Los padres suelen restar importancia a los dramas adolescentes, considerándolos una simple fase. Sin embargo, investigadores que acompañaron a 121 jóvenes desde la secundaria hasta los 30 años descubrieron que no se trata de algo inocente.
El nuevo estudio reveló que los adolescentes con mayores niveles de agresión mostraron signos de un envejecimiento biológico más rápido y un índice de masa corporal (IMC) más elevado. Y el verdadero motor de este efecto no era la agresividad en sí, sino las relaciones que estos jóvenes construían durante esos años.
Una ventana de 17 años al envejecimiento biológico
Investigaciones anteriores han relacionado el comportamiento agresivo durante la adolescencia con peores resultados de salud en la edad adulta, pero se ha examinado poco su asociación con el envejecimiento biológico.Para comprobarlo, los investigadores siguieron a 121 estudiantes de secundaria desde los 13 años hasta la edad adulta. Los participantes reportaron sus comportamientos agresivos, como pelearse, amenazar a otros o perder el control con frecuencia, mientras que los padres y amigos cercanos evaluaron los conflictos en sus relaciones.
Para estimar el envejecimiento biológico, los investigadores analizaron un panel de marcadores de salud basados en la sangre, que incluían la presión arterial, el colesterol, el azúcar en la sangre y los niveles de inflamación, éstos se recogieron a los 30 años, y también se midió el índice de masa corporal para estimar el envejecimiento biológico.
Las relaciones son la clave oculta
El hallazgo más significativo del estudio no fue la relación entre agresividad y envejecimiento en sí misma, sino lo que explicaba esa relación.Los investigadores analizaron dos patrones de relación: el conflicto con los padres durante la adolescencia y el comportamiento punitivo hacia amigos cercanos en la adultez temprana, definido como conductas que castigan o maltratan a otros. La agresión temprana predijo mayores niveles tanto de conflicto padre-hijo como de comportamiento punitivo entre pares.
Sin embargo, una vez que se tuvieron en cuenta estos patrones de relación, el vínculo entre la agresión adolescente y el envejecimiento prematuro desapareció, lo que sugiere que la agresión no era el único factor de riesgo. Fue el conflicto persistente que generaba en las relaciones cercanas lo que causó el daño.
Diferentes formas de conflicto
Aunque el patrón general fue similar en todos los grupos, el estudio encontró algunas diferencias en la forma en que se manifestaba el conflicto. Los adolescentes de familias de bajos recursos reportaron más conflictos con sus padres, mientras que los varones eran más propensos a mostrar un comportamiento punitivo hacia sus compañeros."A menudo, los chicos son socializados para competir por el estatus y dominar dentro de sus grupos de iguales, lo que a veces puede traducirse en un comportamiento más punitivo durante los conflictos", dijo a The Epoch Times Jen Libby, psicoterapeuta especializada en adolescentes en riesgo y fundadora y directora ejecutiva de Promly, quien no formó parte del estudio.
Jessica Scher Lisa, fundadora y psicóloga clínica de Empowering Minds Consulting, que no formó parte del estudio, dijo a The Epoch Times que los niños suelen expresar su angustia a través de la ira en lugar de la vulnerabilidad.
Mientras tanto, el estrés financiero en el hogar puede aumentar la tensión en las relaciones entre padres e hijos adolescentes. "En estas situaciones, el conflicto entre padres y adolescentes suele reflejar un estrés familiar más generalizado, más que una falta de atención o compromiso", afirmó Libby.
Por qué el conflicto envejece el cuerpo
La vía biológica que conecta los conflictos en las relaciones con el envejecimiento acelerado pasa por el estrés crónico."Sabemos que el conflicto genera mucho estrés en el cuerpo, afectando desde los niveles de cortisol y azúcar en sangre hasta los niveles de inflamación, todo lo cual puede acelerar el proceso de envejecimiento", afirmó Allen. El estrés crónico altera el metabolismo y se asocia con el aumento de peso relacionado con el estrés, lo que podría explicar el hallazgo sobre el IMC.
Diversos estudios han demostrado que los adolescentes que experimentaron conflictos y hostilidad mostraron niveles más elevados de interleucina-6, un marcador de inflamación, al llegar a la edad adulta temprana. Se ha relacionado la crianza severa con una mayor inflamación, mientras que el maltrato infantil se ha asociado con una presión arterial en reposo más alta.
Con el tiempo, los cambios biológicos relacionados con el estrés pueden acelerar el envejecimiento al afectar el metabolismo, el daño al ADN, la longitud de los telómeros y los niveles de inflamación.
Un estudio publicado en Development and Psychopathology encontró que los adolescentes con escasas habilidades para la resolución de conflictos presentaban un envejecimiento epigenético acelerado en etapas posteriores de la vida, mientras que otro estudio , publicado en el International Journal of Environmental Research and Public Health, reveló que el comportamiento antisocial persistente está relacionado con un envejecimiento biológico más rápido en la mediana edad.
Cuando la rebeldía se convierte en señal de alerta
Cierto grado de conflicto en la adolescencia no solo es normal, sino necesario. Los adolescentes están biológicamente predispuestos a poner a prueba los límites, buscar la autonomía y rebelarse contra la autoridad a medida que desarrollan su identidad e independencia. Un cierto grado de rebeldía, señaló Allen, es esencial para convertirse en un adulto competente.El problema surge cuando la agresividad comienza a erosionar las relaciones más importantes.
Según explicó, el conflicto persistente puede indicar un patrón de desarrollo problemático en el que los adolescentes tienen dificultades para separar la individualidad del conflicto interpersonal. "Esto pone en marcha una cadena de relaciones conflictivas que se extienden hasta la adultez temprana y, posteriormente, hasta bien entrada la adultez, un problema que identificamos en este estudio".
Una agresividad persistente o creciente también puede indicar que un adolescente está pasando por dificultades y necesita apoyo. El comportamiento rara vez es solo "mala conducta", dijo Scher Lisa, señalando que "el conflicto crónico con los padres o los compañeros suele ser una señal de que un adolescente está lidiando con estrés, problemas de regulación emocional o necesidades sociales insatisfechas".
La adolescencia es una etapa crucial para el desarrollo social y emocional, y lo que sucede en las relaciones durante esos años, según sugiere esta nueva investigación, puede tener repercusiones en el organismo durante décadas.
















