Opinión
El Canal de Panamá es un punto estratégico clave que une los océanos Atlántico y Pacífico, que lo convierte en una de las vías fluviales económicas y militares más importantes del mundo.
En febrero, Panamá revocó las concesiones que una filial de CK Hutchison, con sede en Hong Kong, tenía sobre puertos clave en ambos extremos del Canal de Panamá. Beijing reaccionó rápidamente con una serie de medidas de represalia.
La más destacada fue el aumento de las inspecciones a los buques con bandera panameña que arribaban a puertos chinos, mediante el control del Estado rector del puerto, que permite a las autoridades marítimas inspeccionar buques extranjeros en sus puertos para garantizar el cumplimiento de las normas internacionales de seguridad, medioambientales y laborales. Muchos de estos buques inspeccionados fueron retenidos por las autoridades marítimas chinas.
Del 1 al 18 de marzo, las autoridades chinas detuvieron 44 buques con bandera panameña, el triple que en el mismo periodo del año anterior, según datos del Memorando de Entendimiento de Tokio, un organismo regional de autoridad portuaria de 22 miembros, entre los que se incluyen China y Panamá. Las detenciones alcanzaron un récord de 92 casos en marzo, aumentaron a 135 en abril y a 139 en mayo, marcando nuevos máximos durante tres meses consecutivos.
Tras su regreso a la Casa Blanca, el presidente Donald Trump advirtió repetidamente que las actividades de Beijing en torno al canal representaban una amenaza significativa para la seguridad nacional de Estados Unidos.
La represalia de Beijing contra Panamá parece confirmar esas preocupaciones. También pone de manifiesto la ambición del Partido Comunista Chino (PCCh) de competir con Estados Unidos por la influencia en regiones estratégicas clave, su carácter beligerante y su arraigada dependencia de la coerción económica para lograr sus objetivos.
Es probable que la represalia de Beijing refuerce las preocupaciones en Panamá sobre los riesgos de hacer negocios con China, acelerando la desvinculación estratégica del país con Beijing y acercándolo a Estados Unidos y otros socios democráticos.
Reacción regional más amplia
El 28 de abril, Estados Unidos y cinco países latinoamericanos —Bolivia, Costa Rica, Guyana, Paraguay y Trinidad y Tobago— emitieron una inusual declaración conjunta en la que se oponían a la campaña de presión de Beijing contra Panamá.El comunicado describe las acciones de Beijing con respecto al Canal como "un intento flagrante de politizar el comercio marítimo" y advierte que infringen la soberanía de los países de la región.
"Panamá es un pilar de nuestro sistema de comercio marítimo y, como tal, debe permanecer libre de cualquier presión externa indebida. Cualquier intento de socavar la soberanía de Panamá representa una amenaza para todos nosotros", dice el comunicado.
Buques obligados a abandonar el registro panameño
Ante el fuerte aumento de los riesgos regulatorios que afrontan los buques con bandera panameña en los puertos chinos, muchos armadores han comenzado a buscar registros alternativos.Según informes que citan datos de la base de datos marítima de Lloyd's, 220 buques han sido dados de baja en Panamá y han cambiado su registro a otro lugar desde el 8 de abril.
Las Islas Marshall, aliadas diplomáticas de Taiwán, fueron las principales beneficiarias, atrayendo a 54 embarcaciones. Bahamas ocupó el segundo lugar con 32, seguida de Liberia con 27.
Cabe destacar que, en medio de esta ola de cambios de abanderamiento provocada por las represalias de Beijing, solo 10 buques optaron por registrarse en Hong Kong, mientras que solo uno eligió el registro de China continental, la cifra más baja entre las alternativas de cambio de abanderamiento.
Esto impulsa a EE. UU. a contrarrestar al PCCh en puntos estratégicos marítimos globales
Las represalias de Beijing contra Panamá agudizaron la percepción de Washington sobre las ambiciones más amplias de Beijing de desafiar el dominio estadounidense en las rutas marítimas estratégicas a nivel mundial y confirmaron que la promesa de Trump de recuperar el Canal de Panamá había tocado una fibra sensible.Tras los acontecimientos, Estados Unidos ha actuado con decisión para asegurar pasos marítimos clave: rompiendo el bloqueo iraní del estrecho de Ormuz, firmando acuerdos de defensa con Indonesia relativos al estrecho de Malaca, reforzando la cooperación militar y económica con Groenlandia para controlar las rutas del Ártico y haciendo hincapié repetidamente en la importancia de la paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán, al tiempo que reforzaba las defensas a lo largo de la Primera Cadena de Islas.
Reflexiones finales
Panamá se encuentra en pleno corazón del territorio estadounidense. El Canal de Panamá, construido por Estados Unidos a lo largo de una década a costa de miles de vidas, sigue siendo una arteria vital que conecta los océanos Atlántico y Pacífico, y su importancia estratégica para la seguridad nacional de Estados Unidos es innegable.Al iniciar una confrontación directa con la principal superpotencia mundial justo en su frontera por el Canal de Panamá, Beijing ha demostrado tanto una falta de autocrítica como un pésimo criterio estratégico.















