Opinión
Una de las declaraciones más sorprendentes que he conocido de un presidente mexicano ha sido una reciente de Claudia Sheinbaum cuando dijo que ella no dio la orden de actuar contra Nemesio Oseguera, alias el Mencho y jefe del poderoso grupo criminal el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
Reconoció así ignorar lo referente a ese operativo del Ejército y reconoce el hecho de no haber dirigido un cuarto de crisis ante la reacción violenta de los criminales en varias ciudades y carreteras del país.
Ella estaba en una gira propagandística de las que acostumbra. Su responsabilidad como la Jefe del Ejecutivo no fue ejercida por ella y así lo reconoce. "Soy el capitán del barco, pero en la tormenta yo estaba tomando el té en la cocina y así me mantuve, pues deben saber que el barco se manda solo".
Esta confesión de inoperancia también parece una disculpa ante el Cártel: "Yo no fui, fue teté". Es algo tan inusitado que caben todas las especulaciones.
¿Miedo o complicidad? La reacción pública ante estas palabras osciló entre estos dos parámetros. De cualquier manera se trata de una auto exhibición de debilidad institucional y política respecto a una presidencia que era antes la columna vertebral del Estado mexicano.
¿O el mensaje era en realidad un deslinde ordenado de quien se dice es más que un mentor, pues sigue siendo el verdadero poder desde un supuesto retiro en Palenque, Chiapas?
De cualquier manera estas palabras están marcando a un sexenio donde la realidad de una presidencia débil se enmarca de manera paradójica o riesgosa en un régimen presidencialista.
He sido crítico del presidencialismo mexicano; a mi parecer es un modelo de gobierno ya agotado para nuestro país, convertido como sistema en un híbrido de monarquía sexenal "republicana". Es reaccionario y constituye una prolongación del presidencialismo caótico decimonónico.
Gran parte de nuestros males: la corrupción, el despilfarro de los recursos públicos, los abusos de poder, la inoperancia estatal, el burocratismo, la demagogia, el culto a la personalidad, los privilegios de la oligarquía económica, se originan al persistir una forma de gobierno ya obsoleta para el desarrollo del país.
Quizás durante el periodo del desarrollo estabilizador el presidencialismo fue funcional y permitió que en el país se creara un sistema institucionalizado muy peculiar, que era estudiado por los "mexicanólogos" de las academias.
Si bien fue positivo acabar con el caudillismo de la Revolución mexicana, su transformación en presidencialismo generó estabilidad y gobernabilidad, pero también se mantuvo la posibilidad de excesos en la estructura y ejercicio del poder.
Ya vivimos una crisis por estos excesos cometidos en lo que se llamó "la docena trágica", es decir los sexenios de Luis Echeverría y José López Portillo, que finalmente desfalcaron la caja pública y arruinaron la economía.
Después vino un proceso de recuperación, una recaída con el llamado error de diciembre de Zedillo cuando hubo fuga de capitales, pero la consolidación del tratado de libre comercio negociado con Estados Unidos por el salinismo le terminó proporcionando estabilidad a la economía nacional.
Los gobiernos posteriores aceptaron paulatinamente ciertos límites al presidencialismo, con una apertura hacia el pluralismo y el dinamismo económico. Este giro duró hasta el sexenio de Enrique Peña, en una combinación de errores políticos y respeto democrático que abrió paso a quien acertadamente fue definido como "un peligro para México".
Esto no era un slogan, sino un diagnóstico. En aquel tiempo hubo una realidad, la capital del país gobernada por López Obrador y la izquierda se convirtió en la capital del secuestro. La complicidad de autoridades locales con las bandas criminales era evidente. Un millón de ciudadanos se manifestó una vez en protesta y la reacción obradorista fue furiosa y acusó a los ciudadanos de "fifís" y organizó al viejo estilo priista una contra manifestación de desagravio.
Pero este hecho y otros igual de graves fueron olvidados. En la campaña donde por fin ganó la presidencia López Obrador, éste se volvió la alternativa al capitalizar las faltas del gobierno peñista enfrentado al candidato del panismo cuya principal propuesta era meter a la cárcel al presidente Peña, lo cual a su vez fue respondido por su gobierno acusando de corrupción a Ricardo Anaya, el candidato panista.
López Obrador al llegar al poder restauró el presidencialismo estilo Echeverría bajo cuya sombra se inició en la política. Los avances democráticos en el país fueron barridos, incluyendo que no hubiera un poder presidencial transexenal, la aspiración de Echeverría que le costó fuera enviado como embajador a las Islas Fidji.
Hoy el debilitamiento de la presidencia de Claudia Sheinbaum no solo corresponde a su confesión de que ya no es el eje del gobierno, sino que vive una diarquía aceptada entre Palacio Nacional y el rancho de Palenque donde vive López Obrador.
Cuando la presidente se refiere a que mantiene la "Cuarta Transformación" habla del programa obradorista, de la estrategia obradorista, del sistema político obradorista, de los cuadros gubernamentales obradoristas de primer nivel –como su jefe de asesores–, de los empresarios favorecidos por el obradorismo como Carlos Slim, de la impunidad obradorista, del endeudamiento obradorista –con López Obrador se duplicó la deuda externa, el mayor escándalo posible que no es escándalo–, de la protección a los hijos de López Obrador, a los gobernadores obradoristas señalados de corrupción y lazos con los Cárteles, del culto a la personalidad obradorista, ella misma, la presidente, no habla de su investidura como Jefe de Estado, sino de ser una fiel obradorista.
Un camión incendiado, utilizado para bloquear carreteras mientras el narcotraficante mexicano "El Mencho" intentaba huir, se ve cerca del "Tapalpa Country Club", donde se escondía al momento de la operación en la que fue abatido, en Tapalpa, estado de Jalisco, México, el 24 de febrero de 2026. Los residentes de Jalisco asomaron la cabeza con cautela el 23 de febrero de 2026 después de que una ola de violencia de represalia por parte de los cárteles sacudiera el estado mexicano durante el fin de semana tras la muerte de un importante capo de la droga. (Foto de Ulises Ruiz / AFP vía Getty Images)Se puede decir que a trasmano sigue gobernando López Obrador. Pero Donald Trump, el presidente del país que es nuestro principal comercial dice abiertamente que a México lo gobiernan los Cárteles.
Se dirá que la estrategia de seguridad ha cambiado con el actual gobierno y que la pasividad cómplice de los "abrazos, no balazos" quedó atrás.
Pero el golpe a la cabeza del CJNG, el Cártel más poderoso de México, fue reivindicado como su obra por el presidente Trump, sustentado en la información estadounidense para el operativo. Queda claro que Trump sí sabía que se iba a efectuar dicha acción contra el narco más poderoso del mundo, temido hasta por los mafiosos italianos y respetado por los rusos.
Total, se puede discutir si a México lo gobierna aún López Obrador, o son los Cárteles o finalmente Trump en los hechos, o todos a la vez en un caos inusitado, pero no Claudia Sheinbaum, como ella misma ya lo reconoció abiertamente, pues tiene el cargo solo como una encargada ya que las decisiones importantes no las toma ella. Es bueno saberlo o reconocerlo, que México restaura en su sistema al viejo priismo aunque en calidad de barco a la deriva.
Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no reflejan necesariamente las opiniones de The Epoch Times














