Recurrir a un inhalador de rescate más de dos veces al año podría ser una señal de alerta para su corazón, no solo para sus pulmones. Un estudio reciente, realizado con más de 280,000 pacientes, reveló que las personas con asma o EPOC que abusan de los inhaladores de rescate enfrentan un riesgo hasta un 14 por ciento mayor de sufrir enfermedades cardiovasculares o incluso de fallecer.
El tratamiento del asma y la EPOC depende en gran medida de los inhaladores de "alivio" o "rescate", medicamentos de acción rápida que abren las vías respiratorias durante una crisis.
"Los inhaladores de rescate son fundamentales durante las crisis y pueden salvar vidas; sin embargo, depender de ellos de forma recurrente debe considerarse una señal de advertencia, y no una solución", señaló para The Epoch Times el Dr. Gustavo Ferrer, neumólogo certificado y fundador de la Clínica de la Tos (Cough Clinic) en la Cleveland Clinic Florida, quien no participó en el estudio.
La nueva investigación, publicada en ERJ Open Research, reveló que casi uno de cada cinco pacientes con asma y uno de cada tres pacientes con EPOC hacen un uso excesivo de estos inhaladores. Cuantos más inhaladores utilizaban los pacientes al año, mayor era su riesgo de padecer enfermedades cardíacas y de fallecer.

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¿Qué se considera "uso excesivo"?
Los investigadores, dirigidos por Lies Lahousse, analizaron los historiales médicos de más de 280,000 pacientes en Bélgica que utilizaban agonistas beta de acción corta (SABA, por sus siglas en inglés) y antagonistas muscarínicos de acción corta (SAMA, por sus siglas en inglés), los dos tipos principales de inhaladores de rescate.Los inhaladores SABA estimulan los receptores beta en los pulmones para relajar los músculos de las vías respiratorias, mientras que los inhaladores SAMA bloquean la acetilcolina para evitar que dichas vías se contraigan.
Los médicos subrayan que los inhaladores de rescate siguen siendo esenciales durante las crisis y que su uso no debe interrumpirse ni reducirse sin supervisión médica. Sin embargo, el uso frecuente es un aspecto que debe comentarse con el médico; no es motivo para reducir la dosis por cuenta propia.
¿Quiénes corren mayor riesgo?
Si bien el control del asma protege el corazón, el uso excesivo de inhaladores indica que la enfermedad de las vías respiratorias no está bien controlada, lo que debería motivar una revisión médica del tratamiento, explicó Lahousse. Los inhaladores solo proporcionan un alivio temporal, y una dependencia excesiva podría permitir que la enfermedad subyacente empeore sin control, lo que aumenta el riesgo de sufrir problemas cardíacos graves.El equipo de investigación planea analizar si una gestión más estricta de la terapia de mantenimiento puede reducir el uso excesivo de inhaladores y los riesgos asociados. Asimismo, pretende explorar si el cribado o los tratamientos cardiovasculares podrían contribuir a disminuir dichos riesgos.
Los SAMA son fármacos anticolinérgicos que bloquean los receptores muscarínicos. Sus efectos cardiovasculares pueden incluir un aumento de la frecuencia cardíaca y alteraciones del ritmo cardíaco; no obstante, el ipratropio inhalado suele tener efectos limitados fuera de los pulmones y, por lo general, no provoca cambios clínicamente significativos en la frecuencia cardíaca cuando se administra en las dosis recomendadas.
Los SABA estimulan los receptores beta-adrenérgicos. Esta estimulación puede incrementar la frecuencia cardíaca y reducir los niveles de potasio en sangre, lo que podría aumentar el riesgo de presentar alteraciones del ritmo cardíaco en pacientes susceptibles.
¿Cómo mejorarse del asma?
Incorporar ciertas técnicas complementarias, respaldadas por evidencia científica, al tratamiento del asma puede mejorar el control respiratorio y reducir la necesidad de utilizar un inhalador de rescate.- Reentrenamiento respiratorio: Técnicas como el método Buteyko y la respiración con labios fruncidos ayudan a las personas a gestionar la falta de aire repentina sin tener que recurrir de inmediato al inhalador.
- Rehabilitación pulmonar: Programas estructurados que combinan ejercicio y entrenamiento respiratorio para mejorar la resistencia pulmonar.
- Yoga y pranayama: Prácticas de respiración controlada que pueden ayudar a reducir el estrés, un factor conocido que desencadena el asma.
- Evitar alérgenos: Limitar la exposición a los ácaros del polvo, la caspa de las mascotas, el moho, el humo y las fragancias intensas.
Dieta y control del peso: Seguir una dieta antiinflamatoria y mantener un peso saludable puede facilitar la respiración y reducir la sobrecarga en los pulmones.




















