unas regiones capaces de decidir, ejecutar y construir su propio desarrollo sin menoscabar la unidad de la República. Colombia reclama una regeneración moral en el ejercicio del poder. Una regeneración institucional que devuelva fortaleza y autoridad al Estado.

Una regeneración administrativa que haga de la eficiencia y de la transparencia, de la transparencia, reglas inquebrantables del servicio público. Una regeneración económica que fortalezca la iniciativa privada, la inversión, la confianza y el empleo digno. Una regeneración que destierre el odio y el resentimiento para volver a reconocernos como hijos de una misma patria y, por encima de nuestras diferencias ideológicas, podamos abrazarnos bajo el mismo tricolor.

El maestro Álvaro Gómez Hurtado escribió una memorable obra después de su secuestro a manos del M-19. Aquel testimonio nacido de una experiencia dolorosa no es un alegato de odio. Es la reflexión serena de un estadista que, marcado por el ignominioso cautiverio, examinó la tragedia de la violencia colombiana y desmontó las falsas razones con las que se pretendió justificar el uso de las armas para alcanzar el poder.

La perversidad de sus captores no tuvo límites. Se atrevieron a señalarlo como el máximo exponente de la represión en Colombia. Lo decían de uno de los más grandes demócratas de nuestra historia, de un hombre impoluto que consagró su vida a la defensa de la República, de las libertades humanas y del debate superior de las ideas.

Lo decían de un hombre singularísimo que años después sería vilmente asesinado por exigir la moralización de la patria. El maestro Álvaro Gómez Hurtado tenía razón. La violencia nunca ha resuelto un solo problema de Colombia.

Solo ha multiplicado nuestras tragedias. Ninguna reivindicación ni ideológica ni política puede justificar que un colombiano levante las armas contra otro colombiano. Lo volvimos a sufrir durante la campaña que condujo a la victoria marcada por el sacrificio de un mártir.

Rindo un sentido homenaje a la memoria de Miguel Uribe Turbay, asesinado por los interlocutores del régimen que, gracias a Dios, hoy termina. Gracias, Miguel Uribe Turbay. En el cielo, Colombia nunca te va a olvidar.

A comienzos de este siglo, bajo el gobierno del presidente Álvaro Uribe Vélez, Colombia enfrentó con firmeza el terrorismo y restableció la autoridad del Estado. Aprendimos que cuando hay un terrorismo, cuando el gobierno respalda a la fuerza pública y cumple su deber, la violencia retrocede y la gente recupera la tranquilidad. Aquella experiencia nos confirmó que la seguridad no se construye con concesiones al crimen, sino con autoridad y constancia.

Recuperar la seguridad significa devolverle la tranquilidad al ciudadano que todos los días se enfrenta al miedo. Significa que el trabajador honrado no tenga que entregar el fruto de su esfuerzo al delincuente que lo extorsiona. Que la mujer trabajadora pueda utilizar el transporte público sin temor a ser víctima del delito.

Que los padres puedan ver jugar a sus hijos en las calles sin miedo a que una pandilla les arrebate su futuro. Que el empresario pueda abrir las puertas de su negocio sin recibir amenazas de quienes viven de la intimidación. Reafirmo mi intención de derrotar sin tregua al narcoterrorismo y a todas las organizaciones criminales que amenazan la libertad de Colombia.

Los invito a todos a que nos constituyamos en permanentes defensores de la patria porque ha llegado la hora de la recuperación total de la seguridad y de la libertad. Le imparto desde aquí a las fuerzas militares y de policía la orden perentoria de combatir a todas las estructuras criminales. Sus integrantes. Los integrantes de las bandas criminales y del narcoterrorismo tienen dos caminos: someterse al imperio de la ley o enfrentar la fuerza decidida del Estado colombiano y su fuerza pública.

Que no se equivoquen, el Tigre ha llegado y sabrán lo duro que muerde cuando se trata de defender al pueblo colombiano. La erradicación de los cultivos ilícitos por todas las vías será posible. Es una prioridad nacional.

La coca no se combate con estadísticas maquilladas ni con mapas manipulados, sino arrancándola de la tierra donde hoy alimenta la violencia y el crimen. Voy a implementar la fumigación con herbicidas de última generación que no causan daño a la salud humana. No contravienen el mandato de la honorable Corte Constitucional y no afectan de ninguna manera el medio ambiente.

Ha llegado la hora de erradicar definitivamente el flagelo de los cultivos ilícitos. La coca ha traído muerte, corrupción y destrucción. Ha destrozado nuestras selvas, desplazado a nuestros campesinos y ha sido el combustible para el narcoterrorismo.

La coca dará paso al coco, al cacao, al café, al maíz, a la palma y a una agricultura honrada, próspera y libre en la Patria Milagro. No habrá un solo espacio de nuestro territorio donde los delincuentes puedan sentirse a salvo. Hago mías las palabras de Winston Churchill.

"La victoria a toda costa, la victoria a pesar del terror, la victoria por largo y duro que sea el camino, porque sin la victoria no hay supervivencia".

En las próximas horas mi gobierno expedirá el listado de grupos narcoterroristas con el propósito de dotar a nuestra gloriosa fuerza pública de instrumentos eficaces para el combate frontal del crimen. La opción del diálogo está completamente agotada.

El Estado históricamente fue suficientemente noble. El Estado bajo el régimen que ha terminado fue suficientemente cómplice. En la era del Tigre será contundente y certero contra el crimen. La autoridad, queridos compatriotas, tampoco termina con la captura de los delincuentes.

En mi gobierno se construirán megacárceles destinadas a recluir a quienes representan la mayor amenaza para la seguridad del pueblo. Militares y policías de la patria, tengan la certeza de que este gobierno los protegerá como se debe hacer con los héroes de Colombia. Se les brindarán todas las garantías jurídicas para que no sean perseguidos por cuenta del cumplimiento de su deber.

Conmigo, como comandante supremo de las Fuerzas Armadas, tendrán a un defensor de todas las horas. En sus manos está una parte esencial de la construcción de la Patria Milagro.

El pueblo colombiano conoce mi posición frente a la denominada Jurisdicción Especial para la Paz. Lo expresé con claridad a lo largo de la campaña. Una nación que durante décadas ha padecido los rigores del terrorismo no puede aceptar bajo ninguna circunstancia que la justicia se convierta en un mecanismo de indulgencia frente a quienes derramaron la sangre de cientos, de miles de compatriotas. Respetaré el orden jurídico vigente sin que ello signifique renunciar al deber de revisar con absoluto rigor la naturaleza y los efectos de una jurisdicción que nació desconociendo la voluntad popular.

La reconciliación no se edifica sobre el olvido ni sobre la absolución ilegítima de la violencia. La verdadera reconciliación descansa sobre la dignidad de las víctimas, el imperio de la ley y la certeza de que en Colombia ningún crimen atroz volverá a ser tratado con guantes de seda por parte del Estado colombiano.

Queridos compatriotas, el control territorial ha sido desde los albores de la vida republicana uno de nuestros grandes desafíos.

Ese reto solo puede superarse con autoridad, instituciones sólidas, un Estado presente en cada uno de los 2 millones de kilómetros cuadrados de tierra y mar, en los 32 departamentos y en los más de 1.100 municipios de la República. Parafraseando a ese gran protagonista de la transición democrática española, Adolfo Suárez: puedo prometer y prometo que gobernaré desde las regiones.

Puedo prometer y prometo que dedicaré todas mis energías a recorrer el territorio nacional, porque ningún compatriota puede sentirse abandonado por el gobierno del Tigre. Y puedo prometer y prometo que trabajaré sin descanso para que, al concluir este mandato, Colombia pueda afirmar orgullosamente que la autoridad volvió a sentirse en cada rincón de la patria.

Colombianos, la Constitución distribuyó el poder para evitar su concentración, pero también para garantizar la estabilidad de la República.

Respetaré la independencia de cada una de las ramas del poder público, porque así me lo exigen mi formación académica, mi trayectoria profesional y mi visión del Estado. Ese equilibrio entre los poderes públicos constituye una garantía irrenunciable de la libertad y un principio republicano que debo proteger, fortalecer y honrar con cada una de mis actuaciones. La relación entre el Ejecutivo y el Legislativo estará guiada por un principio inquebrantable de transparencia.

No habrá acuerdos personales ni negociaciones ocultas. El diálogo será institucional, bajo el escrutinio permanente de los colombianos para que conozcan las iniciativas del Gobierno y las decisiones que, sobre ellas, adopte el Honorable Congreso de la República. Todas las fuerzas políticas, tanto las que acompañan al Gobierno como las que ejercen oposición, gozarán de las mismas garantías para participar en la noble batalla democrática.

En la patria milagro, nadie será perseguido por pensar distinto ni privilegiado por respaldar al Gobierno Nacional. Que no haya espacio para las dudas. Las mayorías tendrán derecho a gobernar y las minorías, el derecho de controvertir con las mismas garantías que les reconoce la Constitución y la ley.

La rama judicial, queridos compatriotas, ocupa un lugar imprescindible en el orden republicano y debo decirlo también en mi corazón. En la independencia de los jueces encuentran amparo los derechos de los ciudadanos. Límite al ejercicio del poder y firmeza de la vida republicana.

La Corte Suprema de Justicia, la Corte Constitucional y el Consejo de Estado encarnan las más altas garantías de la nación. A ellas corresponde asegurar la supremacía de la Constitución y someter la actuación del Estado al imperio de la ley. De la autonomía y de la autoridad de la justicia depende la estabilidad institucional de la patria.

Mi gobierno no va a interferir. No va jamás a atacar o a desafiar a los jueces. Nunca lo señalaré ni pretenderé invadir competencias que la Constitución le ha confiado a otras autoridades.

Mi relación judicial y personal con la rama estará regida por la colaboración armónica y el respeto recíproco.

Quiero ser igualmente inequívoco. En mi gobierno no se abrirá camino a una constituyente de ninguna naturaleza. No creo en asambleas convocadas para alterar las reglas de la República, prolongar el ejercicio del poder o rehacer las instituciones al capricho de quienes gobiernan.

Thomas Jefferson advirtió que nunca faltarán dificultades reales capaces de servir como pretexto para prolongar el ejercicio del poder. Por eso sostuvo Jefferson que ninguna excusa debía prevalecer sobre el principio republicano de la rotación en Colombia tampoco habrá excusas.

Queridos compatriotas, gobernaré durante los 4 años que ordena la Constitución. Trabajaré cada uno de sus días y cada una de sus noches. 4 años son más que suficientes para cumplir el programa que recibió el respaldo de mis compatriotas. Al concluir ese término, entregaré la presidencia con las instituciones fortalecidas y la conciencia de haber consagrado cada hora al servicio de Colombia.

El recién nombrado presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, pronuncia unas palabras durante la ceremonia de reconocimiento militar, como parte de la jornada de toma de posesión presidencial, en el Batallón Pichincha el 7 de agosto de 2026 en Cali, Colombia. (Leonardo Castañeda/Getty Images)El recién nombrado presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, pronuncia unas palabras durante la ceremonia de reconocimiento militar, como parte de la jornada de toma de posesión presidencial, en el Batallón Pichincha el 7 de agosto de 2026 en Cali, Colombia. (Leonardo Castañeda/Getty Images)

Colombia, queridos hermanos y compatriotas, ha tenido que librar grandes batallas para defender su libertad frente al terrorismo, frente al narcotráfico y a todas las formas de criminalidad. Pero existe otro gran enemigo menos visible y no por ello menos destructivo, la corrupción.

Los que se apropian del dinero del pueblo son unos forajidos que atentan contra el bienestar de todos los colombianos. Los 4 años que hoy concluyen estuvieron marcados por un manejo inaceptable de los recursos públicos. El erario fue tratado con una irresponsabilidad que indigna a cualquier ciudadano honrado.

La contratación pública dejó de servir al interés general para convertirse en vehículo de expoliación. Mientras millones de compatriotas cumplían con sus obligaciones tributarias, desde el alto gobierno trataron esos recursos como un botín propio. Eso se ha acabado en la era del tigre, pueblo colombiano.

La lucha contra la corrupción no será una declaración de buenas intenciones. Será un método permanente de gobierno. Hoy mismo ordenaré la implementación de herramientas modernas para prevenir, detectar y perseguir el uso indebido de los recursos públicos.

El expresidente Marco Fidel Suárez, en esa obra admirable e injustamente relegada por el paso del tiempo que son "Los sueños de Luciano Pulgar", enseña que los dineros públicos deben guardarse con siete llaves y que jamás deben tocarse antes de ser empleados en forma muy atenta y prolija. Máxima será una norma de conducta inquebrantable para todos los servidores de mi administración. No voy a tolerar ningún escándalo de corrupción, por pequeño que sea. Se acabó la corrupción y viene la prosperidad para el pueblo colombiano.

Y para eso, desde el gobierno, vamos a utilizar la inteligencia artificial, sistemas de análisis de datos, tecnologías de trazabilidad digital y herramientas como blockchain para fortalecer la transparencia, identificar patrones de corrupción y garantizar que cada peso del Estado pueda ser vigilado desde su origen hasta su destino final.

Pero ninguna tecnología será suficiente si no existe una ciudadanía comprometida con la defensa de lo que pertenece a todo el pueblo. Colombia entera debe convertirse en una manada cuando se trate de proteger los recursos públicos. Una nación unida, vigilante y decidida a impedir que unos propios se apropien de lo que es de todos.

No vamos a permitir que unos pocos terminen espoleando a las mayorías trabajadoras. A los corruptos no los despacharemos con una simple condena moral.

Desde el día de mi victoria, mi equipo emprendió la tarea de documentar el vasto entramado de corrupción que deja el gobierno saliente. Toda la información y las evidencias serán puestas en conocimiento de las autoridades judiciales y de los organismos de control competentes.

Acudiré a la justicia de otros estados y a los mecanismos de cooperación internacional, porque las fronteras no pueden convertirse en refugio para quienes pretenden esconder el producto de la corrupción. Que lo oigan bien quienes saquearon a Colombia. No habrá impunidad, no habrá escondite en el que puedan evadir la consecuencia de sus actos. Los encontraré y los llevaré con determinación ante la justicia.

Lo aseguré durante la campaña. Lo sostuve después de recibir el mandato del pueblo y lo ratifico hoy ante toda la nación y el mundo. El mío será un gobierno que contará con el concurso de las mejores inteligencias.

Me rodearé por los hombres y mujeres más preparados, íntegros y capaces. Trabajaré con quienes han honrado la academia, la ciencia, la empresa, el campo, la cultura, las fuerzas armadas, la justicia, el servicio público y todas las actividades que ennoblecen a la nación.

Esa convocatoria, queridos compatriotas, encontró una respuesta extraordinaria a través del Banco de Talentos que abrimos para recibir las hojas de vida de quienes quieren aportar a esta administración.

Más de 300,000 personas decidieron poner su conocimiento, su experiencia y su vocación al servicio de la patria milagro. De allí surgió quien será en pocos minutos, cuando le tome el juramento, la nueva ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación. Ella es la prueba de que nuestro país está lleno de talentos que solo esperaban una oportunidad. Son los nunca de los que he hablado, colombianos que tienen todo para transformar el destino de la nación.

El único mérito que reconocer en mi gobierno es el mérito mismo. Las mujeres tendrán un papel fundamental en esa tarea. Conformaré un equipo de mujeres excepcionales en las distintas áreas del gobierno. Porque durante largo tiempo muchas colombianas con talento, preparación y carácter fueron relegadas a un segundo plano. Ellas, que hacen posible el milagro más grande de la existencia humana, serán las protagonistas de la construcción de la patria milagro.

Entonces, comprobaremos que el verdadero límite nunca estuvo en las capacidades de los colombianos, sino en la ausencia de un propósito común que hoy tenemos y que es la patria Milagro.

Ninguna economía comienza a irle bien si no empieza por la conquista de la confianza, que es en sí misma la confianza uno de los bienes más valiosos que puede tener una nación.

Ninguna economía prospera cuando el Estado gasta sin control, desalienta la inversión, pierde el respeto por el dinero de los contribuyentes y compromete irresponsablemente el futuro de las nuevas generaciones.

En las próximas horas firmaré el decreto de congelamiento del gasto público. El régimen que abandona el poder impulsó un crecimiento desmedido del gasto con base en un endeudamiento que debilitó las finanzas nacionales.

Antes, queridos compatriotas, de emprender las grandes transformaciones económicas que Colombia necesita, tenemos que poner la casa en orden. Ese será el primer deber de mi gobierno, la austeridad no recaerá sobre quienes más necesitan la protección del Estado. Tengan la certeza de que los programas dirigidos a la población más vulnerable serán preservados en la era del tigre.

Desaparecerán el despilfarro, el abuso y los colados que han desviado recursos destinados a quienes verdaderamente lo necesitan. La disciplina en el gasto es indispensable, pero por sí sola no basta. Necesitamos volver a crecer, producir, exportar y generar riqueza.

Quiero decirle a los empresarios de Colombia, grandes, medianos y pequeños, que este gobierno será su aliado. Invertir en Colombia volverá a ser una decisión segura y rentable para ustedes, señores empresarios de la patria y del resto del mundo.

Mi gobierno presentará una reforma estructural del sistema tributario para simplificarlo. Mi objetivo es combatir la evasión y crear un ambiente favorable para la inversión, la producción y el empleo. Lo dije como candidato y hoy lo corroboro como presidente en ejercicio.

El impuesto al patrimonio será eliminado. Debemos dejar de castigar a quienes invierten y generan riqueza en nuestra patria.

La prosperidad, queridos compatriotas, no nace de gravar el éxito, sino de crear condiciones para que millones de colombianos puedan emprender, trabajar y progresar.

Quiero dirigirme también a esos compatriotas que tengo en mi corazón de manera tan especial, que desde la informalidad salen cada mañana a trabajar honradamente para sostener a sus familias. Este gobierno se esforzará para abrirles las puertas de la formalidad, del crédito y de nuevas oportunidades para ustedes.

Seré, queridos compatriotas, totalmente respetuoso de la independencia del Banco de la República. Una institución ejemplar que, gracias a su rigor técnico y su credibilidad, se ha consolidado entre los bancos centrales más prestigiosos del mundo. Mi equipo económico tiene instrucciones precisas de recuperar el prestigio de Colombia ante la comunidad internacional.

Volveremos a ser reconocidos como un estado serio, confiable y seguro para invertir. Cuando regresan la confianza y la estabilidad, llegan también la inversión, el empleo, el crecimiento y las oportunidades. Ese será otro de los pilares de la patria milagro.

Queridos compatriotas, este tema es de singularísima importancia, queridos compatriotas, porque la seguridad energética es un asunto de soberanía nacional.

Ningún país del mundo puede aspirar a un futuro de prosperidad si deliberadamente renuncia a aprovechar los recursos que el Creador puso en su territorio.

Ecopetrol, la empresa más importante del país y uno de los mayores patrimonios de la nación, fue alevosamente depredada durante los 4 años que hoy concluyen.

Sus utilidades pasaron de 32 billones en el año 2022 a 9 billones el año pasado. Perdió la nación, pero también perdieron cientos de miles de compatriotas que invirtieron sus ahorros en esa compañía.

Recuperar Ecopetrol será una prioridad definitiva y absoluta de mi gobierno, queridos compatriotas.

No podemos resignarnos a tener reservas probadas de petróleo para apenas unos años, ni aceptar la caída de nuestra reserva de gas. Impulsaré una política firme de exploración y producción de hidrocarburos. Anuncio que se autorizará bajo los más altos estándares técnicos y ambientales el desarrollo del fracking responsable y sostenible.

Gracias a esta decisión podremos garantizar nuestra seguridad energética y evitaremos que continúe el empobrecimiento sistemático de nuestro país. Creo en la transición energética. Estoy convencido de que debemos avanzar hacia fuentes de energía cada vez más limpias, eficientes y diversificadas.

Pero esa transición debe erigirse desde la fortaleza y no desde la debilidad, desde la autosuficiencia y no desde la dependencia.

Recuperaremos la solidez de Ecopetrol, ampliaremos nuestras reservas estratégicas y aseguraremos el abastecimiento de petróleo y gas, atrayendo nuevamente la inversión a ese importante sector de la economía colombiana.

Compatriotas, recibo un sistema energético en una situación crítica con reservas insuficientes, proyectos fundamentales paralizados o retrasados y una demanda que crece a un ritmo superior a nuestra capacidad de generación.

La irresponsabilidad de estos años puso en grave riesgo la seguridad energética del país. El fenómeno del Niño no da espera, para superarlo es imperativo implementar soluciones urgentes.

He dado instrucciones para que se adopten las decisiones regulatorias y de inversión necesarias para recuperar el margen de seguridad, aceleración de proyectos estratégicos y evitar la amenaza del racionamiento o apagones.

Le anuncio al país que fortaleceré la generación térmica, protegeré los embalses y voy a diversificar la matriz energética para reducir nuestra vulnerabilidad frente a las sequías que se avecinan. Eso es lo responsable con Colombia, compatriotas.

Otro punto, otro tema que toca mi alma, mi espíritu, mi corazón, el campo.

El campo colombiano no ha fracasado, ha sido abandonado, empobrecido y convertido en escena constante de violencia.

Nuestros campesinos han padecido la falta de crédito, la ausencia de oportunidades y el incumplimiento reiterado de las promesas que tantas veces se les hicieron. El campo es una de las mayores reservas morales y productivas de la patria.

Rindo homenaje desde aquí al campesino que trabaja la tierra con dignidad, al productor que jamás renuncia, pese a la adversidad, a las familias rurales que con el sudor de su frente proveen el alimento de los colombianos. Un aplauso para ustedes, que son compatriotas excepcionales.

Por eso voy a darle al mundo rural el crédito, la asistencia técnica, vías, conectividad, seguridad, presencia efectiva del Estado y una comercialización justa.

El programa Cosecha Solidaria que emprendí como particular en la pandemia será convertido en una política de este gobierno. La Orinoquía colombiana será nuestro Mato Grosso con vocación a convertirse en una despensa agrícola mundial que garantizará nuestra soberanía alimentaria, pero además será el motor del crecimiento económico de la patria milagro.

Campesinos de la patria, ustedes dejarán de sobrevivir para empezar a prosperar. Encontrarán en mí un aliado permanente en la defensa de sus derechos. Tengan la certeza que cuando el campo se levante, con él renacerá una parte esencial de la República de Colombia.

Compatriotas, la calidad de una nación también se mide por la manera como protege la vida y la salud del pueblo.

Cuando un padre no encuentra atención para su hijo enfermo, cuando un ciudadano espera una cita médica que nunca llega, cuando un paciente no recibe el medicamento del que depende su vida, cuando una persona muere esperando una cirugía o un adulto mayor espera durante meses un tratamiento indispensable, no estamos ante una crisis, sino ante un drama profundamente humano.

La situación que hoy atraviesa nuestro sistema de salud es la dolorosa consecuencia de decisiones equivocadas que deterioraron el servicio que deben recibir millones de compatriotas.

El gobierno del Tigre no asumirá el asunto de la salud con tesis ideológicas. Llego con la determinación de corregir lo que sea necesario, lo que sea menester, recuperar lo que se haya deteriorado y fortalecer todo aquello que sirva al bienestar de la gente.

Mi propósito irrenunciable es que ningún colombiano vuelva a sentir que en el momento de mayor angustia quedó solo frente a una enfermedad. Ese es mi compromiso y lo voy a cumplir con la ayuda de Dios.

Compatriotas, el porvenir de un pueblo se construye en sus escuelas, colegios y universidades. La educación es el más poderoso ascensor social que tiene una nación.

Es el instrumento que permite, gracias. Es el instrumento que permite que el mérito abra las puertas de la oportunidad y que cada ciudadano pueda construir con sus capacidades una vida mejor.

Alcanzaremos la excelencia académica, dignificaremos la labor de nuestros maestros, fortaleceremos la educación técnica, tecnológica y universitaria.

Impulsaremos la investigación, la ciencia y la innovación. Queremos formar ciudadanos íntegros y profesionales altamente calificados, capaces de responder a las exigencias del mundo contemporáneo, de crear empresa, de generar empleo, aportar al desarrollo y encontrar en Colombia oportunidades para realizar su proyecto de vida.

De nada sirve un diploma si este no abre las puertas al trabajo, al emprendimiento y a un mejor porvenir.

Colombia debe incorporarse plenamente a la cuarta revolución industrial. Promoveré la formación de nuestros niños y jóvenes en las nuevas áreas del conocimiento que están transformando al mundo. La inteligencia artificial, la programación, la ciencia de datos, la robótica, las nuevas tecnologías, esas son las formaciones que el mundo demanda. Ahí está el futuro, ahí está el presente.

No quiero, queridos compatriotas, que nuestros jóvenes sean simples consumidores de tecnología creada en otras latitudes. Quiero que sean creadores innovadores y protagonistas del mundo digital.

Hay un principio sobre el cual no vacilaré. La educación no puede convertirse jamás en un instrumento de adoctrinamiento ideológico.

Las aulas pertenecen al conocimiento, la ciencia, las humanidades y el pensamiento libre, nunca a la propaganda política. La misión de la escuela consiste en enseñar a pensar, pero no en decirle a nuestros niños y jóvenes cómo tienen que pensar y lo que tienen que pensar.

El renacer en la patria milagro también deberá ser cultural. Una nación que pierde de vista su identidad termina extraviando su destino.

Mi gobierno librará la batalla cultural para recuperar el valor de la familia, el mérito, la disciplina, el respeto por la ley, el amor por la patria, la creencia en Dios y la responsabilidad individual.

No permitiré que se siga ridiculizando aquello que durante generaciones ha hecho fuerte y grande a nuestra sociedad. Colombia volverá a reconocerse en sus mejores tradiciones, abierta al mundo, pero firme en su identidad.

Nuestra verdadera deuda ancestral consiste en honrar y exaltar el legado de quienes nos precedieron, nuestros pueblos indígenas, afrocolombianos, raizales y palenqueros y todas las generaciones que con su cultura y sacrificios forjaron nuestra nación.

La batalla cultural es devolverle a Colombia la confianza en sus principios y valores fundacionales. Porque la patria milagro solo podrá edificarse sobre una sociedad que se respete a sí misma, que conozca quién es, que se reconcilie con su historia, que esté segura de sus valores y que sea capaz de construir un futuro con orgullo y prosperidad.

No existe política pública capaz de reemplazar la obra que una familia unida puede realizar por sus hijos y un país. En los hogares se aprenden los principios, se cultivan las virtudes y se forman los ciudadanos. La fortaleza de la familia es la fortaleza de Colombia. Eso que nadie lo tenga en duda. Queridos colombianos.

Proteger a las mujeres y a los niños constituye uno de los deberes más elevados del Estado. La manera como una sociedad los acompaña revela su verdadero compromiso con la dignidad humana.

Ninguna mujer puede vivir bajo el temor de la violencia. Ningún niño puede crecer privado del amor, del cuidado y de las oportunidades necesarias para desarrollar los talentos que Dios le concedió.

Mi gobierno no tolerará ninguna forma de violencia contra mujeres y niños. Todo el peso de la ley caerá sobre quienes se atrevan a maltratarlos.

Aquel que atenta contra una mujer o un niño merece ser castigado con cadena perpetua.

Las personas con discapacidad, los adultos mayores, quienes dedican su vida al cuidado de otros y quienes enfrentan condiciones de especial vulnerabilidad, no pueden seguir siendo invisibles.

No quiero que sientan la compasión del Estado. Quiero que sientan su presencia, una presencia que acompañe, que proteja, que les permita vivir con tranquilidad, el respeto y la dignidad que merecen.

Los colombianos, queridos compatriotas, que viven en la pobreza, no serán relegados ni utilizados como argumento político. Mi gobierno concentrará en ellos sus mayores esfuerzos para que encuentren salud, educación, trabajo, vivienda y condiciones reales para una vida mejor.

Ellos serán los principales beneficiarios de la patria milagro. No aceptaré una prosperidad reservada para unos pocos.

El crecimiento debe reflejarse ante todo en la vida de quienes más necesitan avanzar. Mi mayor fuente de angustia, lo confieso, son los pobres. Dios sabe que es así. Y por ellos me la voy a jugar, por ellos me voy a hacer moler y por ellos voy a trabajar cada día de mi mandato.

La contracara de la patria milagr es la justicia social. La justicia social para los más pobres y vulnerables de la patria.

Compatriotas, la infraestructura dejará de ser un instrumento de retaliación política como ocurrió en los últimos años.

Las obras, las obras públicas se definirán con criterios técnicos de viabilidad e impacto para las comunidades, nunca por la afinidad o discrepancia regional con el gobierno nacional.

Reactivaré los proyectos estratégicos que están congelados. El gobierno trabajará de la mano con gobernadores y alcaldes para definir prioridades y llevar las obras hasta su culminación.

Allí donde lleguen la infraestructura llegarán también el empleo, la inversión y el progreso de las regiones, porque este será un gobierno de las regiones y para las regiones de la patria compatritas.

A partir de hoy, Colombia volverá a sentir su voz con autoridad en el escenario internacional, defendiendo los intereses superiores de la nación.

Fortaleceré nuestras relaciones con todos los países del mundo sobre la base del respeto mutuo. Consolidaré de manera especial las alianzas estratégicas con aquellas naciones que comparten los valores de democracia, libertad y respeto por la dignidad humana.

Gracias a nuestra política exterior, recuperaremos el liderazgo que históricamente nos ha correspondido en Iberoamérica y en nuestro hemisferio, siempre orientado a promover la integración y el desarrollo de nuestros pueblos y no la ideologización de las relaciones internacionales.

Nuestro país será el primero en levantar su voz para condenar sin ambigüedades toda forma de totalitarismo, de dictadura, de opresión y de persecución política.

Colombia desde ahora mismo, queridos compatriotas, deja de ser un paria que contemporiza con el delito transnacional.

Asumiremos un papel de liderazgo en la lucha contra el crimen global organizado. Mi gobierno impulsará una estrecha articulación internacional en materia de inteligencia, seguridad, justicia y persecución de las finanzas criminales.

Uno de mis primeros actos de gobierno al finalizar esta ceremonia será suscribir el Escudo de las Américas, una iniciativa que permitirá unir capacidades, compartir información estratégica y fortalecer la acción conjunta de las naciones libres frente a las amenazas que afectan la seguridad nacional y regional.

Ningún Estado puede derrotar por sí solo estructuras que operan a escala global.

Compatriotas, la política exterior es un poderoso instrumento para el crecimiento económico. Fortaleceremos los tratados de libre comercio existentes. Promoveremos nuevos acuerdos que amplíen nuestras oportunidades y defenderemos con firmeza los intereses de nuestros productores.

Ningún exportador volverá a sentirse solo cuando defienda su derecho a competir en condiciones justas o cuando salga a conquistar nuevos mercados.

Buscaremos la eliminación de las barreras arancelarias. Eso es fundamental y lo hemos empezado a hacer desde ya. Esas barreras arancelarias desaparecerán para el beneficio de todos nuestros exportadores.

Asignaré embajadores que representen dignamente a Colombia y que además abran puertas, faciliten la conquista de nuevos mercados, atraigan inversión, identifiquen oportunidades y acompañen activamente a nuestros empresarios en el mundo.

Cada embajada deberá convertirse en un instrumento eficaz al servicio del desarrollo y la protección y proyección internacional de Colombia ante el mundo.

Permítanme, para ir cerrando, hacer una pausa para expresar mi gratitud a Ana Lucía, compañera inseparable de vida, por su amor, su fortaleza y por la sabiduría de su consejo en los momentos más decisivos de este camino y de mi vida.

A mis hijos Luchía, Salvador, Filipo y Francesca. Quiero decirles que los próximos años impondrán a su padre largas horas de trabajo y enormes responsabilidades.

Pero tengan la certeza, queridos hijos, de que siempre encontrarán en mí al mismo padre atento, cercano, divertido y amoroso.

Cada hora dedicada al servicio de la patria tendrá un único propósito, construir el país que ustedes, hijos míos y todos los niños de Colombia se merecen.

Quiero también expresar mi gratitud a mis padres, hermanos y a toda mi familia por su apoyo.

Al equipo de la campaña Extraordinario, qué bella campaña, y a los miles de voluntarios que entregaron su tiempo y su esfuerzo para llevar este proyecto a cada rincón de la patria y el planeta.

A los ministros, altos funcionarios y servidores que asumirán conmigo esta responsabilidad. Les agradezco desde ahora su disposición y compromiso.

Sé que vendrán años de trabajo intenso, de sacrificios personales y de grandes exigencias que también recaerán sobre sus familias.

Ninguna transformación nacional es posible sin hombres y mujeres dispuestos a entregar parte de su tranquilidad personal al servicio de una causa superior.

Esa causa superior se llama Colombia.

Me encomiendo a Dios todos los días para que el mal no me pueda tocar, para que el ruido no me distraiga y su voz sea siempre más fuerte, para que el poder nunca ocupe el lugar del servicio, para que conserve mi corazón dócil para escuchar, humilde para corregir el rumbo cuando sea necesario y valiente para hacer siempre lo que es justo aunque cueste.

Con el respaldo de mis compatriotas, el trabajo del equipo que me acompañará y la amistad de las naciones libres del mundo, iniciaremos una etapa llamada a devolverle a Colombia la confianza en su propio destino.

Este será un gobierno de extrema coherencia. Coherencia entre la palabra y la acción, entre las promesas y los hechos, entre los principios que defiendo y las decisiones que tomaré.

Trabajaré, colombianos, para que al concluir mi mandato, todos ustedes puedan afirmar que recuperamos la grandeza, que el optimismo desplazó al desaliento, que Colombia encontró el camino para resolver sus problemas y que las nuevas generaciones crecieron convencidas de que en esta tierra podían construir su futuro sin tener que buscarlo lejos de ella.

Me esforzaré por liderar la construcción de un país que inspire respeto por la seriedad de sus instituciones, por la solidez de su economía, por la calidad de su gente y la firmeza de sus principios.

No ignoro la magnitud del desafío. Habrá muchas dificultades, momentos de incertidumbre y decisiones que exigirán firmeza. Jamás aceptaré que el pesimismo se convierta en una política de Estado.

Ha llegado, queridos compatriotas, el momento de poner al servicio del progreso el mismo carácter con el que durante décadas hemos enfrentado la adversidad.

Aquel es el espíritu del gobierno del tigre, firme para defender a Colombia e incansable para transformarla. Eso es para mí la patria milagro.

Una nación que descubre que su mayor riqueza no está solamente en lo que la naturaleza le concedió, sino en la templanza y la ardentía de su gente. Un pueblo que deja de preguntarse hasta dónde puedo llegar y empieza a demostrar realmente lo que puede ser, lo que puede llegar a convertir en este país y de qué está hecho.

Ese ideal será el resultado del trabajo honrado, de la libertad defendida y de la decisión de no conformarnos jamás, jamás con una Colombia simplemente posible, sino de hacer realidad la nación extraordinaria que estamos destinados a ser.

Nadie, nadie, absolutamente nadie sobra en esta empresa. Debemos entregar lo mejor de nosotros para estar a la altura de la misión que tenemos por delante.

Queridos compatriotas, que Dios bendiga a cada uno de sus hijos, que ilumine nuestro entendimiento, afirme nuestro carácter y guíe nuestras decisiones para que entre todos hagamos de nuestra amada Colombia la patria milagro.

Hoy más que nunca, querido pueblo colombiano, los abrazo y los convoco para que asumamos juntos esta tarea histórica y titánica con una convicción irrenunciable, con una convicción absoluta, con una convicción que solo un colombiano puede albergar en su corazón.

Todo por la patria, compatriotas. Todo por la patria, nada sin ella.

Firmes por la patria. Viva Cristo Rey.


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