Esta es la parte 5 de " Revertir las enfermedades infantiles crónicas "
El pediatra funcional Dr. Joel "Gator" Warsh explorará las enfermedades crónicas infantiles más comunes en la actualidad, como la obesidad, el eczema y el TDAH, ofreciendo conocimientos sobre la prevención y la reversión para ayudar a crear un futuro más saludable para los niños.
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Hace unos meses, una niña de 13 años acudió a mi consulta con dolores de estómago crónicos, dolores de cabeza, falta de sueño y preocupación constante. Su madre lo había intentado todo: eliminar el gluten, ajustar las tareas escolares, añadir suplementos, pero nada parecería calmarla.
Cuando le pregunté como era un día típico, la imagen me resultó dolorosamente familiar. Se despertaba antes de las 6 de la mañana, corría a la escuela para ocho horas de presión académica sin parar, pasaba directamente a las actividades extraescolares y luego se dedicaba a la tarea hasta las 9 o 10 de la noche. Usaba pantallas hasta la hora de acostarse. Nunca tenía tiempo de inactividad real. Su sistema nervioso nunca se reiniciaba. Su cuerpo le enviaba señales, pero nadie la había ayudado a comprenderlas.
Cuando implementamos un plan de apoyo sencillo que incluía mejorar la higiene del sueño, reducir el tiempo frente a pantallas, aumentar la actividad física, equilibrar las comidas y enseñarle técnicas de conexión a tierra, sus síntomas empezaron a mejorar en cuestión de semanas. El dolor de estómago desapareció, su estado de ánimo se estabilizó y finalmente su sueño mejoró. Volvió a sentirse humana.
Estas escenas se han vuelto dolorosamente comunes en la práctica pediátrica. La ansiedad y la depresión se han convertido en características definitorias de la infancia en el Estados Unidos actual. Hace diez años, era inusual que un pediatra diagnosticara ansiedad clínica en un niño. Hoy, es parte de mi trabajo semanal, y a veces a diario. Los padres se sienten abrumados. Los niños se sienten abrumados. Las cifras reflejan lo que las familias ya saben de sobra.
Casi uno de cada tres adolescentes cumple actualmente los criterios para un trastorno de ansiedad. Los diagnósticos de depresión en adolescentes no se han más que duplicado desde 2010. Las hospitalizaciones pediátricas por pensamientos suicidas han aumentado drásticamente en la última década.
¿Cómo llegamos hasta aquí?
Esta crisis no surgió de la nada. Es el resultado predecible de una cultura que está fundamentalmente desalineada con el desarrollo infantil.1. Estrés crónico y agendas sobrecargadas
Los niños de hoy viven como miniadultos. Tienen agendas ocupadas, sin tiempo libre programado para descansar. Sus cerebros nunca se desconectan.2. Privación del sueño
La mayoría de los niños y adolescentes sufren privación de sueño —no poco, sino por horas— y esta perdida crónica de sueño está estrechamente relacionada con la inestabilidad emocional, mayores tasas de ansiedad y depresión, problemas de conducta y dificultades en la regulación emocional.Gran parte de esta privación se debe a la vida moderna: el uso de pantallas hasta tarde, horarios escolares tempranos, entornos sobreestimulantes, presiones sociales, exposición a la luz que altera la producción de melatonina, las rutinas inconsistentes y el ritmo acelerado de la infancia actual.
3. La explosión del tiempo frente a la pantalla
El elefante en la habitación: la exposición excesiva a pantallas (especialmente a las redes sociales y contenidos rápidos) sobreestimula el sistema nervioso, altera la regulación de la dopamina y aumenta la ansiedad, las comparaciones y los síntomas depresivos.Gran parte de esto es biológico: la constante novedad del contenido digital desencadena picos repetidos de dopamina que mantienen al cerebro en modo de "buscar más", lo que dificulta el descanso, la concentración, o la satisfacción. La luz azul indica al cerebro que debe permanecer alerta, suprimiendo la melatonina y manteniendo el sistema nervioso en un estado de alerta crónica.
Dado que las pantallas son interactivas (deslizar, "me gusta", comentarios, cambios visuales rápidos), el cerebro aprende a anticipar más información, por lo que nunca se apaga del todo. Con el tiempo, esta combinación predispone a los niños a la hipervigilancia en lugar del descanso, la calma o la regulación emocional.
4. Alimentos ultraprocesados y deficiencias de nutricionales
El aumento de alimentos ultraprocesados, colorantes artificiales, alto consumo de azúcar, bajos niveles de omega-3 y disbiosis intestinal afectan directamente el estado de ánimo y el comportamiento, porque la inflamación intestinal equivale a inflamación cerebral. El eje intestino-cerebro no es una teoría; es una de las vías mejor documentadas en la neurobiología pediátrica.Los niños de hoy en día suelen tener deficiencias comunes de magnesio, zinc, hierro, omega-3 y vitaminas del complejo B, todos nutrientes necesarios para un estado de ánimo estable, un comportamiento tranquilo y producción saludable de neurotransmisores. Cuando estos niveles bajan, el cerebro se vuelve más frágil: aumenta la irritabilidad, disminuye la concentración, se debilita la regulación emocional y aumenta la ansiedad.
Los patrones dietéticos que provocan picos de glucosa crean un ciclo: la montaña rusa de glucosa desencadena oleadas de cortisol, que desencadenan la liberación de adrenalina, lo que genera un comportamiento "caótico" y bajones.
5. Pérdida del juego al aire libre
Hoy en día, los niños pasan el 90 % de su tiempo en interiores. El juego al aire libre, el mayor regulador natural del sistema nervioso, ha sido reemplazado por actividades académicas, estructuradas y pantallas.6. Disrupción por la pandemia
El cierres escolares, el aislamiento social y el estrés familiar crónico generaron una onda de choque psicológica sin precedentes, especialmente en adolescentes. Los confinamientos no se limitaron a que los niños faltaran a la escuela. Supusieron la destrucción de todos los factores protectores que estabilizan el cerebro en desarrollo.Durante la pandemia, datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), los Institutos Nacionales de Salud y múltiples hospitales pediátricos registraron los picos más altos jamás vistos en ansiedad, depresión, autolesiones y visitas a urgencias de salud mental en adolescentes. ¿Por qué? La adolescencia depende de una estructura predecible, la interacción con los compañeros, el movimiento físico, la exploración de la identidad y la corregulación emocional cara a cara. De la noche a la mañana, todo eso desapareció.
Muchos adolescentes vivieron:
- Socialmente aislados durante el período más impulsado socialmente del desarrollo humano
- Físicamente inactivo, lo que empeora los trastornos del estado de ánimo al reducir la actividad del factor neurotrófico derivado del cerebro y de la serotonina.
- Crónicamente en línea, reemplazando la conexión humana real con estimación digital
- Absorber el estrés parental, la tensión financiera, el dolor y la incertidumbre
- Experimentar un "congelamiento" de la identidad, con hitos, deportes, amistades e independencia en suspenso
Para algunos niños, la soledad era profunda. La soledad crónica se considera ahora un factor importante de riesgo de ansiedad, depresión, falta de sueño, disfunción ejecutiva e incluso alteración de la actividad inmunitaria.
7 pasos para restaurar la salud mental de su hijo
La ansiedad infantil suele responder en gran medida a intervenciones fundamentales: cambios que no requieren recetas, pero sí compromiso y constancia.1. Proteger el sueño como si fuera una medicina
Un horario de dormir constante, no usar pantallas durante 60 a 90 minutos antes de acosarse, un dormitorio fresco y oscuro y rituales relajantes a la hora de dormir crean la base para un sueño saludable.2. Reducir la carga de estimulación
Limitar el contenido de ritmo rápido que aumenta los niveles de dopamina, retirar los teléfonos de los dormitorios y crear períodos diarios "sin tecnología" dan tiempo a los sistemas nerviosos de los niños para recalibrarse.3. Priorizar la nutrición y la salud intestinal
Una dieta equilibrada y antiinflamatoria favorece el estado de ánimo. Esta incluye grasas saludables como el aguacate, los frutos secos y el aceite de oliva, alimentos ricos en omega-3, comidas ricas en proteínas, alimentos fermentados y la limitación de colorantes, aditivos y snacks ultraprocesados.4. Mover el cuerpo todos los días
El movimiento no es opcional para los niños con ansiedad. El ejercicio aumenta naturalmente la serotonina y otros neurotransmisores, mejorando el estado de ánimo y la función cerebral.5. Enseñar la regulación del sistema nervioso
Los niños necesitan herramientos como la respiración profunda, técnicas de conexión a tierra, exposición a la naturaleza, yoga y prácticas de atención plena.6. Restaurar la comunidad y el juego no estructurado
Los niños tienen una necesidad fundamental de conexión auténtica y de pasar tiempo libre con sus compañeros. A través del juego, regulan de forma natural sus hormonas del estrés y desarrollan habilidades socioemocionales esenciales.Las amistades fuertes brindan una protección contra los problemas de salud mental, mientras que el tiempo pasado en la naturaleza ayuda a reparar los sistemas nerviosos abrumados por la estimación constante de la vida moderna.
7. Considere realizar pruebas funcionales cuando sea necesario
Si los síntomas persisten, se pueden realizar pruebas específicas para descubrir deficiencias de nutrientes, inflamación intestinal, sensibilidades alimentarias y desequilibrio hormonal.El resultado final
La ansiedad y la depresión no son simplemente problemas cerebrales. Son afecciones que afectan a todo el cuerpo y a todo el entorno.Los mejores resultados se obtienen cuando estabilizamos el sistema nervioso, reducimos la sobrecarga, mejoramos el sueño y la nutrición, restablecemos la conexión y el juego y abordamos las causas fundamentales, no solo los síntomas.
Los niños no están rotos: están respondiendo a un mundo que se ha vuelto hostil para su desarrollo.
Cuando realineamos el entorno con lo que los niños están inherentemente programados para soportar, se produce la curación.
Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no necesariamente reflejan las de The Epoch Times.















