Linda Blazic-Mirosevic/Shutterstock

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Su cerebro y el aburrimiento: por qué no hacer nada puede ser esencial

Su mente aburrida no está siendo perezosa, está intentando decirle algo importante

13 de enero de 2026, 4:47 p. m.
| Actualizado el13 de enero de 2026, 6:20 p. m.

Su cerebro está intentando comunicarle algo, pero antes de que pueda escucharlo, ya esta estirado la mano buscando su celular.

Esa sensación inquieta e irritable que llamamos aburrimiento no es señal de que tiene poca capacidad de atención. Es un mecanismo biológico diseñado para avisarle cuando su vida se ha desviado de su rumbo. Sin embargo, la estimación digital constante ha convertido esa brújula interna en runa especie de ruido blanco permanente.

Millones de personas navegan deslizando el dedo sin parar, atrapadas en un estado que los psicólogos llaman "deseo de desear". Aún anhela algo, pero nada le parece lo suficientemente significativo como para capturar su energía. Y así sigue navegando, ahogando precisamente la señal que podría ayudarle a encontrar lo que busca.

La señal que hemos aprendido a ignorar

El aburrimiento no es un defecto personal ni una falla en la atención. El neurocientífico James Danckert, quien ha pasado años estudiando cerebros aburridos en su laboratorio, lo describe como "una llamada a la acción": la forma en que su mente le dice que lo que está haciendo ya no le resulta significativo. El problema es que la vida moderna nos ha dado una manera muy eficaz de silenciar esa llamada.

"Cuando siento que el aburrimiento me invade, empiezo a caminar de un lado a otro", explicó Danckert a The Epoch Times. "Siento una energía física y esa necesidad corporal de estar haciendo algo, pero no está dirigida a ningún lugar en particular".

Esa energía inquieta, dijo, esta pensada para impulsarle hacia algo más valioso y absorbente. Sin embargo, los rápidos golpes de distracciones digital cortocircuitan e interrumpen todo el proceso.

Las consecuencias de ignorar constantemente la señal del aburrimiento son más profundas de lo que la mayoría de la gente imagina. Un estudio publicado en 2024 en Communications Psychology reveló que el uso intenso de los medios digitales frecuentemente genera más aburrimiento, no menos. El uso intensivo y el cambio rápido entre aplicaciones o videos y notificaciones debilitan la atención sostenida, aumentan la fatiga mental, y deja a las personas sintiéndose dispersas, adormecidas y curiosamente vacías, aunque estén entretenidas todo el tiempo.

Los padres lo ven claramente en los niños. En cuanto se les quita el dispositivo aparece un aburrimiento intenso y una irritabilidad muy marcada. Es la prueba de que su cerebro ha sido entrenado para esperar un goteo interminable de novedades, donde cada notificación funciona como una pequeña dosis de dopamina que refuerza la conducta de buscar y revisar.

Este circuito de recompensa es muy difícil de romper porque los medios digitales explotan las recompensas variables de dopamina —novedades impredecibles como las notificaciones o desplazamientos infinito — que imitan a las máquinas tragamonedas, secuestrando el sistema de anticipación del cerebro con mucha más potencia que cualquier actividad estable y profunda. El condicionamiento repetido fragmenta la atención, desensibiliza a los usuarios a los estímulos normales y anula la señal adaptativa del aburrimiento para una acción significativa, creando un hábito que se refuerza a sí mismo.

En defensa de no hacer nada

Si la estimulación incesante es una cara de la moneda, el aburrimiento es la otra: ese estado de reinicio que la mayoría evitamos. Al dejar el teléfono y dejar que la mente divague, el cerebro entra en la red neuronal por defecto, un conjunto de regiones que se activan cuando no estamos concentrados en una tarea externa. Es un lugar donde soñamos despiertos, donde procesamos los recuerdos y donde finalmente se desarrolla esa autorreflexión silenciosa que rara vez ocurre mientras miramos una pantalla.

La interrupción constante de la red neuronal por defecto del cerebro impide la ensoñación libre y la autorreflexión, lo que da lugar a una concentración dispersa, una menor capacidad de memoria y una mayor fatiga mental.

Po defecto, las personas suelen revivir recuerdos, planificar el futuro o, finalmente, recurrir a sentimientos persistentes que han estado evitando; un proceso natural que puede profundizar la autoconciencia. Sin embargo, si cada momento de tranquilidad se ve interrumpido por descargas digitales rápidas, podemos caer en una reflexión inútil.

Reinterpretando el sentido del aburrimiento

"El objetivo del aburrimiento es eliminarse a sí mismo", dijo Danckert, no mediante distracciones sin sentido, sino empujándonos hacia algo más atractivo. "El aburrimiento nos anima a encontrar esas salidas, a hacerlas realidad", añadió, por eso es tan importante aprender a detectarlo a tiempo.

Danckert enfatiza la autoconciencia —simplemente notar las primeras señales de aburrimiento en el cuerpo y el estado de ánimo— como un primer paso crucial para elegir algo realmente más atractivo en lugar de dejarse llevar por la distracción sin sentido. El impulso incesante de moverse, la necesidad física de estar haciendo algo, es información. La pregunta es si prestarás atención a esos impulsos o si, por reflejo, cogerás tu dispositivo.

Permitir deliberadamente breves momentos de aburrimiento (como sentarse en silencio, caminar sin el teléfono o mirar por la ventana) permite que la señal de aburrimiento se escuche. Los "descansos del aburrimiento" pueden aliviar la presión de la comprobación compulsiva y, a menudo hacen que las personas se sientan más tranquilas, con mayor equilibrio emocional y más motivadas para actuar.

Fundamentalmente, la solución al aburrimiento no tiene por qué ser grande. Acciones sencillas como contactar a alguien con quien no ha hablado en mucho tiempo o reorganizar un cajón de trastos son pequeñas maneras cotidianas de usar esa energía no gastada de maneras significativas que restauran la sensación de control.

Cómo practicar un "aburrimiento saludable"

Danckert también sugiere hacer con antelación una lista personal de "cinco actividades principales" (una lista corta de actividades pequeñas y significativas que sean únicamente suyas) de modo que, cuando llegue el aburrimiento, sepa exactamente cómo superarlo y pasar a algo mejor.

Tocar unas notas en la guitarra, dibujar, hacer jardinería o escribir unas líneas en un diario son algunos ejemplos. Dado que estas actividades están vinculadas a sus valores e intereses, convierten el aburrimiento, de un estado mental de escape, en una guía tranquila que ayuda a su mente a restablecerse y volver a lo que realmente le importa.

Las listas genéricas de "cosas para hacer cuando está aburrido" que encuentra en Internet son menos útiles, dijo Danckert, porque no reflejan sus propios valores o intereses, mientras que las salidas personales y creativas que ha elegido y en las que ha invertido con anticipación se convierten en una poderosa forma de superar el aburrimiento.

El objetivo es simplemente darle a su cerebro oportunidades regulares para que no se estimule a propósito y descubrir qué cosas significativas puede hacer con ese tiempo.

Investigadores y médicos clínicos destacan algunos hábitos sencillos basados en la evidencia:

- Paseos sin pantallas: De un paseo corto sin teléfono ni auriculares. Deje que sus pensamientos divaguen y observe su entorno.

- Pausas para mirar por la ventana: Dedique unos minutos simplemente a mirar por la ventana para darle espacio a la red predeterminada de su mente para procesar el día.

- Quehaceres de una sola tarea: realizar una tarea doméstica básica, como lavar los platos o doblar la ropa, sin entretenimiento de fondo.

- Sesiones cronometradas de "no hacer nada"": Programe un temporizador de cinco a diez minutos, siéntese en un lugar cómodo y no haga nada con intención. Observe y resista el impulso de usar el teléfono.

Las pequeñas salidas elegidas por uno mismo transforman el aburrimiento en una guía que le lleva de vuelta a actividades y pensamientos significativos. Le dan a su cerebro la oportunidad de reiniciarse, para que su atención se sienta más clara.


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