Los estadounidenses desean cada vez más tener control sobre el momento y la forma de su propia muerte. Sin embargo, algo que rara vez se les dice es que la medicina aún no ha logrado garantizar el final pacífico y digno que muchos esperan.
Los medicamentos utilizados en el suicidio médicamente asistido, son una combinación de medicamentos conocidos que se administran en dosis letales fuera de sus indicaciones habituales, pero esto apenas cuenta con muy poca investigación científica.
Incluso cuando los resultados parecen predecibles, los protocolos habituales no siempre funcionan como se espera. Esto puede dejar a los seres queridos como testigos de vómitos, jadeos y muertes que se prolongan durante horas o incluso días.
Un protocolo construido sobre bases movedizas
En los estados donde rigen leyes que permiten la asistencia médica para morir (MAID, por sus siglas en inglés), los médicos pueden recetar los fármacos que consideren adecuados con fines letales sin temor a ser procesados. Muchos se basan en un protocolo de la Academia de Medicina para la Asistencia Médica para Morir, una organización sin fines de lucro, aunque a veces lo modifican según sus preferencias.La Dra. Kerri Mason, directora del programa de asistencia médica para morir de Denver Health, dijo a The Epoch Times que ella personalmente sustituye la morfina por hidromorfona para reducir el volumen de polvo en la mezcla de fármacos y hacerla más agradable al paladar.
Los medicamentos para la eutanasia asistida, son pastillas en polvo que se mezclan con dos onzas de jugo de manzana u otra bebida dulce para contrarrestar el sabor amargo. Los pacientes deben poder ingerir la mezcla por sí mismos, aunque se permite que los familiares la preparen. Deben tener un diagnóstico terminal con una esperanza de vida inferior a seis meses y ser mayores de 18 años.
El cóctel recomendado actualmente por la academia, conocido como DDMAPh, combina cinco fármacos: digoxina, diazepam, morfina, amitriptilina y fenobarbital. Cada uno de ellos se ha utilizado a partir de tratamientos para la insuficiencia cardíaca, la ansiedad, el dolor, la depresión y las convulsiones, y se administra en dosis letales. Previamente se administra medicina para prevenir las náuseas y los vómitos.
Actualmente, la academia colabora con End of Life Washington para evaluar una versión de alta dosis del DDMAPh que duplica las dosis de diazepam y fenobarbital para pacientes con tolerancia a los opiáceos o las benzodiazepinas. Algunos médicos ya lo utilizan con todos sus pacientes.
Según el British Medical Bulletin, ningún fármaco ni combinación de fármacos utilizados en la eutanasia asistida ha sido evaluado rigurosamente en cuanto a su eficacia y seguridad en este contexto.
Los datos que no existen
Muchos estados no recopilan datos sobre la asistencia médica para morir (MAID). Los datos disponibles muestran que el tiempo medio hasta la muerte se ha duplicado desde 2015, tras el cambio de protocolos con un solo fármaco a combinaciones de fármacos. Un paciente que recibió el cóctel DDMAPh sobrevivió 137 horas, casi seis días.Se desconoce si los pacientes están experimentando efectos adversos. No se recopilaron datos de la mitad de los pacientes en Oregón en 2025 ni en California en 2024.
Entre los casi 1000 casos registrados en Oregón con resultados conocidos en las últimas dos décadas, cinco pacientes sufrieron convulsiones, mientras que 66 tuvieron dificultades para ingerir el medicamento o lo vomitaron. Entre 2001 y 2025, nueve personas recuperaron la consciencia tras la ingestión. El informe de California de 2024 registró 27 complicaciones.
Cuando surgen situaciones de emergencia, la respuesta puede ser incierta. El informe de California de 2024 señaló que se solicitó la presencia de servicios médicos de emergencia en tres casos, una cifra basada en datos que abarcan solo a la mitad de los pacientes que tomaron su receta.
Cada estado difiere en la forma en que recopila datos y en la información que reporta; ocho estados han presentado informes actualizados. Washington suspendió la presentación de informes debido a recortes presupuestarios.
Nuevo México recopila información, pero no los de publica, y Montana no está obligada a presentarlos porque la asistencia médica para morir se adoptó por decisión judicial, no por ley.
Algunos datos de los informes no son claros; por ejemplo, el número de casos registrados en Nueva Jersey podría referirse a recetas, muertes atendidas por médicos o pacientes que tomaron los medicamentos.
Según Sean Riley, investigador especializado en cuidados paliativos y autor de un artículo sobre la gestión de los fármacos para la asistencia médica para morir, publicado en el Journal of Law and the Biosciences, esta deficiente gestión de los registros pone de manifiesto la necesidad de una mejor regulación y políticas que apoyen las decisiones informadas de los pacientes.
"Las complicaciones, ya sean unas náuseas leves o una muerte muy prolongada, pueden ser una tortura tanto para el paciente como para sus seres queridos", escribió.
Una de las razones por las que faltan datos sobre las muertes por eutanasia asistida es que no se requiere la presencia de profesionales sanitarios para la administración de los fármacos. Algunos pacientes no desean que haya un médico presente y prefieren morir rodeados únicamente de sus seres queridos, explicó Mason.
Casi la mitad de los pacientes de Oregón —el 44 %— fallecieron sin la presencia de ningún profesional de la salud ni voluntario capacitado. El médico que prescribió el medicamento estuvo presente en la habitación en el 13.5 % de los casos.
El artículo del British Medical Journal no encontró informes sobre el monitoreo sistemático de la actividad cerebral hasta el fallecimiento, los niveles de fármacos en sangre ni el examen post mortem de los pulmones. El artículo señaló además que los médicos podrían mostrarse reacios a revelar errores o complicaciones.
"A pesar de las limitaciones en la recopilación de datos, las estadísticas publicadas en los informes anuales revelan que las muertes ‘asistidas’ no siempre se llevan a cabo de forma rápida y sin complicaciones", escribieron los autores.
Lo que ven las familias
La Dra. Mason, quien a veces acompaña a sus pacientes en el momento de tomar su medicamento, habla con franqueza sobre las limitaciones de la predicción: no hay forma de saber cuánto tiempo tardará una persona en morir.Sin embargo, quienes experimentan una muerte más prolongada suelen ser pacientes con metabolismo anormal, ya sea por haber estado en excelente forma física antes de enfermar o por obesidad.
Otros casos de muerte tardía suelen darse en pacientes con enfermedades hepáticas y neurodegenerativas que, por lo demás, gozaban de buena salud.
Los movimientos físicos durante el proceso de morir —conocidos como movimientos tónicos— pueden alarmar a los seres queridos que no están preparados. "Eso puede resultar un poco inquietante", reconoce Mason, "pero es una respuesta fisiológica totalmente normal a la hipoxia".
Para las familias que ven a un ser querido vomitar o tener dificultades para retener la medicación, la angustia es aún mayor. Es difícil saber si han ingerido una dosis efectiva y si están sufriendo, señala el Dr. Lantz.
Pacientes que se pierden en el proceso
Según Mason, en medicina a menudo se pierden datos sobre la evolución de los pacientes porque el seguimiento no siempre es necesario, y la eutanasia no es una excepción, sobre todo porque no se espera que ninguno de los pacientes viva más de un año. "Alguien la acepta o no y fallece, y su familia no se pone en contacto con su médico... Simplemente se pierde su rastro".Cada estado tiene requisitos diferentes para la recopilación de datos, y pocos informan sobre las complicaciones o el tiempo hasta el fallecimiento.
La mayoría de los informes solo contienen los datos demográficos básicos del paciente y tres cifras: recetas médicas, fallecimientos por ingestión y fallecimientos por otras causas.
En Oregón, en 2025, se desconocía el desenlace de 99 pacientes; se les recetaron medicamentos, pero no se informó si los tomaron o fallecieron. En California, en 2024, se desconocía el estado de ingesta de 388 pacientes.
Según Riley, las lagunas en los datos representan algo más fundamental: un campo que ha avanzado más rápido que su propia base de evidencia. Añadió que la recopilación de datos debe tomarse en serio y que se necesita más investigación, mientras que quienes defienden las muertes sin complicaciones deberían dejar de idealizarlas.
"Esta idea ha permitido que gran parte del público en general las considere humanitarias y cierre los ojos ante posibles problemas".




















